Bueno chicas, este es el fin. Quizás suene muy triste pero la verdad es que estoy llorando. Esta fue mi primera novela y terminarla hace que me de melancolía. Es que no sé…para mi fue muy especial. Nunca pensé que os iba a gustar, tampoco pensé que llegaría a quereros tanto. Siempre estuvisteis ahí para mí y la verdad es que no tengo palabras para expresaros lo mucho que os adoro. Esto me sirvió para darme cuenta de muchas cosas que antes no sabía, como que AMO escribir y es la cosa que más disfruto en el mundo. Quiero deciros gracias por permanecer conmigo, por vuestro apoyo, por vuestro amor y cariño, por todo en fin, os amo, vosotrass lo sabeis ya que siempre os lo digo. No habrá segunda temporada, sé que muchas de vosotras hubiesen deseado que haya pero preferí terminar esta historia de amor aquí. Os amo, y esto no es un adiós, es un hasta siempre porque si pensaron que os librarían de mí estais equivocadas, pues tengo otra novela en mente.No sé si será otra vez de Harry o de los otros chicos, ayudadme a decidir.
Bueno chicas, eso os queria decir, hermosas lectoras (:
Gracias por todo,
Eli.
domingo, 14 de abril de 2013
Capítulo 75
Último capítulo.
Tres meses transcurrieron en un abrir y cerrar de ojos. Cada día era mejor que el anterior. Especialmente aquel. Era el día de mi boda.
Cuando desperté Harry no estaba a mi lado, supuse que debía estar ayudando con todos los detalles y lo que estos implicaban para la boda. Mi madre besó mi mejilla y luego me envolvió entre sus brazos, que siempre me hacían sentir en mi hogar. Ella estaba emocionada y sabía bien por qué. Observar a un hijo crecer era complicado, pero dejarlo ir era aún más difícil.
Cuando terminé de vestirme, el peluquero se encargó de dejarme como una reina (según mi padre) y otras personas se encargaron de maquillarme y esas cosas de las que no entendía mucho.
La situación me llevaba a pensar: ¿Era esto lo que había imaginado para mi vida? No, la verdad era que jamás lo había considerado. Pero ahora que me tocaba vivirlo entendía que no importaba de que manera, sino con quién, y mi prometido era ese “quién”.
Al parecer yo no era la única que estaba nerviosa; no había forma de la que Niall pudiera dejar de comer, Zayn no paraba de llorar, Liam se encontraba el triple de servicial que siempre y Louis no musitaba ni una sola palabra.
En el transcurso de las últimas semanas, Harry y yo habíamos planeado acerca de nuestro futuro. Sobre lo que ocurriría después. Estaba completamente loco… ¡quería tener doce hijas! Al contrario, yo prefería tres hijos, dos niñas y un varón. Pero al final decidimos que con el paso del tiempo veríamos. Porque sería lindo que apostemos juntos. Y ahora había que disfrutar el presente.
Y allí estaba, caminando al altar en el mejor día de mi vida. Tan solo imaginarme a Harry ahí parado me emocionaba profundamente. ¿Qué había hecho yo para merecer todo eso? Tenía lo que quería y aún más. Cerca de él ni la gravedad existía, era él, solo él; siempre había sido él.
A la vez, otro sentimiento de felicidad recorría los extremos de mi cuerpo al saber que mi familia y mis amigos estaban allí acompañándome.
Por un segundo creí que me desmayaría. Pero entonces sentí la mano de Harry sobre la mía, la mayor parte de mi cuerpo sufrió un cosquilleo, el mismo de la primera vez.
El cura comenzó a hablar. Me hallaba tan nerviosa que no lograba entender ni una parte de las cosas que estaba diciendo. Lo único que podía hacer era sonreír.
Fue entonces cuando la vida otra vez me sorprendió, pasándome por arriba y demostrándome que nunca bastaba.
Jamás voy a poder describir lo que sentí en ese momento, las miles de ideas que pasaron por mi mente. Fue como si estuviera volando, como si existiese en una de esas películas donde todo es perfecto. Pero no; esto en realidad estaba sucediendo. No supe que decir, ni que hacer.
Cuando recuperé el aliento me di vuelta, sabiendo que era una locura. Quedé frente a él, el amor de mi vida.
Yo: Harry –dije causando que todos me observaran- Harry estás hermoso –susurré en medio de un sollozo-
¡Dios mío, estaba viendo otra vez! Ninguno de los presentes siquiera respiró ante la inesperada situación. Se miraron entre ellos, boquiabiertos, con los ojos como platos. Y de un segundo al otro, el lugar se halló repleto de llantos y abrazos.
Pero aún faltaba que alguien reaccionara. El muchacho que sostenía mi mano. Todos retornaron al silencio.
Harry frunció el ceño, dudando de algo semejante. Yo asentí con la cabeza, haciéndole entender que aquello era verdad. No pude evitar sonreír.
Harry: ¡Te dije que volverías a ver! –exclamó con un montón de lágrimas desrramándose sobre sus mejillas, mientras me elevaba sutilmente, quedando de puntillas a su altura-
Estaba tan perfecto. Sus rizos se encontraban extremadamente despeinados, aquel traje le quedaba increíble. Su mirada… aquellos ojos con los que tanto soñaba volver.
Yo: Te amo.
Y ahí fue cuando al fin lo comprendí: el amor es la prueba misma de que los milagros existen.
*5 años después*
Ya han pasado 5 años desde que recuperé la vista.Ahora Harry y yo estamos esperando una niña, Noah.
¿Y qué pasó con Niall, Nayi, Liam, Lucía, Zayn, Sarah, Louis y Rebeca?
Niall y Nayi acaban de tener un niño, Alex, es precioso.
Los gemelos de Zayn y Sarah, Lucas y Tom ya han cumplido 3 años.
Liam, Lucía, Louis y Rebeca se han ido los cuatro de luna de miel a Estados Unidos.
FIN
Tres meses transcurrieron en un abrir y cerrar de ojos. Cada día era mejor que el anterior. Especialmente aquel. Era el día de mi boda.
Cuando desperté Harry no estaba a mi lado, supuse que debía estar ayudando con todos los detalles y lo que estos implicaban para la boda. Mi madre besó mi mejilla y luego me envolvió entre sus brazos, que siempre me hacían sentir en mi hogar. Ella estaba emocionada y sabía bien por qué. Observar a un hijo crecer era complicado, pero dejarlo ir era aún más difícil.
Cuando terminé de vestirme, el peluquero se encargó de dejarme como una reina (según mi padre) y otras personas se encargaron de maquillarme y esas cosas de las que no entendía mucho.
La situación me llevaba a pensar: ¿Era esto lo que había imaginado para mi vida? No, la verdad era que jamás lo había considerado. Pero ahora que me tocaba vivirlo entendía que no importaba de que manera, sino con quién, y mi prometido era ese “quién”.
Al parecer yo no era la única que estaba nerviosa; no había forma de la que Niall pudiera dejar de comer, Zayn no paraba de llorar, Liam se encontraba el triple de servicial que siempre y Louis no musitaba ni una sola palabra.
En el transcurso de las últimas semanas, Harry y yo habíamos planeado acerca de nuestro futuro. Sobre lo que ocurriría después. Estaba completamente loco… ¡quería tener doce hijas! Al contrario, yo prefería tres hijos, dos niñas y un varón. Pero al final decidimos que con el paso del tiempo veríamos. Porque sería lindo que apostemos juntos. Y ahora había que disfrutar el presente.
Y allí estaba, caminando al altar en el mejor día de mi vida. Tan solo imaginarme a Harry ahí parado me emocionaba profundamente. ¿Qué había hecho yo para merecer todo eso? Tenía lo que quería y aún más. Cerca de él ni la gravedad existía, era él, solo él; siempre había sido él.
A la vez, otro sentimiento de felicidad recorría los extremos de mi cuerpo al saber que mi familia y mis amigos estaban allí acompañándome.
Por un segundo creí que me desmayaría. Pero entonces sentí la mano de Harry sobre la mía, la mayor parte de mi cuerpo sufrió un cosquilleo, el mismo de la primera vez.
El cura comenzó a hablar. Me hallaba tan nerviosa que no lograba entender ni una parte de las cosas que estaba diciendo. Lo único que podía hacer era sonreír.
Fue entonces cuando la vida otra vez me sorprendió, pasándome por arriba y demostrándome que nunca bastaba.
Jamás voy a poder describir lo que sentí en ese momento, las miles de ideas que pasaron por mi mente. Fue como si estuviera volando, como si existiese en una de esas películas donde todo es perfecto. Pero no; esto en realidad estaba sucediendo. No supe que decir, ni que hacer.
Cuando recuperé el aliento me di vuelta, sabiendo que era una locura. Quedé frente a él, el amor de mi vida.
Yo: Harry –dije causando que todos me observaran- Harry estás hermoso –susurré en medio de un sollozo-
¡Dios mío, estaba viendo otra vez! Ninguno de los presentes siquiera respiró ante la inesperada situación. Se miraron entre ellos, boquiabiertos, con los ojos como platos. Y de un segundo al otro, el lugar se halló repleto de llantos y abrazos.
Pero aún faltaba que alguien reaccionara. El muchacho que sostenía mi mano. Todos retornaron al silencio.
Harry frunció el ceño, dudando de algo semejante. Yo asentí con la cabeza, haciéndole entender que aquello era verdad. No pude evitar sonreír.
Harry: ¡Te dije que volverías a ver! –exclamó con un montón de lágrimas desrramándose sobre sus mejillas, mientras me elevaba sutilmente, quedando de puntillas a su altura-
Estaba tan perfecto. Sus rizos se encontraban extremadamente despeinados, aquel traje le quedaba increíble. Su mirada… aquellos ojos con los que tanto soñaba volver.
Yo: Te amo.
Y ahí fue cuando al fin lo comprendí: el amor es la prueba misma de que los milagros existen.
*5 años después*
Ya han pasado 5 años desde que recuperé la vista.Ahora Harry y yo estamos esperando una niña, Noah.
¿Y qué pasó con Niall, Nayi, Liam, Lucía, Zayn, Sarah, Louis y Rebeca?
Niall y Nayi acaban de tener un niño, Alex, es precioso.
Los gemelos de Zayn y Sarah, Lucas y Tom ya han cumplido 3 años.
Liam, Lucía, Louis y Rebeca se han ido los cuatro de luna de miel a Estados Unidos.
FIN
Fin.
LLEGA EL FINAL...
¡CHICAS! MAÑANA ES EL GRAN FINAL y teneis que ganároslo!
¡SI! ¡MAÑANA ES EL GRAN FINAL!, y sinceramente me pone triste, porque es mi primera novela terminada y agradezco mucho que os tomeis el tiempo de leerla y que os guste los capitulos y en fin... el GRAN FINAL para que sea publicado... tengo que tener al menos 1 comentario de cada lectora, y también al menos 10 MG en mi estado. No se permite un comentario de una persona que no la lee, porque no será contado.SI VEO QUE LO CONSEGUÍS, IGUAL LO SUBO HOY!Me encantaría subirlo ahora mismo, pero me tengo que asegurar de que la leeis.
Kisses, Eli (:
¡SI! ¡MAÑANA ES EL GRAN FINAL!, y sinceramente me pone triste, porque es mi primera novela terminada y agradezco mucho que os tomeis el tiempo de leerla y que os guste los capitulos y en fin... el GRAN FINAL para que sea publicado... tengo que tener al menos 1 comentario de cada lectora, y también al menos 10 MG en mi estado. No se permite un comentario de una persona que no la lee, porque no será contado.SI VEO QUE LO CONSEGUÍS, IGUAL LO SUBO HOY!Me encantaría subirlo ahora mismo, pero me tengo que asegurar de que la leeis.
Kisses, Eli (:
Capítulo 74
Desperté con una cálida mano sobre la cintura, estaba más cansada que habitualmente y sabía bien por qué. Intenté ignorar aquel terrible sentimiento de pena, pero era algo imposible. Había llegado a estar tan cerca de tenerlo todo; pero esta vez no había salido como lo planeaba.
Harry: Buenos días, cielo–susurró en mi oído-
Yo: El cielo…como extraño ver ese hermoso color celeste –musité-
Harry: No es necesario hablar de esto –dijo algo incómodo-
Yo: No te preocupes –sonreí- De verdad no me molesta.
Harry: Y… ¿el cielo es lo único que extrañas observar? –inquirió con un tono de voz muy gracioso-
Yo: Claro que no –continué- También el verde del pasto, las flores, el rostro de las personas caminando en la calle, la sonrisa de Niall, y nunca pensé decir esto pero también mi cara de extraterrestre al despertar.
Harry: ¿Algo más? –insistió-
Yo: Ah sí, la cara de Brad Pitt.
Harry: Oh –dijo con resignación-
Yo: ¡Estoy bromeando tonto! Obviamente que lo que más extraño son tus ojos, tu pelo, la manera única en la que me hacías sucumbir con una sola mirada. Harry…no tienes una idea de lo completa que me sentiría si la operación hubiese funcionado –suspiré en un hilo de voz- Pero parece que no hay opción, permaneceré ciega por el resto de mi vida –añadí-
Harry: No, no lo harás.
Yo: ¿Cómo lo sabes? –me sorprendía la seguridad con que lo decía-
Harry: Solo lo hago, confía en mí. Cambiando de tema…, los chicos no estarán en casa hoy.
Yo: ¿Y? –fruncí el ceño. Sabía a donde quería llegar con tal comentario-
Harry: Bueno… yo… estaba pensando… –respondió de forma atrevida-
Yo: ¡Harry! ¡Eres un pervertido! –exclamé divertida-
Nuestras risas resonaron en la habitación.
