martes, 9 de abril de 2013

Capítulo 61


Mientras en la habitación de sus padres;
Esther: Amor, necesito preguntarte algo –pronunció moviendo sus dedos entre las manos-
Mario: Lo que quieras cielo –le sonrío-
Esther: Bueno, ¿recuerdas a Harry, el chico con el que Elisa salía en Londres?
Mario: Claro, ¿cómo olvidarlo?
Elisa: Me ha llamado hace un tiempo…pidiéndome que le deje ver a nuestra hija, que le diga dónde está –contó algo triste-
Mario: ¿Y tu qué le dijiste? –musitó algo contrariado, sorprendido-
Esther: Fue hace más de un año. Sin querer yo le confesé a Niall, su amigo, que estábamos en Madrid y vinieron a buscarla –miró avergonzada al suelo, tal como lo hacía su hija cuando había cometido una travesura-
Mario: ¡¿Qué hiciste que?! Querida, nuestra hija nos dijo que quería olvidarse de él. Harry no debería saber que ella está en esta ciudad –dijo desconcertado-
Esther: Lo sé, y puede ser que me haya equivocado…pero es tan solo que…
Se quedó inmóvil. Perdida en sus pensamientos.
Mario: Hermosa, ¿qué piensas? –trató de descifrar a su mujer-
Esther: Tendrías que haber visto como él la miraba. Jamás había notado tanta pasión. Y sé que Elisa aún no lo olvida, la conozco demasiado, a mi no me puede mentir. Mi amor, necesito que me des tu aprobación para darle a Harry la dirección de casa, para que la vuelva a ver…
Mario:¡¿Estás completamente loca?! Elisa te decapitaría si llegaras a hacer eso –la observó con los ojos bien abiertos, como si hubiese dicho la paranoia más grande-
Esther: Mira, quizás en un principio me odie, pero sé muy bien que luego me lo agradecerá para toda su vida... Amor, ella lo ama, está enamorada –sentenció convincente-
Mario: ¿Cómo dices eso? Es apenas una niña, no sabe de amor, no digas tonterías.
Esther: No es una niña, corazón. En dos semanas cumplirá dieciocho años. Estoy al tanto de que para ti puede haber sido muy difícil dejarla ir a Londres aquella vez, para mi también lo fue. Pero todos estos años nos hemos esforzado para que ella crezca de la mejor manera, y hubo un momento en el que pasó: se enamoró de ese muchacho. Segurísima estoy de eso, si solo hubiese sido un “flechazo de adolescentes” ya lo hubiera olvidado…pero hace más de dos años que no lo ve, y aún lo ama, al igual que él a ella. Está lista para ser feliz, y sin él no lo es.
El señor se dedicó a pensarlo unos minutos. Su mujer tenía razón.
Ella había sido su “bebé” desde siempre, y a pesar de lo complicado que podía ser, debía dejarla ir.
Mario: Tienes razón, si mi hijita es feliz, yo también lo soy…supongo que deberías decirle a Harry –se rindió-
Esther: ¡Yupi! Esto será como en las películas de amor –suspiró- Pero tengo una idea mejor…
Mario: ¿Cuál? –frunció el ceño-
Esther: Le diré a él que vay
a al baile de graduación. ¡Será tan romántico! Recuerdo cuando me confesaste tu amor en el baile… -se le cayeron unas lágrimas-
El amor entre ellos dos había sido casi tan irreal y fascinante como el de Elisa y Harry. Y ella sabía el sufrimiento que era estar lejos de la persona que uno ama, porque lo había vivido en carne propia.
Así que decidió tener compasión por ellos, sobre todo por el pobre de Harry que la había buscado por agua y tierra, lo llamó.

Harry estaba sentado en esa cómoda cama del hotel. Navegando en un río de pensamientos, con la esperanza de que un milagro ocurriera.
Harry: Pero soy un idiota Styles, eres un idiota, esto no es una novela. No va llamar Dios y decirte dónde está Elisa –pensó en voz alta cuando sonó su teléfono-
Harry:¿Diga? –preguntó sin ánimos-
Esther:Harry soy Esther, voy a decirte dónde está Elisa–pronunció, y este casi se cae desmayado-

Harry:¿Se…seño…señora Esther? Debo estar soñando…
Esther:No, hijo, esto no es un sueño. ¿Quieres saberlo no? –insistió con aire maternal-
Harry:¡Claro!
Esther:Mañana por la noche, en el salón “Magic Night”, enfrente a una fuente enorme, allí la encontrarás. Ah, una cosa más, debes ir de traje.
Harry:¡Por dios! Muchas gracias, no puede imaginarse todo lo que se lo agradezco, me salvó la vida, de verdad –concluyó el chico al borde de las lágrimas-
Tanta espera no había sido en vano.
Esther:.Confío en ti Harry, sé que lo harás bien, todo saldrá perfecto.
Harry:Eso espero –suspiró-
*Fin de la llamada telefónica*
El muchacho por poco se muere de un infarto. La alegría que le vino al cuerpo fue de otro planeta, después de tantos meses sin verla, ahora sería de nuevo suya.

Narra Elisa:
Cuando llegué a casa fui a saludar a mis padres a su habitación, me extrañó que cuando entré se hubieran callado de esa manera. Mi madre parecía muy contenta.
Yo: ¿Sucede algo? –pregunté curiosa-
Esther: No, ¿cómo te fue en el salón? –cambió rápidamente de tema-
Yo: ¡Genial! –recordé entusiasmada- Me encontré con Olga y todo quedó fantástico, me hizo tan bien volver a ese lugar…
Mario: Me alegro mucho por ti hija. Esa noche será inolvidable –no supe por qué, pero le noté un doble sentido a sus últimas palabras-
Yo: ¿Inolvidable? ¿Por qué? –inquirí algo insegura-
Esther: Porque es la última noche en la que estarás con tus compañeros de curso, por eso
–aclaró perturbada-
Yo: Como digais –sonreí- Ahora me debo ir a dormir, porque si no mañana estaré muy cansada para la fiesta. Mamá, papá, os quiero, que durmais bien.
Salí trotando de su dormitorio. Algo, y no sabía qué, había sido extraño. Como si supieran algo que yo no, como si tuvieran una sorpresa, o algo escondido. “Cosas mías” me dije en mi interior mientras me acurrucaba entre las sabanas, y, en menos de diez minutos, me dormí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario