sábado, 6 de abril de 2013

Capítulo 53

El pasillo de pronto se llenó de un completo silencio. No hubiera nada que pudiera hacerlos sentir mejor, porque era lo peor que habían escuchado en sus vidas.
Más allá de eso, él no pensó en él, pensó en ella; en como se debía estar sintiendo. Conociéndola probablemente por su cabeza estaban navegando un montón de locuras, locuras que solo harían empeorar las cosas; porque ella nunca había sido buena con las decisiones, aunque claramente, él tampoco.
Se dio la vuelta y notó que ni la madre de ella ni la abuela estaban. Sabía que no tenía permitido ir a su habitación, pero no le importó. Se lanzó a correr a lo largo del pasillo, hasta llegar a su habitación. Abrió la puerta suavemente, sin saber con lo que se podía encontrar. Cerró los ojos y suspiró, pero cuando los abrió, fue otra vez tarde.
Ella se había ido, la cama estaba vacía, había renunciado a darle la oportunidad de explicarle las cosas; de darse cuenta de que había decidido quedarse.
No pudo mantenerse de pie y se dejó caer sobre el suelo. Maldiciéndose sucesivamente, por haber dejado ir a lo único con lo que no podía vivir.

Narra Elisa:
Edward, el perro labrador que él me había regalado, estaba conmigo y me guiaba paso a paso al igual que mi madre y mi abuela. Estaba en el viaje, nuevamente en dirección a Madrid. No recordaba nada, no sabía el por qué de haber despertado así en la camilla del hospital. Me forzaba por hacerlo, pero nada venía a mi cabeza, y sobre todas las cosas…quería dejar de pensar en su perfecto rostro. Dudé en ir a buscarlo, pero no estaba dispuesta a que vuelva porque yo estaba ciega; quizás hasta ni me creía.
Entonces lo recordé todo…

*Flash Back*
Nos adentramos en una nube muy oscura. De pronto un temblor se hizo presente en la alfombra del avión, mis pies no dejaban de moverse y los latidos se me salían del pecho.
–¿Qué esta ocurriendo? –le pregunté a mi acompañante-
–Espero que solo sea un temblor –dijo amarrándose fuerte al asiento-
–Les pedimos a los pasajeros que se tranquilicen. No entren en pánico. Nos estamos enfrentando a unos problemas en un ala –dijo la azafata visiblemente nerviosa-
Todo se movía, y sinceramente no tenía buenos presentimientos. Algo muy malo podría llegar a pasar. Mire por la ventana y el avión iba en picado, ¡directamente al suelo!
–¡Ayuda! Nos vamos a estrellar –grité desesperada-
–Tranquilícese y quédese sentada –la azafata me miro amenazante-
–¿Cómo quiere que me tranquilice si vamos a morir? –grité aún más alterada-
Fue entonces cuando el avión casi se da completamente la vuelta, el ala se había partido en dos mitades. Todo estaba oscuro y la gente gritaba. El fuego comenzaba a apoderarse del avión.
La fuerza de aceleración hizo que los asientos se rompieran y que estos aplastaran violentamente a algunos pasajeros contra la parte delantera del avión. Pude ver como lentamente dejaban de respirar. Ya no encontraba a mi perro Edward.
Entonces pensé en Harry, recordé lo mucho que le había dolido perder a su padre, y me dispuse a hacer todo lo necesario para no irme de este mundo.
Las paredes temblaban tanto como si fueran a salir volando y los gritos terroríficos de niños resonaban fuertemente.
Estábamos a punto de tocar el suelo. Las llamas quemaban a muchas personas y ya casi se incendiaba todo el lugar. Sería mucha gente la que hoy moriría.
Teníamos muy poco tiempo, faltaban pocos segundos para que el gas y el humo de ahí dentro nos consumieran. Cuando el avión hizo el aterrizaje de emergencia, la azafata que seguía con vida, nos dirigió hacia una puerta trasera. Para entonces el gas ya había entrado en mis ojos.
*Fin del Flash Back*

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