Harry: Solo fue una broma –dijo mientras se tranquilizaba- Quiero invitarte a un lugar que fue muy importante en nuestras vidas, hace tiempo que no vamos y pensé que era una buena idea. Aunque lo otro no estaría nada mal…
Yo: ¿A dónde iremos? –tuve que preguntar. La intriga me mataba-
Harry: ¡Sorpresa! –respondió con satisfacción- Ven, sígueme.
Entrelazó su mano junto a la mía para guiarme y bajamos las escaleras de dos en dos escalones. Parecía emocionado de volver a aquel sitio. Me preguntaba a donde me llevaría. Abrió la puerta principal y salí velozmente con él, todavía de la mano.
Yo: ¡Harry estoy en chanclas! Me duelen los pies de tanto correr.
Me alzó sobre sus brazos y siguió corriendo.
Harry: Si querías que te llevara solo bastaba con decírmelo –me gustaba tanto cuando hablaba de esa manera-
Yo: ¡No lo dije por eso! Siempre le encuentras doble sentido a las cosas –protesté entretenida-
Harry: Tú haces que todo tenga más sentido.
Yo: Debería llamarte “Hazza el romanticón” –reí después de unos segundos-
Harry: Y tu “Elisa la perfección” –concluyó victorioso-
Yo: Tierno.
Harry: Linda.
Yo: Hermoso –continué. Si esto seguía así, teníamos para rato-
Harry: Cariñosa.
Y así nos mantuvimos hasta que me bajó por la cintura y me colocó sobre el suelo.
Yo: Y bien, ¿llegamos?
Harry: Estamos frente a la puerta. Ven, ábrela tú.
Me limité a aproximarme hasta él y sostuvo mi mano hasta que encontré el picaporte y lo giré lentamente, provocando que la puerta se abriera. Dimos unos cuantos pasos más y no logré descubrir nada que me digiera en dónde estábamos.
Yo: Dame una pista –supliqué con mi mejor cara de cachorrito triste-
Harry: Bueno…, haber… es grande.
Yo: ¿Es grande? –repetí- ¿Con eso se supone que adivinaré?
Harry: Na na na.
Yo: Espera, ¡¿te refieres a…
Harry: La canción que te dije que te dediqué –interrumpió inquieto. Mi cuerpo tembló-
Yo: ¡Por dios Harry! Dime que estamos en el teatro donde todo empezó –no conseguía creerlo-
Nadie contestó.
Yo: Harry ¿dónde estás?
–We've got a bit of love/hate, you take me to the edge then you hit the breaks –lo escuché cantar. No me quedaría allí sin acompañarlo-
Yo: I say it's over one day, but then I'm calling back begging you to stay. We make up then we break up all the time...
Juntos: We're like na na na, then we're like yeah yeah yeah. Always like na na na. Then we're like yeah yeah yeah.
Aquello era tan mágico. El tan solo volver a subir a ese escenario me hacía reencontrarme con mis sentimientos más profundos. Recordar todo. Una lluvia de imágenes se adueñó de mi mente; porque ciertamente siempre me había preguntado cuál fue el momento exacto en el que Styles había robado mi corazón. Y ahora lo sabía. Lo recordaba allí, comiendo un sandwich y al verme se le caía. Esa era la respuesta. Lo había amado desde el primer instante en que lo vi.
Estuve toda la tarde cantando con Harry. Simplemente había algo extraño en nuestras voces, era como si estuvieran conectadas, como si hubieran nacido para estar juntas.
Ahora estábamos precisamente como habíamos empezado.
Cuando al fin terminamos, nos sentamos sobre el escenario, con los pies colgando.
Harry: Parece que fue ayer cuando todo empezó –dio un profundo suspiró-
Yo: Al comienzo me parecías un engreído y te odiaba. Odiaba lo bien que me hacías sentir. Odiaba no poder odiarte –le confesé-
Harry: Yo lo supe desde el primer segundo. Sabía que serías mía.
Yo: Estaba tan nerviosa… las piernas me tiritaban –sonreí- Gracias, de verdad. Por traerme aquí.
Harry: No es nada. ¿Volvemos?
Yo: Aún no –preferí- ¿Qué te parece si vamos al parque que queda en frente de aquí? –propuse-
Harry: Claro, pero no demasiado tiempo porque ya ha oscurecido.
Saludamos al guardia que se encargaba de cuidar los alrededores del lugar y cruzamos para llegar a la plaza. Acordándome por mi memoria era un enorme parque, lleno de preciosos árboles, y flores de todos los tamaños y formas. Pero lo más bonito era sin duda, la fuente.
Dimos unas vueltas por los senderos hasta encontrarnos con la fuente. Tenía un plan malévolo, o algo así.
Yo: ¡Harry me parece que hay un zombi! –grité lo primero que se me ocurrió-
Harry: ¿Dónde? –fue lo único que pudo contestar antes de que lo empujara y cayera sobre el agua de la fuente-
Salpicó tanto que mi ropa se empapó. Y entonces me agarró de las piernas y me tiró hacia él. Empezamos a reír como dos dementes mientras jugábamos a la guerra de agua.
Harry: ¡Adivina quienes llegaron! –dijo incrédulo-
–¡Fuera bomba! –gritó una voz familiar. Cuatro chapuzones se oyeron a nuestros lados. Eso contestaba mi pregunta: Zayn, Liam, Louis y Niall.
Yo: ¿Qué haceis aquí? –pregunté sorprendida-
Zayn: Estábamos dando un paseo y os vimos…
Liam: Chicos… ¿os parece bien que estemos los seis nadando en la fuente de un parque? –inquirió tan educado como siempre-
Louis: ¿A quién le importa? –prosiguió- Tomémoslo como un simple baño.
Harry: Esperad… –señaló pensativo- ¿Qué es eso amarillo?
–¡Niall! –gritamos todos a la misma vez mientras salíamos corriendo de allí dentro.
Zayn: ¿Cómo se te pasa por la cabeza hacer pis en una fuente? –preguntó aguantándose las ganas de reír-
Niall: Lo siento, es que no me dejasteis parar por el camino –justificó-
Estallamos a risas. Y ahora sí, todos mojados, embarrados y sucios regresamos a nuestro hogar.
Harry: Buenos días, cielo–susurró en mi oído-
Yo: El cielo…como extraño ver ese hermoso color celeste –musité-
Harry: No es necesario hablar de esto –dijo algo incómodo-
Yo: No te preocupes –sonreí- De verdad no me molesta.
Harry: Y… ¿el cielo es lo único que extrañas observar? –inquirió con un tono de voz muy gracioso-
Yo: Claro que no –continué- También el verde del pasto, las flores, el rostro de las personas caminando en la calle, la sonrisa de Niall, y nunca pensé decir esto pero también mi cara de extraterrestre al despertar.
Harry: ¿Algo más? –insistió-
Yo: Ah sí, la cara de Brad Pitt.
Harry: Oh –dijo con resignación-
Yo: ¡Estoy bromeando tonto! Obviamente que lo que más extraño son tus ojos, tu pelo, la manera única en la que me hacías sucumbir con una sola mirada. Harry…no tienes una idea de lo completa que me sentiría si la operación hubiese funcionado –suspiré en un hilo de voz- Pero parece que no hay opción, permaneceré ciega por el resto de mi vida –añadí-
Harry: No, no lo harás.
Yo: ¿Cómo lo sabes? –me sorprendía la seguridad con que lo decía-
Harry: Solo lo hago, confía en mí. Cambiando de tema…, los chicos no estarán en casa hoy.
Yo: ¿Y? –fruncí el ceño. Sabía a donde quería llegar con tal comentario-
Harry: Bueno… yo… estaba pensando… –respondió de forma atrevida-
Yo: ¡Harry! ¡Eres un pervertido! –exclamé divertida-
Nuestras risas resonaron en la habitación.
Harry: Solo fue una broma –dijo mientras se tranquilizaba- Quiero invitarte a un lugar que fue muy importante en nuestras vidas, hace tiempo que no vamos y pensé que era una buena idea. Aunque lo otro no estaría nada mal…
Yo: ¿A dónde iremos? –tuve que preguntar. La intriga me mataba-
Harry: ¡Sorpresa! –respondió con satisfacción- Ven, sígueme.
Entrelazó su mano junto a la mía para guiarme y bajamos las escaleras de dos en dos escalones. Parecía emocionado de volver a aquel sitio. Me preguntaba a donde me llevaría. Abrió la puerta principal y salí velozmente con él, todavía de la mano.
Yo: ¡Harry estoy en chanclas! Me duelen los pies de tanto correr.
Me alzó sobre sus brazos y siguió corriendo.
Harry: Si querías que te llevara solo bastaba con decírmelo –me gustaba tanto cuando hablaba de esa manera-
Yo: ¡No lo dije por eso! Siempre le encuentras doble sentido a las cosas –protesté entretenida-
Harry: Tú haces que todo tenga más sentido.
Yo: Debería llamarte “Hazza el romanticón” –reí después de unos segundos-
Harry: Y tu “Elisa la perfección” –concluyó victorioso-
Yo: Tierno.
Harry: Linda.
Yo: Hermoso –continué. Si esto seguía así, teníamos para rato-
Harry: Cariñosa.
Y así nos mantuvimos hasta que me bajó por la cintura y me colocó sobre el suelo.
Yo: Y bien, ¿llegamos?
Harry: Estamos frente a la puerta. Ven, ábrela tú.
Me limité a aproximarme hasta él y sostuvo mi mano hasta que encontré el picaporte y lo giré lentamente, provocando que la puerta se abriera. Dimos unos cuantos pasos más y no logré descubrir nada que me digiera en dónde estábamos.
Yo: Dame una pista –supliqué con mi mejor cara de cachorrito triste-
Harry: Bueno…, haber… es grande.
Yo: ¿Es grande? –repetí- ¿Con eso se supone que adivinaré?
Harry: Na na na.
Yo: Espera, ¡¿te refieres a…
Harry: La canción que te dije que te dediqué –interrumpió inquieto. Mi cuerpo tembló-
Yo: ¡Por dios Harry! Dime que estamos en el teatro donde todo empezó –no conseguía creerlo-
Nadie contestó.
Yo: Harry ¿dónde estás?
–We've got a bit of love/hate, you take me to the edge then you hit the breaks –lo escuché cantar. No me quedaría allí sin acompañarlo-
Yo: I say it's over one day, but then I'm calling back begging you to stay. We make up then we break up all the time...
Juntos: We're like na na na, then we're like yeah yeah yeah. Always like na na na. Then we're like yeah yeah yeah.
Aquello era tan mágico. El tan solo volver a subir a ese escenario me hacía reencontrarme con mis sentimientos más profundos. Recordar todo. Una lluvia de imágenes se adueñó de mi mente; porque ciertamente siempre me había preguntado cuál fue el momento exacto en el que Styles había robado mi corazón. Y ahora lo sabía. Lo recordaba allí, comiendo un sandwich y al verme se le caía. Esa era la respuesta. Lo había amado desde el primer instante en que lo vi.
Estuve toda la tarde cantando con Harry. Simplemente había algo extraño en nuestras voces, era como si estuvieran conectadas, como si hubieran nacido para estar juntas.
Ahora estábamos precisamente como habíamos empezado.
Cuando al fin terminamos, nos sentamos sobre el escenario, con los pies colgando.
Harry: Parece que fue ayer cuando todo empezó –dio un profundo suspiró-
Yo: Al comienzo me parecías un engreído y te odiaba. Odiaba lo bien que me hacías sentir. Odiaba no poder odiarte –le confesé-
Harry: Yo lo supe desde el primer segundo. Sabía que serías mía.
Yo: Estaba tan nerviosa… las piernas me tiritaban –sonreí- Gracias, de verdad. Por traerme aquí.
Harry: No es nada. ¿Volvemos?
Yo: Aún no –preferí- ¿Qué te parece si vamos al parque que queda en frente de aquí? –propuse-
Harry: Claro, pero no demasiado tiempo porque ya ha oscurecido.
Saludamos al guardia que se encargaba de cuidar los alrededores del lugar y cruzamos para llegar a la plaza. Acordándome por mi memoria era un enorme parque, lleno de preciosos árboles, y flores de todos los tamaños y formas. Pero lo más bonito era sin duda, la fuente.
Dimos unas vueltas por los senderos hasta encontrarnos con la fuente. Tenía un plan malévolo, o algo así.
Yo: ¡Harry me parece que hay un zombi! –grité lo primero que se me ocurrió-
Harry: ¿Dónde? –fue lo único que pudo contestar antes de que lo empujara y cayera sobre el agua de la fuente-
Salpicó tanto que mi ropa se empapó. Y entonces me agarró de las piernas y me tiró hacia él. Empezamos a reír como dos dementes mientras jugábamos a la guerra de agua.
Harry: ¡Adivina quienes llegaron! –dijo incrédulo-
–¡Fuera bomba! –gritó una voz familiar. Cuatro chapuzones se oyeron a nuestros lados. Eso contestaba mi pregunta: Zayn, Liam, Louis y Niall.
Yo: ¿Qué haceis aquí? –pregunté sorprendida-
Zayn: Estábamos dando un paseo y os vimos…
Liam: Chicos… ¿os parece bien que estemos los seis nadando en la fuente de un parque? –inquirió tan educado como siempre-
Louis: ¿A quién le importa? –prosiguió- Tomémoslo como un simple baño.
Harry: Esperad… –señaló pensativo- ¿Qué es eso amarillo?
–¡Niall! –gritamos todos a la misma vez mientras salíamos corriendo de allí dentro.
