sábado, 6 de abril de 2013

Capítulo 54

Luego no se que pasó, perdí la consciencia y la verdad es que no recuerdo nada más.
Después supe que el avión se partió en varias piezas unos segundos más tarde a cuando bajé. Esas fueron las causas por las que estoy aquí; ciega. Abro mis ojos y no logro ver nada.

Londres
Harry llegó a la mansión junto a sus cuatro amigos, e instintivamente volvió hacia el lugar del sillón en el que Elisa siempre lo esperaba. Ella no estaba allí. Estaba seguro de que lo odiaba, sobre todo debía estar muy decepcionada con él, y tenía razón para estarlo. Después de todo, había sido él el que se iría por tres años.

Devuelta con Elisa:
Después del largo recuerdo, seguíamos viajando con mi abuela y mi madre.
Ya no me vale llorar, ni siquiera me quedan lágrimas para hacerlo. Es como si hubiese envejecido desde el interior hacia el exterior. Es como si nada ya importara.
Mamá: Hija, no se lo que haya pasado en Londres que hizo que decidas volver a Madrid en situaciones como estas, pero quiero que sepas que a pesar de eso te apoyo y juntas haremos lo posible para que salgas adelante.
Yo: Gracias ma. Sé que suena muy cobarde pero Harry se estaba yendo por tres años y no soportaría vivir en esa casa llena de recuerdos, entonces decidí irme, pero bueno, luego ya sabes lo que pasó en el avión. Podría estar en el hospital más segura pero prefiero estar aquí volviendo a mi verdadera casa –dije algo triste-
Mamá:Si eso es lo que quieres está bien; solo debo decirte una cosa…
Yo: ¿Qué mamá? –pregunté-
Mamá:Él se ha enterado de todo lo que acabas de decir –suspiró y prosiguió- Louis le dijo que estabas mal y fue a buscarte, apenas llegó pude ver el amor en sus ojos y, para decir verdad, me parece que sufrió tanto como yo…o aún más, cuando el doctor anunció que estabas ciega.
Yo: ¿Estás hablando en serio? –le pregunté perpleja, ella asintió con la cabeza- Mierda, ahora no se irá, se quedará por si vuelvo. Lo conozco.
Mamá:¿Seguro que no quieres volver? –musitó dudosa-
Yo: Sí mamá, es una decisión tomada.
Miré hacia la ventanilla. Eso no era ni un poquito bueno, era terrible. Harry haría todo lo posible para encontrarme, para localizar donde me encontraba y no pararía hasta lograrlo.
Fue entonces cuando llegamos. ¡ Madrid! Mi querida ciudad, ¿cómo la había olvidado? Todos los acontecimientos en Londres habían apartado mis pensamientos de mi casa, mi ciudad natal. Volvería a ver a mi padre, mi hermana, mis mascotas, y el resto de mi familia.
Entonces decidí que todo volvería a empezar, porque como a veces dicen…todo vuelve.


El resto de la semana me dediqué a pasar tiempo con ellos, a reencontrarme con mis seres queridos. Y en momentos como este es cuando te das cuenta de quienes son los que en realidad te quieren.
Los primeros días era difícil porque me golpeaba contra algunas cosas, pero luego Edward (mi perro) y yo, nos comenzamos a entender; él era el mejor guía para ciegos del mundo, o al menos para mi.
Ideé un plan. Comencé a estudiar lectura y escritura en una escuela especial. Praticaba con un montón de chicos y chicas que padecían la misma dificultad que yo. Lentamente me fui acostumbrando.
Cada noche lloraba menos, aunque ciertamente pensaba en él todo el día. Me deshice de mi teléfono, para no recibir sus llamadas.
A pesar de que era consciente de que el tiempo transcurría; para mí, el tiempo pasaba demasiado lento. Los días se volvían rutina y nada que los hiciera interesantes ocurría. Ya hasta me había acostumbrado al dolor.
Pero después de casi un mes sentí la necesidad de enterarme de si él estaba bien.
Entonces le pedí a Edward que me llevara a un teléfono público.

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