Zayn: ¿Cómo se te pasa por la cabeza hacer pis en una fuente? –preguntó aguantándose las ganas de reír-
Niall: Lo siento, es que no me dejasteis parar por el camino –justificó-
Estallamos a risas. Y ahora sí, todos mojados, embarrados y sucios regresamos a nuestro hogar.
sábado, 13 de abril de 2013
Capítulo 74
Instantáneamente mi expresión se transformó y me incliné sobre la camilla aún tomando su mano.
Harry: La verdad es más importante que los hechos –pronunció justo antes de besarme como nunca lo había hecho-
Él tenía razón; sabía que lo amaba y que jamás dejaría de hacerlo, y eso era lo único que en verdad importaba. Nos mantuvimos abrazandonos unos minutos pero entonces el doctor anunció que la operación debía comenzar. No había tiempo para dar más vueltas.
Mi prometido se acercó hacia mí y susurró:
–Elisa, quiero que sepas que nuestro amor es más grande que esto. No me interesa lo que pase hoy, porque a pesar de cualquier resultado nada cambiará; me seguirás volviendo loco de la misma manera en que lo haces cada vez que respiras. Seguiré siendo eternamente tuyo.
Yo: Te amo –curve mi labio formando una leve sonrisa-
Harry: Y yo a ti, bonita.
Todos abandonaron la habitación con excepción de Hyllard y sus enfermeras, quienes ya estaban preparados para empezar.
Mi corazón se echó a latir tan rápido que no lograba escuchar nada a mí alrededor. Entonces sentí dos fríos dedos sobre mi brazo y luego un doloroso pinchazo. Era la anestesia. De a poquito mis ojos comenzaron a cerrarse. Desde ese momento fue como si haya dejado de existir. No oía nada.
Luego por fin “desperté”. Tenía un impresionante ardor en las mejillas y un espeso dolor bajo los ojos. Intenté abrirlos para ver si había funcionado pero no lo pude lograr, mi rostro estaba completamente vendado.
Hyllard: Hola dormilona –dijo amablemente, parecía nervioso- ¿Cómo te sientes?
Yo: Me duele la cabeza –contesté sosteniéndola entre las manos-
Hyllard: Eso significa que todavía tienes que descansar.
Yo: ¡Pero no tengo sueño! –protesté haciendo un puchero-
Hyllard: Por favor _______(tn), necesito que sigas al pie de la letra mis indicaciones. Es imprescindible –insistió-
Asentí sin reclamar nada más, no tenía ganas de discutir. Regresé a la posición anterior y en menos de lo que imaginaba, me dormí. Tuve una horrible pesadilla. Estaba en un lugar completamente blanco donde me encontraba sobre aquella misma camilla, y cuando abría los ojos seguía ciega. Harry se iba para siempre. Desperté con la respiración agitada.
Harry: ¿Estás bien, amor? –se preocupó-
Yo: Sí…, solo fue una pesadilla –respondí tranquilizándome-
Hyllard: Luego se la cuentas –interrumpió impaciente- Ahora es el momento.
Yo: ¿Me quitaré estas vendas? –tragué saliva-
Hyllard: Así es. Tú solo tienes que decirnos si puedes ver –trató de animarme, pero a él también se lo notaba intranquilo-
Yo: ¿Y si sigo ciega? –inquirí nuevamente-
Hyllard: Es una de las posibilidades, pero pensemos en positivo.
(TM): ¿Estás lista, hija?
Yo: Sí, eso creo…
Hyllard: Muy bien –suspiró- Entonces hagámoslo. Tres…, dos…, uno y medio…, uno…, cero…
Paulatinamente fui desenvolviendo aquel vendaje que envolvía mi rostro, y cuando al fin lo obtuve comencé a abrir mis ojos detenidamente. ¿Volvería a ver? ¿Podría contemplar de nuevo a las personas que tanto amaba?
Hubiese sido perfecto poder decir que ya no estaba ciega, que después de largos años estaba viendo esa única y especial hermosura de Harry, sus rulos, sus ojos, su sonrisa…pero no. Distinguía exactamente lo mismo que siempre: oscuridad.
Mis ojos se llenaron de lágrimas y pegué un gritito de impotencia. Rápidamente me abrazaron. Y allí, durante todo el tiempo que duró el abrazo pude darme cuenta de algo: cuando lo único que queda es el amor, te darás cuenta por primera vez de que el amor es suficiente.
Harry: La verdad es más importante que los hechos –pronunció justo antes de besarme como nunca lo había hecho-
Él tenía razón; sabía que lo amaba y que jamás dejaría de hacerlo, y eso era lo único que en verdad importaba. Nos mantuvimos abrazandonos unos minutos pero entonces el doctor anunció que la operación debía comenzar. No había tiempo para dar más vueltas.
Mi prometido se acercó hacia mí y susurró:
–Elisa, quiero que sepas que nuestro amor es más grande que esto. No me interesa lo que pase hoy, porque a pesar de cualquier resultado nada cambiará; me seguirás volviendo loco de la misma manera en que lo haces cada vez que respiras. Seguiré siendo eternamente tuyo.
Yo: Te amo –curve mi labio formando una leve sonrisa-
Harry: Y yo a ti, bonita.
Todos abandonaron la habitación con excepción de Hyllard y sus enfermeras, quienes ya estaban preparados para empezar.
Mi corazón se echó a latir tan rápido que no lograba escuchar nada a mí alrededor. Entonces sentí dos fríos dedos sobre mi brazo y luego un doloroso pinchazo. Era la anestesia. De a poquito mis ojos comenzaron a cerrarse. Desde ese momento fue como si haya dejado de existir. No oía nada.
Luego por fin “desperté”. Tenía un impresionante ardor en las mejillas y un espeso dolor bajo los ojos. Intenté abrirlos para ver si había funcionado pero no lo pude lograr, mi rostro estaba completamente vendado.
Hyllard: Hola dormilona –dijo amablemente, parecía nervioso- ¿Cómo te sientes?
Yo: Me duele la cabeza –contesté sosteniéndola entre las manos-
Hyllard: Eso significa que todavía tienes que descansar.
Yo: ¡Pero no tengo sueño! –protesté haciendo un puchero-
Hyllard: Por favor _______(tn), necesito que sigas al pie de la letra mis indicaciones. Es imprescindible –insistió-
Asentí sin reclamar nada más, no tenía ganas de discutir. Regresé a la posición anterior y en menos de lo que imaginaba, me dormí. Tuve una horrible pesadilla. Estaba en un lugar completamente blanco donde me encontraba sobre aquella misma camilla, y cuando abría los ojos seguía ciega. Harry se iba para siempre. Desperté con la respiración agitada.
Harry: ¿Estás bien, amor? –se preocupó-
Yo: Sí…, solo fue una pesadilla –respondí tranquilizándome-
Hyllard: Luego se la cuentas –interrumpió impaciente- Ahora es el momento.
Yo: ¿Me quitaré estas vendas? –tragué saliva-
Hyllard: Así es. Tú solo tienes que decirnos si puedes ver –trató de animarme, pero a él también se lo notaba intranquilo-
Yo: ¿Y si sigo ciega? –inquirí nuevamente-
Hyllard: Es una de las posibilidades, pero pensemos en positivo.
(TM): ¿Estás lista, hija?
Yo: Sí, eso creo…
Hyllard: Muy bien –suspiró- Entonces hagámoslo. Tres…, dos…, uno y medio…, uno…, cero…
Paulatinamente fui desenvolviendo aquel vendaje que envolvía mi rostro, y cuando al fin lo obtuve comencé a abrir mis ojos detenidamente. ¿Volvería a ver? ¿Podría contemplar de nuevo a las personas que tanto amaba?
Hubiese sido perfecto poder decir que ya no estaba ciega, que después de largos años estaba viendo esa única y especial hermosura de Harry, sus rulos, sus ojos, su sonrisa…pero no. Distinguía exactamente lo mismo que siempre: oscuridad.
Mis ojos se llenaron de lágrimas y pegué un gritito de impotencia. Rápidamente me abrazaron. Y allí, durante todo el tiempo que duró el abrazo pude darme cuenta de algo: cuando lo único que queda es el amor, te darás cuenta por primera vez de que el amor es suficiente.
Capítulo 73
Veinticuatro horas se habían esfumado, acompañadas de dolor y remordimiento.
Lo había estado llamando y tratando de localizar durante todo el día, literalmente. Odiaba decirlo pero esta vez, como raramente sucedía, estaba arrepentida.
Los chicos también me ayudaban a buscarlo; pero no había forma, Harry no mostraba señales de vida.
Probablemente él se encontraba más dolido que yo. Nunca, en todo este tiempo que llevábamos juntos, lo había escuchado así; porque siendo sincera, solíamos discutir, pero no de esa manera. Y como si fuera poco, aquel era el día de mi operación. Después de todo lo que los dos anhelábamos que volviera a ver…, no me creía capaz de someterme a una cosa de esa magnitud sin su presencia.
Hubiese querido decir que esta situación no era distinta, que tenía la intuición de que volvería. Pero no era verdad.
Me levanté resignada de la cama, llevaba horas intentando dormir sin ningún resultado. Liam, Zayn, Niall, Louis y mis familiares esperaban en el jardín de la mansión.
Les regalé mi mejor sonrisa –dentro de lo posible– y me acerqué a ellos.
Esther: ¿Cómo estás hoy, cariño? –inquirió cariñosamente mi madre-
Yo: Bien…, creo –musité lanzando un leve suspiro-
Louis: No te preocupes, regresará –me abrazó-
Zayn: Harry no se perdería una cosa así por nada en el mundo –agregó seguro- Vamos, la operación es en un par de horas.
Mario: ¿Estás lista?
Yo: Sí, vamos.
Subimos a la gran camioneta y esta emprendió viaje.
Juntos trataban de distraerme, pero parecían aún más nerviosos que yo. Y en ese momento, llegaron mis dudas. ¿Qué pasaba si salía mal? No tenía idea de lo que pudiera suceder. ¿Acaso perdería mis ojos? Se lo fui a preguntar a mi madre, pero de un segundo al otro el vehículo se detuvo llevándose con el viento mi pregunta.
Entré a través de las puertas de aquel hospital otra vez. Ya me estaba acostumbrando a ir, y eso no me gustaba.
Nos sentamos en los mismos lugares que dos días atrás y aguardamos la llamada del doctor Hyllard.
Teníamos casi prohibido hablar, por lo que podíamos oír llantos y gritos de impotencia proviniendo desde el interior de varias habitaciones.
Entonces agradecí que no me hallara en ninguna de esas horrorosas situaciones y me di cuenta de la suerte que había tenido al sobrevivir al accidente en el avión hacia ya unos años.
El doctor al fin pronunció mi nombre, me aproximé a él y anunció que ya era hora. Desde ese instante en adelante las cosas se pusieron complicadas.
Mi corazón latía a la velocidad de la luz. Estaba acostada sobre la camilla de una habitación, sin tener ni la mínima idea de lo que pudiese llegar a pasar luego. Sabía que me encontraba en algo sumamente peligroso.
Todos los chicos me desearon suerte, pero nada era lo mismo sin él.
Respiré una bocanada de aire y no pude evitar el llanto. Lágrimas cayeron desde mis mejillas hacia el suelo. Me sentía débil.
Pero por esas cosas de la vida que nunca lograré comprender, su mano tomó la mía.
Lo había estado llamando y tratando de localizar durante todo el día, literalmente. Odiaba decirlo pero esta vez, como raramente sucedía, estaba arrepentida.
Los chicos también me ayudaban a buscarlo; pero no había forma, Harry no mostraba señales de vida.
Probablemente él se encontraba más dolido que yo. Nunca, en todo este tiempo que llevábamos juntos, lo había escuchado así; porque siendo sincera, solíamos discutir, pero no de esa manera. Y como si fuera poco, aquel era el día de mi operación. Después de todo lo que los dos anhelábamos que volviera a ver…, no me creía capaz de someterme a una cosa de esa magnitud sin su presencia.
Hubiese querido decir que esta situación no era distinta, que tenía la intuición de que volvería. Pero no era verdad.
Me levanté resignada de la cama, llevaba horas intentando dormir sin ningún resultado. Liam, Zayn, Niall, Louis y mis familiares esperaban en el jardín de la mansión.
Les regalé mi mejor sonrisa –dentro de lo posible– y me acerqué a ellos.
Esther: ¿Cómo estás hoy, cariño? –inquirió cariñosamente mi madre-
Yo: Bien…, creo –musité lanzando un leve suspiro-
Louis: No te preocupes, regresará –me abrazó-
Zayn: Harry no se perdería una cosa así por nada en el mundo –agregó seguro- Vamos, la operación es en un par de horas.
Mario: ¿Estás lista?
Yo: Sí, vamos.
Subimos a la gran camioneta y esta emprendió viaje.
Juntos trataban de distraerme, pero parecían aún más nerviosos que yo. Y en ese momento, llegaron mis dudas. ¿Qué pasaba si salía mal? No tenía idea de lo que pudiera suceder. ¿Acaso perdería mis ojos? Se lo fui a preguntar a mi madre, pero de un segundo al otro el vehículo se detuvo llevándose con el viento mi pregunta.
Entré a través de las puertas de aquel hospital otra vez. Ya me estaba acostumbrando a ir, y eso no me gustaba.
Nos sentamos en los mismos lugares que dos días atrás y aguardamos la llamada del doctor Hyllard.
Teníamos casi prohibido hablar, por lo que podíamos oír llantos y gritos de impotencia proviniendo desde el interior de varias habitaciones.
Entonces agradecí que no me hallara en ninguna de esas horrorosas situaciones y me di cuenta de la suerte que había tenido al sobrevivir al accidente en el avión hacia ya unos años.
El doctor al fin pronunció mi nombre, me aproximé a él y anunció que ya era hora. Desde ese instante en adelante las cosas se pusieron complicadas.
Mi corazón latía a la velocidad de la luz. Estaba acostada sobre la camilla de una habitación, sin tener ni la mínima idea de lo que pudiese llegar a pasar luego. Sabía que me encontraba en algo sumamente peligroso.
Todos los chicos me desearon suerte, pero nada era lo mismo sin él.
Respiré una bocanada de aire y no pude evitar el llanto. Lágrimas cayeron desde mis mejillas hacia el suelo. Me sentía débil.
Pero por esas cosas de la vida que nunca lograré comprender, su mano tomó la mía.
Capítulo 72
Inmediatamente salté del colchón, me acerqué a donde Harry se hallaba pero este se apartó.
Yo: Mi amor, escucha…, puedo explicarlo –intenté que se tranquilizara-
Harry: ¿Explicar qué? ¿Qué estabas a punto de tener sexo con mi amigo? –gritó alterado-
Yo: ¡Eso no es cierto! –reclamé-
Harry: No, claro que no –movió sus brazos irónicamente- ¡No soy idiota Elisa!
Yo: ¿Por qué no me escuchas? –inquirí-
Harry: Creí que eras diferente, al parecer todo este tiempo estuve equivocado.
Yo: ¡No lo hice a propósito! Pensé que tú eras él y solamente lo besé. Harry comprende que no puedo ver, simplemente fue una confusión –objeté-
Harry: ¿Te confundiste? –rió con sarcasmo-
Mientras discutíamos nos habíamos ido hasta el comedor. Era difícil, o mejor dicho, imposible que pudiéramos dejar de pelear. Es que la verdad era que así funcionábamos. Si uno de nosotros, cualquiera, estaba en desacuerdo con algo, lo decía sin pelos en la lengua.
Yo: Sí, me confundí. No entiendo por qué no me crees.
Harry: Vamos Elisa, los dos sabemos muy bien que siempre me reconoces aunque no tengas vista –continuó- No me digas que miento, ya que en tu baile de graduación solo fue necesario que mi mano tocara tu piel para que me reconocieras.
Yo: Lo sé; sí, me di cuenta de que él no eras tú, pero lo hice en el momento en que lo besaba –le expliqué-
Harry: ¡No puede ser que aún mantengas esa estúpida escusa! Madura de una vez –levantó el tono de su voz-
Yo: ¿Madurar? ¿Yo? –reí- Tienes razón, ¡quizás nunca debí haber regresado ! –esas palabras salieron de mi boca sin permiso; debí haber pensado antes de soltarlo-
Harry: Si eso es lo que quieres… ¡pues vete! –dijo en un sollozo, y su voz se quebró-
Yo: ¿Por qué no te vas tú?
No había manera. Esto acabaría mal. Y los dos sabíamos que nos arrepentiríamos. Eso era lo malo de formar parte de una relación donde las dos personas eran insoportablemente orgullosas.
Harry: Lo haré, me largo de aquí.
El muchacho tomó su chaqueta y desapareció acompañado de un fuerte portazo. Caí rendida al suelo y comencé a llorar. Enseguida sentí una mano sobre mi hombro.
–Descuida, ya se le pasará –musitó la voz consoladora de Niall.
No pude decir nada. Lo abracé y permanecí llorando sobre su pecho. ¿Qué acababa de hacer? Lo había arruinado; justo ahora que tenía la operación adelante.
Quería dejar todo, encerrarme en un oscuro lugar y si era necesario terminar con mi triste vida. ¿Pero qué lograría con eso? Absolutamente nada.
Pero luego recordé lo que alguna vez mi madre había dicho: Todo estará bien al final. Si no está bien, entonces no es el final.
Y aquel, definitivamente no era el final. Elisa Hernando nunca se rendía sin antes pelear.
Yo: Mi amor, escucha…, puedo explicarlo –intenté que se tranquilizara-
Harry: ¿Explicar qué? ¿Qué estabas a punto de tener sexo con mi amigo? –gritó alterado-
Yo: ¡Eso no es cierto! –reclamé-
Harry: No, claro que no –movió sus brazos irónicamente- ¡No soy idiota Elisa!
Yo: ¿Por qué no me escuchas? –inquirí-
Harry: Creí que eras diferente, al parecer todo este tiempo estuve equivocado.
Yo: ¡No lo hice a propósito! Pensé que tú eras él y solamente lo besé. Harry comprende que no puedo ver, simplemente fue una confusión –objeté-
Harry: ¿Te confundiste? –rió con sarcasmo-
Mientras discutíamos nos habíamos ido hasta el comedor. Era difícil, o mejor dicho, imposible que pudiéramos dejar de pelear. Es que la verdad era que así funcionábamos. Si uno de nosotros, cualquiera, estaba en desacuerdo con algo, lo decía sin pelos en la lengua.
Yo: Sí, me confundí. No entiendo por qué no me crees.
Harry: Vamos Elisa, los dos sabemos muy bien que siempre me reconoces aunque no tengas vista –continuó- No me digas que miento, ya que en tu baile de graduación solo fue necesario que mi mano tocara tu piel para que me reconocieras.
Yo: Lo sé; sí, me di cuenta de que él no eras tú, pero lo hice en el momento en que lo besaba –le expliqué-
Harry: ¡No puede ser que aún mantengas esa estúpida escusa! Madura de una vez –levantó el tono de su voz-
Yo: ¿Madurar? ¿Yo? –reí- Tienes razón, ¡quizás nunca debí haber regresado ! –esas palabras salieron de mi boca sin permiso; debí haber pensado antes de soltarlo-
Harry: Si eso es lo que quieres… ¡pues vete! –dijo en un sollozo, y su voz se quebró-
Yo: ¿Por qué no te vas tú?
No había manera. Esto acabaría mal. Y los dos sabíamos que nos arrepentiríamos. Eso era lo malo de formar parte de una relación donde las dos personas eran insoportablemente orgullosas.
Harry: Lo haré, me largo de aquí.
El muchacho tomó su chaqueta y desapareció acompañado de un fuerte portazo. Caí rendida al suelo y comencé a llorar. Enseguida sentí una mano sobre mi hombro.
–Descuida, ya se le pasará –musitó la voz consoladora de Niall.
No pude decir nada. Lo abracé y permanecí llorando sobre su pecho. ¿Qué acababa de hacer? Lo había arruinado; justo ahora que tenía la operación adelante.
Quería dejar todo, encerrarme en un oscuro lugar y si era necesario terminar con mi triste vida. ¿Pero qué lograría con eso? Absolutamente nada.
Pero luego recordé lo que alguna vez mi madre había dicho: Todo estará bien al final. Si no está bien, entonces no es el final.
Y aquel, definitivamente no era el final. Elisa Hernando nunca se rendía sin antes pelear.
Capítulo 71
Aquella fría y oscura noche, bajo las luces de un elegante restaurante en Londres, los chicos invitaron a tres amigos a cenar con nosotros.
Edwin, Frederick y Peter eran sus respectivos nombres. Por el rato que llevábamos juntos, pude darme cuenta de que eran personas encantadoras.
En un momento pensé que no quería seguir siendo eternamente la única chica entre varios hombres, debía buscarme alguna amiga. Aunque a decir verdad, sí tenía una amiga, Sarah.
Hacía un par de días que no la veía, pero pronto lo haría, porque Zayn y ella seguían en pareja. Al parecer la cosa iba muy enserio.
Volviendo a donde estábamos; apenas llegamos la camarera se acercó a nuestra mesa. Después de varias discusiones, todos terminamos pidiendo lo mismo: pizza.
Según Harry, aquel era el mejor sitio para deleitarse con una gran cena, y estaba en lo cierto. En mi vida había comido unas pizzas tan ricas como esas.
No tenían muchos condimentos ni pocos, simplemente eran perfectas.
Después de acabar con la comida, Niall nos invitó al casino.
Acepté su oferta sin decir nada, porque, acababa de cumplir dieciocho, por lo tanto era mayor de edad y moría por conocer uno de esos lugares; aunque sabía que como no podía ver, no jugaría.
De todos modos me divertí mucho escuchándolos quejarse y alegrarse cuando ganaban.
Louis ya estaba borracho, al igual que Zayn y Edwin; por lo que preferimos regresar a la mansión antes de que comenzaran a cometer cualquier locura.
Liam encendió las luces del salón y nos sentamos a hablar un largo rato.
Me era sumamente cómodo pasar tiempo con ellos, me hacían reír y hasta llorar con las ridiculeces que decían y la manera en que lo hacían.
Harry ya no tomaba alcohol. Lo había decidido cuando me pidió matrimonio a causa de que no quería embriagarse y hacer algo que pudiera arruinar nuestra relación. Confiaba infinitamente en él, siempre cumplía con sus promesas.
La lluvia se adueñó de la ciudad. Y cada vez era más fuerte. Por lo que Frederick, Peter y Edwin accedieron a quedarse la noche allí.
A altas horas de la madrugada nos fuimos a preparar para dormir. Ellos se quedarían en la habitación de huéspedes.
Luego de salir del baño, entré a la habitación de Harry y la mía. Lo escuché moverse sobre el colchón, ya se había acostado. Me acomodé a su lado y lo comencé a besar.
¡Maldición! Aquellos no eran los labios de mi prometido…, y debí haberlo sabido antes, porque cuando lo hice ya fue demasiado tarde. Harry abrió la puerta del cuarto y nos vio besándonos. ¡¿En qué lío me acababa de meter?!
Harry: ¡Elisa, Frederick! ¿Qué es esto? –exclamó exasperado, al borde de un ataque de ira-
Edwin, Frederick y Peter eran sus respectivos nombres. Por el rato que llevábamos juntos, pude darme cuenta de que eran personas encantadoras.
En un momento pensé que no quería seguir siendo eternamente la única chica entre varios hombres, debía buscarme alguna amiga. Aunque a decir verdad, sí tenía una amiga, Sarah.
Hacía un par de días que no la veía, pero pronto lo haría, porque Zayn y ella seguían en pareja. Al parecer la cosa iba muy enserio.
Volviendo a donde estábamos; apenas llegamos la camarera se acercó a nuestra mesa. Después de varias discusiones, todos terminamos pidiendo lo mismo: pizza.
Según Harry, aquel era el mejor sitio para deleitarse con una gran cena, y estaba en lo cierto. En mi vida había comido unas pizzas tan ricas como esas.
No tenían muchos condimentos ni pocos, simplemente eran perfectas.
Después de acabar con la comida, Niall nos invitó al casino.
Acepté su oferta sin decir nada, porque, acababa de cumplir dieciocho, por lo tanto era mayor de edad y moría por conocer uno de esos lugares; aunque sabía que como no podía ver, no jugaría.
De todos modos me divertí mucho escuchándolos quejarse y alegrarse cuando ganaban.
Louis ya estaba borracho, al igual que Zayn y Edwin; por lo que preferimos regresar a la mansión antes de que comenzaran a cometer cualquier locura.
Liam encendió las luces del salón y nos sentamos a hablar un largo rato.
Me era sumamente cómodo pasar tiempo con ellos, me hacían reír y hasta llorar con las ridiculeces que decían y la manera en que lo hacían.
Harry ya no tomaba alcohol. Lo había decidido cuando me pidió matrimonio a causa de que no quería embriagarse y hacer algo que pudiera arruinar nuestra relación. Confiaba infinitamente en él, siempre cumplía con sus promesas.
La lluvia se adueñó de la ciudad. Y cada vez era más fuerte. Por lo que Frederick, Peter y Edwin accedieron a quedarse la noche allí.
A altas horas de la madrugada nos fuimos a preparar para dormir. Ellos se quedarían en la habitación de huéspedes.
Luego de salir del baño, entré a la habitación de Harry y la mía. Lo escuché moverse sobre el colchón, ya se había acostado. Me acomodé a su lado y lo comencé a besar.
¡Maldición! Aquellos no eran los labios de mi prometido…, y debí haberlo sabido antes, porque cuando lo hice ya fue demasiado tarde. Harry abrió la puerta del cuarto y nos vio besándonos. ¡¿En qué lío me acababa de meter?!
Harry: ¡Elisa, Frederick! ¿Qué es esto? –exclamó exasperado, al borde de un ataque de ira-
Capítulo 70
Entramos al hospital. Ya había estado ahí antes, en aquel oscuro pasillo. Sentí que un sollozo llegaba directo a mi garganta y rápidamente inspiré aire. No debía llorar. No. Porque esta vez todo saldría bien.
Iba cogida de la palma de Harry. Sus manos suaves y cálidas me hacían sentir segura y a salvo.
Nos detuvimos repentinamente y el doctor Hyllard se asomó por la puerta.
Doctor: ¿Joven Styles? –el hombre abrió sus ojos como platos. Él asintió- ¡Valla sorpresa! Cuando hablé con usted el otro día no imaginé que había crecido tanto. Ya es todo un hombre –sonrió con aire nostálgico-
Harry: No creo que sea para tanto Robert –contestó en un tono de humor- Vine con mi novia. Si no es mucha molestia nos gustaría que la revise.
Doctor: Por supuesto. No le negaría nada a un Styles. Pasad; adelante –nos adentramos en aquella habitación, mientras los demás esperaban afuera- Tomad asiento.
Tan pronto como nos acomodamos en dos sillones de cuero empezamos a hablar sobre el tema, la posible operación, y sus riesgos.
Sabía que estaba en buenas manos. El señor Hyllard había atendido durante un largo tiempo a la familia Styles. Y había hecho todo lo que estuvo a su alcance para protegerlos.
Harry: ¿Algo…algo puede salir mal, Rob? –musitó tensando el momento-
Doctor: Me temo que sí –sentí una oleada de miedo recorrer mi espalda- Estas operaciones son muy delicadas; aquí en el hospital haremos lo que podamos. ¿Teneis dinero?
Harry: El necesario –pronunció. Estaba loco si creía que lo dejaría gastar un solo euro en mí-
Yo: Ni lo sueñes, Harry –levanté un dedo de forma amenazante-
Harry: Mi amor…, confía en mí. Nada es mucho cuando se trata de ti –acarició mi pómulo- Hazme el favor de permitirme encargarme de esto, ¿sí?.
¿Cómo decirle que no si me ponía esa voz tan dulce?Yo: Bueno –me rendí- Pero luego te devuelvo el dinero –advertí-
Harry: De acuerdo –añadió dudoso- Ahora me gustaría que salgas afuera. Quiero hablar a solas con el médico.
Yo: Bueno, pero no tardes. Sabes lo que me cuesta estar un segundo sin ti –suspiré-
Harry: No lo haré –besó mi nariz-
Salí directamente al pasillo. Los demás chicos y mi familia aguardaban sentados. Los oí levantarse velozmente y acercarse.
Esther: ¿Cómo ha salido todo? –preguntó exaltada-
Yo: Tranquila, todavía no hemos arreglado nada. Harry esta con Hyllard. Seguro que debe estar poniendo una fecha para la operación.
Ya eran las cinco y media de la tarde. El muchacho había permanecido allí por más de una hora. La puerta se abrió y dio paso a los dos hombres. Nos pusimos de pie.
Doctor: Muy bien, entonces los espero en dos días a la misma hora –sentenció-
Yo: Esta bien, deseo volver a ver.
Harry: Ojalá todo salga como planeamos –se dijo más para sí mismo que para el resto-Yo: Muchas gracias por su paciencia y comprensión, Robert –lo despedí con un abrazo-
Doctor: No es nada, no es nada –repitió. Aquel hombre tenía algo especial. Desde su forma de hablar hasta su personalidad. Ahora que lo conocía entendía porque la familia de mi prometido lo apreciaba tanto.
Esa noche los chicos invitaron a unos amigos a comer. Debí haber sabido que algo como lo que pasó podría ocurrir…-------------------------------------------------------------------------------------------------------------¿Quieres saber que fue lo que pasó? No te pierdas el próximo capítulo.
Iba cogida de la palma de Harry. Sus manos suaves y cálidas me hacían sentir segura y a salvo.
Nos detuvimos repentinamente y el doctor Hyllard se asomó por la puerta.
Doctor: ¿Joven Styles? –el hombre abrió sus ojos como platos. Él asintió- ¡Valla sorpresa! Cuando hablé con usted el otro día no imaginé que había crecido tanto. Ya es todo un hombre –sonrió con aire nostálgico-
Harry: No creo que sea para tanto Robert –contestó en un tono de humor- Vine con mi novia. Si no es mucha molestia nos gustaría que la revise.
Doctor: Por supuesto. No le negaría nada a un Styles. Pasad; adelante –nos adentramos en aquella habitación, mientras los demás esperaban afuera- Tomad asiento.
Tan pronto como nos acomodamos en dos sillones de cuero empezamos a hablar sobre el tema, la posible operación, y sus riesgos.
Sabía que estaba en buenas manos. El señor Hyllard había atendido durante un largo tiempo a la familia Styles. Y había hecho todo lo que estuvo a su alcance para protegerlos.
Harry: ¿Algo…algo puede salir mal, Rob? –musitó tensando el momento-
Doctor: Me temo que sí –sentí una oleada de miedo recorrer mi espalda- Estas operaciones son muy delicadas; aquí en el hospital haremos lo que podamos. ¿Teneis dinero?
Harry: El necesario –pronunció. Estaba loco si creía que lo dejaría gastar un solo euro en mí-
Yo: Ni lo sueñes, Harry –levanté un dedo de forma amenazante-
Harry: Mi amor…, confía en mí. Nada es mucho cuando se trata de ti –acarició mi pómulo- Hazme el favor de permitirme encargarme de esto, ¿sí?.
¿Cómo decirle que no si me ponía esa voz tan dulce?Yo: Bueno –me rendí- Pero luego te devuelvo el dinero –advertí-
Harry: De acuerdo –añadió dudoso- Ahora me gustaría que salgas afuera. Quiero hablar a solas con el médico.
Yo: Bueno, pero no tardes. Sabes lo que me cuesta estar un segundo sin ti –suspiré-
Harry: No lo haré –besó mi nariz-
Salí directamente al pasillo. Los demás chicos y mi familia aguardaban sentados. Los oí levantarse velozmente y acercarse.
Esther: ¿Cómo ha salido todo? –preguntó exaltada-
Yo: Tranquila, todavía no hemos arreglado nada. Harry esta con Hyllard. Seguro que debe estar poniendo una fecha para la operación.
Ya eran las cinco y media de la tarde. El muchacho había permanecido allí por más de una hora. La puerta se abrió y dio paso a los dos hombres. Nos pusimos de pie.
Doctor: Muy bien, entonces los espero en dos días a la misma hora –sentenció-
Yo: Esta bien, deseo volver a ver.
Harry: Ojalá todo salga como planeamos –se dijo más para sí mismo que para el resto-Yo: Muchas gracias por su paciencia y comprensión, Robert –lo despedí con un abrazo-
Doctor: No es nada, no es nada –repitió. Aquel hombre tenía algo especial. Desde su forma de hablar hasta su personalidad. Ahora que lo conocía entendía porque la familia de mi prometido lo apreciaba tanto.
Esa noche los chicos invitaron a unos amigos a comer. Debí haber sabido que algo como lo que pasó podría ocurrir…-------------------------------------------------------------------------------------------------------------¿Quieres saber que fue lo que pasó? No te pierdas el próximo capítulo.
Capítulo 69
Esa noche no logré dormir. En lo único en que podía pensar era en los maravillosos momentos que había vivido con él. En mi armario guardaba un montón de ropa especial: la que había usado para la audición, para nuestra primera cita en el parque, en aquella cena con Caroline, hasta la de nuestro primer beso.
Ya había amanecido hacía un buen rato; giré sobre mi cama una vez más. Alguien golpeó la puerta.
Escuché como esta se abría lentamente.
Harry: Mi amor, ¿puedo pasar? –inquirió algo dudoso-
Yo: Claro –sonreí y me senté en la cama-
Harry: Que manera de provocarme –susurró-
Yo: ¿Provocarte? ¿De qué estás hablando? –pregunté sin entender-
En eso sentí sus cálidos dedos recorrer mi pecho. Estaba en ropa interior.
Yo: Oh, lo siento –dije tapándome con la sabana-No fue mi intención tentarte –hice la mejor voz seductora que me salió-
Harry: Eres mala, muy mala –rió-
Me tomó por detrás de la nuca y comenzó a besarme. Nuestros cuerpos cayeron bruscamente sobre el colchón. Amaba besarlo así. Sus labios me transportaban a otro planeta. Y ni hablar de sus caricias. Él me conocía, lo hacía tan bien que supo que si en ese momento me quería a sus pies, debía decirme algunas de sus palabras. Y lo hizo.
Harry: Sabía que te amaba antes de besar tus labios, pero no sabía cuan grande son tus besos –se alejó de mi piel para mirarme a los ojos- Sabía que te amaba al ver tus ojos, pero no sabía cuanto me quemaba tu mirada –sonreí- Sabía que te amaba en mis pensamientos, pero no sabía que de tu amor estaba preso –ese chico siempre lograba hechizarme- Sabía que te amaba al sentir tus manos, pero no sabía que me estremecen tus caricias –junto la palma de su mano con la mía, sin dejar de mirarme fijamente- Sabía que te amaba al verte hermosa, pero no sabía que...
Yo: Te amo –dije interrumpiendo sus preciosas palabras. Me fue imposible no decírselo-
Harry: Sabía que te amaba al escuchar un “te amo”, pero no sabía que era tan dulce al escucharte. Ahora que sé cuanto te amo, no pienso dejarte ir –unió sus labios con los míos para darme un tierno beso-
Yo: ¡No es justo! –me quejé rompiendo el momento-
Harry: ¿El qué? –entrecerró los ojos algo preocupado-
Yo: No es justo que sepas que me puedes, lo sabes, y abusas –crucé los brazos haciendo un puchero-
Harry se hecho a reír.
Harry: No es que abuse; me sale naturalmente.
Yo: Deberías ser poeta –lo miré con suplicacia-
Harry: No, prefiero guardarme esa parte de mi solo para ti.
Nos quedamos hablando por unos instantes más, y cuando el clima romántico ya había cambiado un poco, la charla se transformó en otra.
Harry: Necesito preguntarte algo –musitó-
Yo: Te escucho.
Harry: Quiero que consideres y deduzcas bien cada palabra que va a salir de mi boca, Elisa, quiero que lo hagas por mi –solicitó-
Asentí silenciosamente con la cabeza.
Harry: ¿Recuerdas al doctor Hyllard?
De nuevo asentí con la cabeza.
Harry: Él está enterado de que estás ciega; hablamos un largo rato acerca de eso. Dijo que creía que sería complicado, pero hay una posible operación que puede lograr que recuperes la vista –remató-
Yo: ¿Y si sale mal? –exclamé nerviosa-
Harry: No hay que especular en negativo, todo va a ir bien. Sabes que yo estaré más allá de cualquier resultado. ¿Qué dices? –inquirió entre duda y expectativa-
Me tomé mi tiempo, como él había dicho, para meditarlo.
Yo: De acuerdo. ¿Cuándo podemos ir a verlo?
Harry: Si quieres podemos hacerlo ahora mismo.
Yo: Vamos; de todas maneras no tengo nada que hacer –me levanté de la cama-
Salimos entrelazando nuestras manos y caminamos hasta la camioneta que estaba en frente de la gran mansión.
Como debí suponer, mi familia y los chicos no nos dejarían solos en una situación como aquella. Por nada en el mundo se perderían un posible milagro. No quería ilusionarme, pero ¿por qué no pensar en positivo? El doctor había dicho que tenía posibilidades de volver a ver, y eso simplemente me hacia feliz. Moría por volver a ver la luz de la mañana, el cielo azul, el atardecer, el rostro de las personas que amaba, volver a ver a Harry…
Ya había amanecido hacía un buen rato; giré sobre mi cama una vez más. Alguien golpeó la puerta.
Escuché como esta se abría lentamente.
Harry: Mi amor, ¿puedo pasar? –inquirió algo dudoso-
Yo: Claro –sonreí y me senté en la cama-
Harry: Que manera de provocarme –susurró-
Yo: ¿Provocarte? ¿De qué estás hablando? –pregunté sin entender-
En eso sentí sus cálidos dedos recorrer mi pecho. Estaba en ropa interior.
Yo: Oh, lo siento –dije tapándome con la sabana-No fue mi intención tentarte –hice la mejor voz seductora que me salió-
Harry: Eres mala, muy mala –rió-
Me tomó por detrás de la nuca y comenzó a besarme. Nuestros cuerpos cayeron bruscamente sobre el colchón. Amaba besarlo así. Sus labios me transportaban a otro planeta. Y ni hablar de sus caricias. Él me conocía, lo hacía tan bien que supo que si en ese momento me quería a sus pies, debía decirme algunas de sus palabras. Y lo hizo.
Harry: Sabía que te amaba antes de besar tus labios, pero no sabía cuan grande son tus besos –se alejó de mi piel para mirarme a los ojos- Sabía que te amaba al ver tus ojos, pero no sabía cuanto me quemaba tu mirada –sonreí- Sabía que te amaba en mis pensamientos, pero no sabía que de tu amor estaba preso –ese chico siempre lograba hechizarme- Sabía que te amaba al sentir tus manos, pero no sabía que me estremecen tus caricias –junto la palma de su mano con la mía, sin dejar de mirarme fijamente- Sabía que te amaba al verte hermosa, pero no sabía que...
Yo: Te amo –dije interrumpiendo sus preciosas palabras. Me fue imposible no decírselo-
Harry: Sabía que te amaba al escuchar un “te amo”, pero no sabía que era tan dulce al escucharte. Ahora que sé cuanto te amo, no pienso dejarte ir –unió sus labios con los míos para darme un tierno beso-
Yo: ¡No es justo! –me quejé rompiendo el momento-
Harry: ¿El qué? –entrecerró los ojos algo preocupado-
Yo: No es justo que sepas que me puedes, lo sabes, y abusas –crucé los brazos haciendo un puchero-
Harry se hecho a reír.
Harry: No es que abuse; me sale naturalmente.
Yo: Deberías ser poeta –lo miré con suplicacia-
Harry: No, prefiero guardarme esa parte de mi solo para ti.
Nos quedamos hablando por unos instantes más, y cuando el clima romántico ya había cambiado un poco, la charla se transformó en otra.
Harry: Necesito preguntarte algo –musitó-
Yo: Te escucho.
Harry: Quiero que consideres y deduzcas bien cada palabra que va a salir de mi boca, Elisa, quiero que lo hagas por mi –solicitó-
Asentí silenciosamente con la cabeza.
Harry: ¿Recuerdas al doctor Hyllard?
De nuevo asentí con la cabeza.
Harry: Él está enterado de que estás ciega; hablamos un largo rato acerca de eso. Dijo que creía que sería complicado, pero hay una posible operación que puede lograr que recuperes la vista –remató-
Yo: ¿Y si sale mal? –exclamé nerviosa-
Harry: No hay que especular en negativo, todo va a ir bien. Sabes que yo estaré más allá de cualquier resultado. ¿Qué dices? –inquirió entre duda y expectativa-
Me tomé mi tiempo, como él había dicho, para meditarlo.
Yo: De acuerdo. ¿Cuándo podemos ir a verlo?
Harry: Si quieres podemos hacerlo ahora mismo.
Yo: Vamos; de todas maneras no tengo nada que hacer –me levanté de la cama-
Salimos entrelazando nuestras manos y caminamos hasta la camioneta que estaba en frente de la gran mansión.
Como debí suponer, mi familia y los chicos no nos dejarían solos en una situación como aquella. Por nada en el mundo se perderían un posible milagro. No quería ilusionarme, pero ¿por qué no pensar en positivo? El doctor había dicho que tenía posibilidades de volver a ver, y eso simplemente me hacia feliz. Moría por volver a ver la luz de la mañana, el cielo azul, el atardecer, el rostro de las personas que amaba, volver a ver a Harry…
viernes, 12 de abril de 2013
Capítulo 68
La semana siguiente fue algo difícil, todos tuvieron que abandonar sus empleos y despedirse de sus amigos. Viviríamos mi familia, los chicos y yo, en una enorme mansión. Eso iba a ser asombroso.
Tres años atrás jamás hubiese pensado que algo así pudiera llegar a pasar, pero el simple hecho de que el chico al que tanto amaba me apoyara, hacía que todo lo demás perdiera importancia. Cuando llegamos me quedé completamente muda, al parecer a todos les había fascinado la casa, ya que estaban diciendo que era gigante, hermosa y sobre todo, especial. Definitivamente era el lugar correcto.
Al principio fue complicado y algo preocupante volver a reencontrarme con lo que más amaba hacer, cantar. Creí que las chicas no me recibirían de la manera que lo hicieron. Ellas comprendieron y respetaron perfectamente mi ceguera. Eran increíbles.
Quería regresar de la mejor forma. Tenía un buen presentimiento.
Muy pronto pasaron unos días y con ellos llegó mi cumpleaños.
Los chicos y mi familia me recibieron con un gran desayuno en la cama. El primero en saludarme fue mi novio. Luego saltaron todos sobre mí y me llenaron de abrazos y besos. Los amaba demasiado. Mi vida claramente se estaba convirtiendo en, como algunos dicen, color rosa. Tenía todo lo que siempre había deseado.
Por la noche un concierto aguardaba. Pero la verdad era que no imaginaba que pudiese llegar a ser tan importante como lo fue.
Pienso que esos instantes quedarán guardados en el fondo de mi corazón por el resto de mi vida. Es que fue mágico.
Estaban los chicos cantando: Niall, Liam, Zayn, Louis y Harry; cuando de repente algo raro pasó.
En un momento todos quedaron en silencio. La extraña situación hizo que me alarmara, porque la verdad era que no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba ocurriendo. Pero aquella tormenta de nervios molestos desapareció al oír la voz de Harry. Ahora eran preciosos nervios.
Harry: Hay una canción que quiero dedicarle al amor de mi vida –dijo. Sabía que se estaba refiriendo a mi- La escribí mientras estábamos separados. Hoy es su cumpleaños número dieciocho; pero a parte de eso, también es un día especial por otra cosa. Ya os dareis cuenta a lo que me estoy refiriendo.Elisa Hernando, ven aquí por favor.
¿Qué quería decir? Lo único que yo sabía era que era mi cumpleaños, no estaba enterada de otra cosa.Subí al escenario.
Harry: Otro día, sin tu sonrisa, otro día simplemente pasa –su voz sonaba más perfecta que nunca- Pero ahora sé, cuanto significa para ti, quedarte justo aquí conmigo. El tiempo que pasamos separados hará que nuestro amor se fortalezca –unas lágrimas cayeron por mis ojos, pero en realidad no supe por qué- Pero me duele tanto que no puedo soportar más. Quiero envejecer junto a ti, quiero morir en tus brazos –mi cuerpo entero tembló ¡me estaba pidiendo de alguna u otra forma matrimonio!- Quiero envejecer junto a ti, quiero estar mirando tus ojos.Quiero estar ahí para ti, compartiendo todo lo que haces –lo sentí lagrimear- Quiero envejecer junto a ti –fue lo último que pudo decir-
La mayoría de la gente que estaba presente en aquel enorme estadio no pudo evitar llorar, aquello era tan perfecto. No podía creerlo, él era uno en un millón. Era loco, pero era mi loco.
Harry se acercó hacia mí y acto seguido tomó mi mano. Se arrodilló y respiró hondo.
Harry: Sé que no es la manera más privada de pedírtelo –todos reímos- Pero es lo que me sale desde el fondo del alma. Porque de algún modo esto es lo que somos; formamos parte de esta maravillosa familia –señaló al público- Elisa Hernando, ¿aceptarías envejecer junto a mi?
Yo ya estaba hecha un mar de llanto. Lo ayudé a levantarse y entonces comprendí a que otro acontecimiento importante se estaba refiriendo.
Yo: Acepto –casi grité-
Nos besamos mientras toda la gente nos aplaudía. Los otros chicos se unieron a abrazarnos. Sentía que ese era el lugar en donde quería estar; ahora y siempre.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
¡¡OH MY CARROTS QUE SE NOS CASAN!!No he podido evitar llorar, pero es lo que me ha salido del alma.Quedan muy pocos capítulos, puede que esta noche o m´ñana la termine.Os quiero mucho, nunca lo olvideis.
Tres años atrás jamás hubiese pensado que algo así pudiera llegar a pasar, pero el simple hecho de que el chico al que tanto amaba me apoyara, hacía que todo lo demás perdiera importancia. Cuando llegamos me quedé completamente muda, al parecer a todos les había fascinado la casa, ya que estaban diciendo que era gigante, hermosa y sobre todo, especial. Definitivamente era el lugar correcto.
Al principio fue complicado y algo preocupante volver a reencontrarme con lo que más amaba hacer, cantar. Creí que las chicas no me recibirían de la manera que lo hicieron. Ellas comprendieron y respetaron perfectamente mi ceguera. Eran increíbles.
Quería regresar de la mejor forma. Tenía un buen presentimiento.
Muy pronto pasaron unos días y con ellos llegó mi cumpleaños.
Los chicos y mi familia me recibieron con un gran desayuno en la cama. El primero en saludarme fue mi novio. Luego saltaron todos sobre mí y me llenaron de abrazos y besos. Los amaba demasiado. Mi vida claramente se estaba convirtiendo en, como algunos dicen, color rosa. Tenía todo lo que siempre había deseado.
Por la noche un concierto aguardaba. Pero la verdad era que no imaginaba que pudiese llegar a ser tan importante como lo fue.
Pienso que esos instantes quedarán guardados en el fondo de mi corazón por el resto de mi vida. Es que fue mágico.
Estaban los chicos cantando: Niall, Liam, Zayn, Louis y Harry; cuando de repente algo raro pasó.
En un momento todos quedaron en silencio. La extraña situación hizo que me alarmara, porque la verdad era que no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba ocurriendo. Pero aquella tormenta de nervios molestos desapareció al oír la voz de Harry. Ahora eran preciosos nervios.
Harry: Hay una canción que quiero dedicarle al amor de mi vida –dijo. Sabía que se estaba refiriendo a mi- La escribí mientras estábamos separados. Hoy es su cumpleaños número dieciocho; pero a parte de eso, también es un día especial por otra cosa. Ya os dareis cuenta a lo que me estoy refiriendo.Elisa Hernando, ven aquí por favor.
¿Qué quería decir? Lo único que yo sabía era que era mi cumpleaños, no estaba enterada de otra cosa.Subí al escenario.
Harry: Otro día, sin tu sonrisa, otro día simplemente pasa –su voz sonaba más perfecta que nunca- Pero ahora sé, cuanto significa para ti, quedarte justo aquí conmigo. El tiempo que pasamos separados hará que nuestro amor se fortalezca –unas lágrimas cayeron por mis ojos, pero en realidad no supe por qué- Pero me duele tanto que no puedo soportar más. Quiero envejecer junto a ti, quiero morir en tus brazos –mi cuerpo entero tembló ¡me estaba pidiendo de alguna u otra forma matrimonio!- Quiero envejecer junto a ti, quiero estar mirando tus ojos.Quiero estar ahí para ti, compartiendo todo lo que haces –lo sentí lagrimear- Quiero envejecer junto a ti –fue lo último que pudo decir-
La mayoría de la gente que estaba presente en aquel enorme estadio no pudo evitar llorar, aquello era tan perfecto. No podía creerlo, él era uno en un millón. Era loco, pero era mi loco.
Harry se acercó hacia mí y acto seguido tomó mi mano. Se arrodilló y respiró hondo.
Harry: Sé que no es la manera más privada de pedírtelo –todos reímos- Pero es lo que me sale desde el fondo del alma. Porque de algún modo esto es lo que somos; formamos parte de esta maravillosa familia –señaló al público- Elisa Hernando, ¿aceptarías envejecer junto a mi?
Yo ya estaba hecha un mar de llanto. Lo ayudé a levantarse y entonces comprendí a que otro acontecimiento importante se estaba refiriendo.
Yo: Acepto –casi grité-
Nos besamos mientras toda la gente nos aplaudía. Los otros chicos se unieron a abrazarnos. Sentía que ese era el lugar en donde quería estar; ahora y siempre.
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¡¡OH MY CARROTS QUE SE NOS CASAN!!No he podido evitar llorar, pero es lo que me ha salido del alma.Quedan muy pocos capítulos, puede que esta noche o m´ñana la termine.Os quiero mucho, nunca lo olvideis.
Capítulo 67
Esther: Bien, ¿y a ti? Me encanta que me llames suegrita –le guiñó un ojo-
Harry amaba tanto llevarse bien con la familia de Elisa, porque sabía, bien en lo más profundo de su ser, que esa sería su futura familia.
Harry: Me voy a tener que acostumbrar…
Esther: ¿Lo dices por algo en especial? –entrecerró uno de sus ojos-
Harry: No, por nada –mintió- ¿Está su hija?
Elisa: Sí, estamos cenando con nuestros familiares, ¿quieres pasar?
Harry: La verdad me fascinaría; ¿pero antes puede llamar a Eli, por favor?
Esther: Claro, ya la llamo –giró sobre sus pies y se dirigió hacia los adentros de la casa-
Me encaminé hacia la entrada, ¿quién sería a esta hora? Al llegar las dudas se desvanecieron; pude sentirlo cerca, su aroma siempre me avisaba si estaba a mi alrededor.Yo: Que sorpresa Styles, entrando por la puerta y no por la terraza –bromeé-
Harry: No será la última vez. Vine a traerle unas flores a la flor más linda y unos bombones al bombón más rico –dijo con un tono de voz extremadamente sensual-
Yo: Harry… –me sonrojé al rojo vivo-
Harry: ¿Qué? Sabes que eres deliciosa –me besó tiernamente-
Yo: Muchas gracias, hermoso.
Harry: De nada, mi amor –susurró mientras me besaba muchas veces en los labios- Tu madre me invitó a pasar a cenar con vosotros, por mi no hay problema, a ti… ¿Qué te parece?
No era por ser mala, pero la idea no era mi favorita. Sabía como eran mis parientes, sabía que mi hermana se pondría loca si Harry Styles compartía una mesa con ella, que mi primo diría algo vergonzoso y muchas cosas más que preferí dejar de imaginar.
Yo: Eh… –contesté nerviosa-
Harry: ¿No quieres? –su voz sonó algo desilusionada-
Yo: No es que no quiera… –traté de arreglarlo-
Harry: ¿Entonces?
Me la estaba haciendo difícil.
Yo: No se…
Harry: No entiendo, ¿te doy vergüenza? –preguntó un poquito más exasperado-
No quería comenzar a discutir con el.
Yo: No digas cosas sin sentido, ¿cómo me vas a dar vergüenza?
Harry: ¿Eso es un sí? No seas mala, quiero conocer a tu familia –hizo un puchero-
Yo: De acuerdo, está bien –resoplé ya rendida- Sígueme.
Cerré la puerta atrás de mí y fuimos agarrados de las manos mientras le enseñaba la casa.
Yo: Os presento a Harry, mi novio –musité mirándolos uno por uno para observar sus reacciones-
Harry: Hola, buenas noches, perdón por interrumpir, pero si no les molesta mucho la verdad es que me encantaría cenar con ustedes –él estaba ejecutando el intento de hablar. Mi hermana se levantó corriendo y abrazó a Harry desde sus piernas, al tiempo en el que gritaba como una histérica. A veces se comportaba tan extrañamente. Parecía de siete años, y ya tenía unos quince.
Unos instantes más tarde todos comenzaron a reír mientras ella al fin lo soltó. Papá le arrimó una silla a Harry y mi madre le sirvió una porción de comida.
Ya estaba cenando con nosotros hacía más de dos horas; e inesperadamente, se llevaba a la perfección con todos –sobre todo con mi abuelo–. Parecía raro que nadie haya siquiera mencionado algo de nuestro noviazgo o del beso que él me había dado cuando estábamos en la puerta.
Entonces, en el preciso momento en el que me encontraba pensando eso; mi primo le dijo a Harry:
–Che, Hazza, que “chuponazo” que le diste a mi primita, parecía que te la ibas a comer viva y todo.
Yo estaba que hervía, nerviosa hasta el último pelo de la cabeza. Me costaba tanto hablar de mi vida amorosa delante de mi familia. Sentí la mirada de Harry sobre mí y luego, por suerte un montón de risas. Se estaban riendo seguramente de que estaba fuertemente ruborizada. Mi tía, algo agobiada por el comentario de su hijo, lo retó.
–¿Cómo has dicho? –preguntó avergonzada-
Harry: No se preocupe, no me molesta… si lo sabe todo el mundo, y además… no me arrepiento de ningún beso que le doy a ella, es más, me muero por volver a hacerlo –ahora sí que estaba por explotar, ¿desde cuando Harry no solo me coqueteaba, sino que lo hacía frente a mi familia? ¿Estaban todos contra mí o qué?
Yo: ¿Qué opinais del día? –dije lo primero que se me ocurrió para cambiar de tema mientras le ponía un pedazo enorme de pan a Harry en la boca para que no hablara más-
Todos reímos de la situación. Luego de un largo rato Styles y yo fuimos al jardín a conversar a solas, teníamos que hacerlo. Nos debíamos una charla.
Caminamos en círculos sin decir absolutamente nada durante un rato, pensativos.
Yo: ¿Qué haremos ahora, Harry? –pregunté finalmente-
Él sabía bien a lo que me refería. Los chicos tenían trabajo que hacer en Londres y debían volver, simplemente no quería separarme de él otra vez.
Harry: ¡Tengo la mejor idea que haya tenido en mi vida! –saltó de alegría-
Yo: ¿Cuál?
Harry: ¡Te vienes con toda tu familia a Inglaterra! Tus seres queridos están junto a ti, y lo mejor, estamos juntos… juntos para siempre –como él dijo, esa había sido la mejor idea que pudiese haber pensado-
Yo: Sería tan perfecto. Pero mi amor… mis parientes tienen trabajo aquí, no voy a obligarlos a que dejen de trabajar por mi culpa –objeté-
Harry: Hay muchos trabajos disponibles en Londres, por favor Elisa sé que podremos convencerlos –insistió-
No pude evitarlo, al menos lo intentaría. Aquella era una idea sumamente tentadora.
Yo: ¿Te he dicho que eres más de lo que siempre soñé? –le sonreí-
Harry: ¿Eso es un sí? Yo: Es un “obviamente que sí” –lo abracé-
Estábamos totalmente seguros. Entramos a la casa tomados de las manos.
Harry: Tenemos que hablar con ustedes –pronunció. Todos pusieron su atención en nosotros-
Yo: Queremos deciros algo muy importante, es una decisión tomada y solamente necesitamos saber si nos apoyais o no –dije, a mi parecer soné demasiado dura-
Harry: Planeamos volver a Inglaterra; quizá parezca una locura, pero es lo que he deseado en mi vida –musitó- En verdad quisiéramos que se vengan con nosotros. Oigan… sé que ninguno de ustedes me conoce lo suficientemente bien, pero en verdad amo a Elisa, amo cada cosa en ella y no quiero perderla de nuevo –lloriqueó un poco-
Esther: Aceptó –pronunció, y las bocas de todos los que estaban allí por poco tocan el suelo-
Yo: ¡Sííí! –grité y corrí a su alcance- Eres la mejor madre del mundo. ¿Qué hay de vosotros? –me dirigí a los demás que aún no decían nada-
Abuelo: Estoy jubilado… así que creo que diré que sí por mi nieta –si las cosas seguían así todo iba a salir increíble-
–Acepto también –dijo mi tía-
Y al cabo de cinco minutos, todos habían aprobado la idea. ¡Por dios! Iba ser tan mágico. Sentía como me esperaban los mejores días de mi vida. Sentía como tenía el mundo en frente a mis ojos, listo para hacerlo mío.
Harry amaba tanto llevarse bien con la familia de Elisa, porque sabía, bien en lo más profundo de su ser, que esa sería su futura familia.
Harry: Me voy a tener que acostumbrar…
Esther: ¿Lo dices por algo en especial? –entrecerró uno de sus ojos-
Harry: No, por nada –mintió- ¿Está su hija?
Elisa: Sí, estamos cenando con nuestros familiares, ¿quieres pasar?
Harry: La verdad me fascinaría; ¿pero antes puede llamar a Eli, por favor?
Esther: Claro, ya la llamo –giró sobre sus pies y se dirigió hacia los adentros de la casa-
Me encaminé hacia la entrada, ¿quién sería a esta hora? Al llegar las dudas se desvanecieron; pude sentirlo cerca, su aroma siempre me avisaba si estaba a mi alrededor.Yo: Que sorpresa Styles, entrando por la puerta y no por la terraza –bromeé-
Harry: No será la última vez. Vine a traerle unas flores a la flor más linda y unos bombones al bombón más rico –dijo con un tono de voz extremadamente sensual-
Yo: Harry… –me sonrojé al rojo vivo-
Harry: ¿Qué? Sabes que eres deliciosa –me besó tiernamente-
Yo: Muchas gracias, hermoso.
Harry: De nada, mi amor –susurró mientras me besaba muchas veces en los labios- Tu madre me invitó a pasar a cenar con vosotros, por mi no hay problema, a ti… ¿Qué te parece?
No era por ser mala, pero la idea no era mi favorita. Sabía como eran mis parientes, sabía que mi hermana se pondría loca si Harry Styles compartía una mesa con ella, que mi primo diría algo vergonzoso y muchas cosas más que preferí dejar de imaginar.
Yo: Eh… –contesté nerviosa-
Harry: ¿No quieres? –su voz sonó algo desilusionada-
Yo: No es que no quiera… –traté de arreglarlo-
Harry: ¿Entonces?
Me la estaba haciendo difícil.
Yo: No se…
Harry: No entiendo, ¿te doy vergüenza? –preguntó un poquito más exasperado-
No quería comenzar a discutir con el.
Yo: No digas cosas sin sentido, ¿cómo me vas a dar vergüenza?
Harry: ¿Eso es un sí? No seas mala, quiero conocer a tu familia –hizo un puchero-
Yo: De acuerdo, está bien –resoplé ya rendida- Sígueme.
Cerré la puerta atrás de mí y fuimos agarrados de las manos mientras le enseñaba la casa.
Yo: Os presento a Harry, mi novio –musité mirándolos uno por uno para observar sus reacciones-
Harry: Hola, buenas noches, perdón por interrumpir, pero si no les molesta mucho la verdad es que me encantaría cenar con ustedes –él estaba ejecutando el intento de hablar. Mi hermana se levantó corriendo y abrazó a Harry desde sus piernas, al tiempo en el que gritaba como una histérica. A veces se comportaba tan extrañamente. Parecía de siete años, y ya tenía unos quince.
Unos instantes más tarde todos comenzaron a reír mientras ella al fin lo soltó. Papá le arrimó una silla a Harry y mi madre le sirvió una porción de comida.
Ya estaba cenando con nosotros hacía más de dos horas; e inesperadamente, se llevaba a la perfección con todos –sobre todo con mi abuelo–. Parecía raro que nadie haya siquiera mencionado algo de nuestro noviazgo o del beso que él me había dado cuando estábamos en la puerta.
Entonces, en el preciso momento en el que me encontraba pensando eso; mi primo le dijo a Harry:
–Che, Hazza, que “chuponazo” que le diste a mi primita, parecía que te la ibas a comer viva y todo.
Yo estaba que hervía, nerviosa hasta el último pelo de la cabeza. Me costaba tanto hablar de mi vida amorosa delante de mi familia. Sentí la mirada de Harry sobre mí y luego, por suerte un montón de risas. Se estaban riendo seguramente de que estaba fuertemente ruborizada. Mi tía, algo agobiada por el comentario de su hijo, lo retó.
–¿Cómo has dicho? –preguntó avergonzada-
Harry: No se preocupe, no me molesta… si lo sabe todo el mundo, y además… no me arrepiento de ningún beso que le doy a ella, es más, me muero por volver a hacerlo –ahora sí que estaba por explotar, ¿desde cuando Harry no solo me coqueteaba, sino que lo hacía frente a mi familia? ¿Estaban todos contra mí o qué?
Yo: ¿Qué opinais del día? –dije lo primero que se me ocurrió para cambiar de tema mientras le ponía un pedazo enorme de pan a Harry en la boca para que no hablara más-
Todos reímos de la situación. Luego de un largo rato Styles y yo fuimos al jardín a conversar a solas, teníamos que hacerlo. Nos debíamos una charla.
Caminamos en círculos sin decir absolutamente nada durante un rato, pensativos.
Yo: ¿Qué haremos ahora, Harry? –pregunté finalmente-
Él sabía bien a lo que me refería. Los chicos tenían trabajo que hacer en Londres y debían volver, simplemente no quería separarme de él otra vez.
Harry: ¡Tengo la mejor idea que haya tenido en mi vida! –saltó de alegría-
Yo: ¿Cuál?
Harry: ¡Te vienes con toda tu familia a Inglaterra! Tus seres queridos están junto a ti, y lo mejor, estamos juntos… juntos para siempre –como él dijo, esa había sido la mejor idea que pudiese haber pensado-
Yo: Sería tan perfecto. Pero mi amor… mis parientes tienen trabajo aquí, no voy a obligarlos a que dejen de trabajar por mi culpa –objeté-
Harry: Hay muchos trabajos disponibles en Londres, por favor Elisa sé que podremos convencerlos –insistió-
No pude evitarlo, al menos lo intentaría. Aquella era una idea sumamente tentadora.
Yo: ¿Te he dicho que eres más de lo que siempre soñé? –le sonreí-
Harry: ¿Eso es un sí? Yo: Es un “obviamente que sí” –lo abracé-
Estábamos totalmente seguros. Entramos a la casa tomados de las manos.
Harry: Tenemos que hablar con ustedes –pronunció. Todos pusieron su atención en nosotros-
Yo: Queremos deciros algo muy importante, es una decisión tomada y solamente necesitamos saber si nos apoyais o no –dije, a mi parecer soné demasiado dura-
Harry: Planeamos volver a Inglaterra; quizá parezca una locura, pero es lo que he deseado en mi vida –musitó- En verdad quisiéramos que se vengan con nosotros. Oigan… sé que ninguno de ustedes me conoce lo suficientemente bien, pero en verdad amo a Elisa, amo cada cosa en ella y no quiero perderla de nuevo –lloriqueó un poco-
Esther: Aceptó –pronunció, y las bocas de todos los que estaban allí por poco tocan el suelo-
Yo: ¡Sííí! –grité y corrí a su alcance- Eres la mejor madre del mundo. ¿Qué hay de vosotros? –me dirigí a los demás que aún no decían nada-
Abuelo: Estoy jubilado… así que creo que diré que sí por mi nieta –si las cosas seguían así todo iba a salir increíble-
–Acepto también –dijo mi tía-
Y al cabo de cinco minutos, todos habían aprobado la idea. ¡Por dios! Iba ser tan mágico. Sentía como me esperaban los mejores días de mi vida. Sentía como tenía el mundo en frente a mis ojos, listo para hacerlo mío.
jueves, 11 de abril de 2013
Capítulo 66
Desperté, moví mi mano para encontrarme con el cuerpo de Harry. Aún no despertaba, debía estar cansado. Sonreí al percatarme de que estábamos desnudos. Todo había sido perfecto, simplemente porque había sido con él. Entonces pensé en aprovechar la situación y con mis dedos navegué por cada parte de su cuerpo.
Cuando bajaba hacia su cadera él daba pequeños temblorcitos con sus piernas. No era justo, él podía ver mi cuerpo y yo no podía ni tocar el suyo.
Yo: Harry, despierta –susurré suavemente en su oído-
El se dio media vuelta, para darme la espalda.
Yo: No me hagas tener que levantarte Harry –le advertí-
Ni se movió, pero sabía que me estaba escuchando. Igual, tenía planeado divertirme un poco con él.
Yo: Voy a tomar un poco de aire fresco –le dije sensualmente al oído, sentí como abrió los ojos, pero permaneció en la misma posición-
Me levanté todavía desnuda y fui caminando lentamente hacia la puerta del establo. Sentí su mirada en mí. Conocía sus debilidades, y, una de ellas, era mi cuerpo. Cuando estuve fuera del establo exhalé aquel hermoso olor; todo era mágico. Como lo planeé, en no menos de un minuto, Harry ya se encontraba a mi lado.
Yo: Creí que no te querías levantar –musité algo presumida-
Harry: No quería; hasta que se te ocurrió la grandiosa idea de caminar desnuda, ¿cómo no iba a seguirte? –resopló con el ceño fruncido-
Yo: Acéptalo: te tengo bajo la palma de mi mano –dije indiferente mientras volvía al establo-
El fue tras de mí y antes de que pudiera adelantarme, me beso lentamente, para después bajar por mi cuello y susurrar:
Harry: No presumas, porque yo también te tengo donde quiero.
Luego de unos besos más, entramos y nos vestimos. Teníamos que llegar pronto a casa, eso me había prometido Harry.
Harry: Estoy listo.
Yo: También yo –sonreí-
El muchacho me tomó desprevenida y me alzó entre sus brazos. ¿Qué estaba haciendo?
Harry: No te muevas, te llevaré hacia el coche –dijo-
Yo: Estoy ciega no paralítica, Harry, puedo caminar sola –pronuncié-
Harry: Lo sé; pero adoro la idea de cargarte en mis manos –justificó alegré, no le contesté, a mi tampoco me molestaba la idea de que me llevara-
Me dejó caer sobre un cómodo asiento y el motor arrancó. Ya estábamos llegando a casa después de una larga hora de viaje.
Harry: Te veo luego, amor –dijo antes de que me bajara-
Yo: Claro –lo besé-
Harry: ¿Elisa? –preguntó.
Yo: ¿Sí?
Harry: Te amo.
Le dí otro cálido beso y comencé a trepar al árbol que se localizaba en frente de mi terraza. Tenía que entrar por ahí si no quería que mis padres se enteraran de que había pasado la noche afuera. Abrí silenciosamente la puerta y salí de mi habitación.
Esther: Hija, ¿por fin despiertas? –inquirió al mismo tiempo en el que preparaba algo al horno
Yo: Sí, la fiesta me dejó muy cansada –mentí-
Esther: Ya veo. Hoy van a venir los tíos y los abuelos a cenar. Luego ponte algo bonito –señaló-
Yo: ¡Vale! –exclamé. Me encantaba comer en familia; era muy divertido-
Mientras tanto en el hotel de los chicos;
Niall: Y ¿cómo te fue? –le preguntó al chico de la cabellera con rulos-
Harry: Excelente –suspiró-
Louis: Conozco esa carita –entrecerró un ojo- ¡Lo hicisteis!
Harry: Tal vez –dijo nervioso- La amo, no lo pude evitar –aceptó-
Zayn: ¡Winner! –lo alentó-
Harry: Chicos… me gustaría haceros una pregunta.
Todos: ¡Escúpela!
Harry: Estuve considerando la idea de pedirle la mano a Elisa –sentenció tranquilo-
Niall: ¿La mano? ¿Para qué quieres su mano? –preguntó el rubio sin entender-
Harry: No tontito, pedirle la mano a alguien significa proponerle matrimonio –le explicó-
Liam: ¿No crees que estés apresurando un poco las cosas?
Harry: No creo que esté apresurando nada. Simplemente la amo como nunca amé a nadie en mi vida y quiero asegurármela, amarrarla a mí y no dejarla nunca. La perdí una vez, no quiero correr el riesgo de volver a perderla ni por asomo. He estado pensando en hacerlo dentro de un par de semanas, cuando ella cumpla los dieciocho –les djo el joven-
Zayn: Si eso es lo que quieres, no somos quienes para oponernos –sonrió-
Louis: Siempre te apoyaremos en tus decisiones, y si una de ellas es casarte, tienes mi aprobaón –le golpeó suavemente la espalda-
Harry: Muchas gracias chicos –cogió su chaqueta- Más tarde vuelvo, voy a visitar a mi futura esposa
¿Elisa? –inquirió algo extrañado- Si recién hace un rato has vuelto de estar con ella –agregó-
Harry: Sí; pero ya la extraño. Adiós –se despidió antes de cerrar la puerta del lujoso hotel-
Narra Elisa:
En ese momento estaba cenando con mi familia en casa. Todos mis parientes estaban en el comedor. Era fascinante la forma en la que nos queríamos entre todos. Nunca faltaban las risas de mi abuela, las locuras de mi hermana, los comentarios de mi primo, las preguntas de mi abuelo y los chistes de mi padre. Éramos una familia feliz.
Más tarde, mientras comíamos el plato principal, el timbre sonó unos segundos.
Esther: ¡Yo voy! –gritó mamá desde la cocina-
La señora abrió la puerta y se encontró con un ramo de hermosas flores, una caja de bombones, y la sonrisa de Harry.
Harry: Hola suegrita, ¿cómo le va? –besó su mejilla y le regaló una tierna mirada-
Cuando bajaba hacia su cadera él daba pequeños temblorcitos con sus piernas. No era justo, él podía ver mi cuerpo y yo no podía ni tocar el suyo.
Yo: Harry, despierta –susurré suavemente en su oído-
El se dio media vuelta, para darme la espalda.
Yo: No me hagas tener que levantarte Harry –le advertí-
Ni se movió, pero sabía que me estaba escuchando. Igual, tenía planeado divertirme un poco con él.
Yo: Voy a tomar un poco de aire fresco –le dije sensualmente al oído, sentí como abrió los ojos, pero permaneció en la misma posición-
Me levanté todavía desnuda y fui caminando lentamente hacia la puerta del establo. Sentí su mirada en mí. Conocía sus debilidades, y, una de ellas, era mi cuerpo. Cuando estuve fuera del establo exhalé aquel hermoso olor; todo era mágico. Como lo planeé, en no menos de un minuto, Harry ya se encontraba a mi lado.
Yo: Creí que no te querías levantar –musité algo presumida-
Harry: No quería; hasta que se te ocurrió la grandiosa idea de caminar desnuda, ¿cómo no iba a seguirte? –resopló con el ceño fruncido-
Yo: Acéptalo: te tengo bajo la palma de mi mano –dije indiferente mientras volvía al establo-
El fue tras de mí y antes de que pudiera adelantarme, me beso lentamente, para después bajar por mi cuello y susurrar:
Harry: No presumas, porque yo también te tengo donde quiero.
Luego de unos besos más, entramos y nos vestimos. Teníamos que llegar pronto a casa, eso me había prometido Harry.
Harry: Estoy listo.
Yo: También yo –sonreí-
El muchacho me tomó desprevenida y me alzó entre sus brazos. ¿Qué estaba haciendo?
Harry: No te muevas, te llevaré hacia el coche –dijo-
Yo: Estoy ciega no paralítica, Harry, puedo caminar sola –pronuncié-
Harry: Lo sé; pero adoro la idea de cargarte en mis manos –justificó alegré, no le contesté, a mi tampoco me molestaba la idea de que me llevara-
Me dejó caer sobre un cómodo asiento y el motor arrancó. Ya estábamos llegando a casa después de una larga hora de viaje.
Harry: Te veo luego, amor –dijo antes de que me bajara-
Yo: Claro –lo besé-
Harry: ¿Elisa? –preguntó.
Yo: ¿Sí?
Harry: Te amo.
Le dí otro cálido beso y comencé a trepar al árbol que se localizaba en frente de mi terraza. Tenía que entrar por ahí si no quería que mis padres se enteraran de que había pasado la noche afuera. Abrí silenciosamente la puerta y salí de mi habitación.
Esther: Hija, ¿por fin despiertas? –inquirió al mismo tiempo en el que preparaba algo al horno
Yo: Sí, la fiesta me dejó muy cansada –mentí-
Esther: Ya veo. Hoy van a venir los tíos y los abuelos a cenar. Luego ponte algo bonito –señaló-
Yo: ¡Vale! –exclamé. Me encantaba comer en familia; era muy divertido-
Mientras tanto en el hotel de los chicos;
Niall: Y ¿cómo te fue? –le preguntó al chico de la cabellera con rulos-
Harry: Excelente –suspiró-
Louis: Conozco esa carita –entrecerró un ojo- ¡Lo hicisteis!
Harry: Tal vez –dijo nervioso- La amo, no lo pude evitar –aceptó-
Zayn: ¡Winner! –lo alentó-
Harry: Chicos… me gustaría haceros una pregunta.
Todos: ¡Escúpela!
Harry: Estuve considerando la idea de pedirle la mano a Elisa –sentenció tranquilo-
Niall: ¿La mano? ¿Para qué quieres su mano? –preguntó el rubio sin entender-
Harry: No tontito, pedirle la mano a alguien significa proponerle matrimonio –le explicó-
Liam: ¿No crees que estés apresurando un poco las cosas?
Harry: No creo que esté apresurando nada. Simplemente la amo como nunca amé a nadie en mi vida y quiero asegurármela, amarrarla a mí y no dejarla nunca. La perdí una vez, no quiero correr el riesgo de volver a perderla ni por asomo. He estado pensando en hacerlo dentro de un par de semanas, cuando ella cumpla los dieciocho –les djo el joven-
Zayn: Si eso es lo que quieres, no somos quienes para oponernos –sonrió-
Louis: Siempre te apoyaremos en tus decisiones, y si una de ellas es casarte, tienes mi aprobaón –le golpeó suavemente la espalda-
Harry: Muchas gracias chicos –cogió su chaqueta- Más tarde vuelvo, voy a visitar a mi futura esposa
¿Elisa? –inquirió algo extrañado- Si recién hace un rato has vuelto de estar con ella –agregó-
Harry: Sí; pero ya la extraño. Adiós –se despidió antes de cerrar la puerta del lujoso hotel-
Narra Elisa:
En ese momento estaba cenando con mi familia en casa. Todos mis parientes estaban en el comedor. Era fascinante la forma en la que nos queríamos entre todos. Nunca faltaban las risas de mi abuela, las locuras de mi hermana, los comentarios de mi primo, las preguntas de mi abuelo y los chistes de mi padre. Éramos una familia feliz.
Más tarde, mientras comíamos el plato principal, el timbre sonó unos segundos.
Esther: ¡Yo voy! –gritó mamá desde la cocina-
La señora abrió la puerta y se encontró con un ramo de hermosas flores, una caja de bombones, y la sonrisa de Harry.
Harry: Hola suegrita, ¿cómo le va? –besó su mejilla y le regaló una tierna mirada-
Capítulo 65
Hace tres años seguramente me hubiese parecido raro encontrar a Harry Styles colgado de la baranda de mi terraza a punto de caerse para abajo. Su voz de niño aterrado era mortal, posiblemente se debía haber echo pis en los pantalones de tanto miedo.
Lo agarré de uno de sus brazos y lo ayudé a subir. Era un loco, solo a él se le ocurrían esas cosas.
Cuando ya todo su cuerpo se encontró en mi balcón, no pude hacer otra cosa que quitarme la curiosidad.
Yo: Casi te matas, tonto; ¿por qué has venido?
Harry: Tengo una idea –fue lo único que dijo-
Yo: Si mi padre se llegara a enterar de que estás aquí, te matará –le aseguré mientras cerraba la puerta detrás de mi- ¿Qué tienes en mente?
Harry: Bueno… se me había ocurrido que quizá podríamos ir a un lugar… –contestó de manera nerviosa-
Yo: ¿De qué hablas? –pregunté sin entender-
Harry: Quiero escaparme contigo, mi amor.
Yo: ¿Qué? ¿Tomaste algo? –inquirí realmente estupefacta-
Harry: Vamos, solo será una noche –rogó- Quisiera que estemos un rato a solas.
Yo: Supongamos que hipotéticamente, yo aceptara ir contigo... ¿Qué es exactamente lo que piensas hacer? –fruncí el ceño-
Harry: Algo que aquella vez en el campo no pudimos terminar –susurró cerca de mi oído; ese chico quería matarme-
Aunque no iba a negar que a diferencia de esa noche, ahora sí estaba lista.
Harry: ¿Y bien? –indagó- ¿Vienes o no?
Yo: Mmm... –vacilé- Está bien. Pero promete que mañana en la tarde estaremos de nuevo aquí.
Harry: Lo prometo, amor –besó mis labios. Me gustaba tanto que me llamara así-
Rápidamente acomodé dos conjuntos de ropa en una mochila y bajé silenciosamente con el chico por la azotea. Aún llevaba mi pijama puesto, una bermuda algo rota, y una camiseta que apenas tapaba mi ombligo. Al parecer él ya tenía todo más que preparado porque un coche estaba en frente de la casa y me hizo subir a él.
Media hora más tarde bajamos en lo que era, según él, el campo de un viejo chico al cual conocía. No entramos a la casa. Por el contrario, Harry me llevó al establo de los caballos –me di cuenta por el olor–.
Esperé a que encendiera las velas, no había luz eléctrica; luego nos sentamos a conversar. Hablamos un largo rato sin ningún silencio, siempre había cosas de las que hablar con él.
Estaba sedienta. Apenas se lo mencioné, este me dijo que aguardara un momento que ya me traería algo para beber. Pero pasaban los minutos y él aún no volvía. Estaba empezando a preocuparme, además de que también tenía mucho miedo; la simple idea de quedarme sola, en un establo, en medio de la noche, con las feroces criaturas que me estaba imaginando, me aterraba.
Entonces, en ese preciso instante, sentí una respiración en mi oído y una mano en mi cintura; me llevé el susto de mi vida. Un escalofrío me recorrió.
Harry: Aquí tienes –susurró en mi oreja-
Yo: Gracias…
Tomé rápidamente el contenido del vaso y lo dejé a un lado. Harry todavía me tenía envuelta en sus brazos; la cosa no se había puesto tan intensa hasta que el muchacho me apretó contra su torso. Sentí cada parte de su cuerpo en mi espalda. El estaba jugando con fuego, y sabía que, tarde o temprano, nos íbamos a quemar.
Harry: ¿Te he dicho lo hermosa que estás? –musitó tiernamente-
Yo: Creo que no… -contesté nerviosa-
Harry: Pues déjame decirte que estás tan hermosa que se me acelera el corazón cada vez que te miro.
Yo: No exageres Styles –sonreí-
El chico me hizo girar sobre mis talones para quedar frente a él. Obviamente no pude ver sus ojos, pero sí sentirlo. Había algo, una extraña fuerza, que cuando estaba con él, me hacía creer que recuperaría la vista; a pesar, de que eso sería imposible.
Harry: No estoy exagerando; mira –tomó una de mis manos y la colocó sobre su pecho- ¿Escuchas lo veloz que late?
Yo: No logro percibir nada Hazza…
Harry: Acércate un poco más –obedecí- ¿Ahora?
La verdad era que no lograba escuchar nada.
Yo: Tampoco. Voy a acercarme más…
Harry: Elisa, no se si te conviene acercarte más, corres riesgo –su voz sonó algo extraña-
Yo: ¿Riesgo? ¿De qué estás…
Y en ese momento supe a que “peligro” se refería. Dejé que me besara y me sostuviera entre sus brazos. Sus labios me transportaban a otro universo que en realidad solo conocía con él. Harry empezó a caminar y yo solo me dejaba llevar por su cuerpo hacia donde él me dirigía. Caímos en una cómoda pila de paja que se hacía presente a gran cantidad en el establo.
Harry: Espera un segundo, amor –se alejó de mi boca con clara dificultad para hablar-
¿Qué querría hacer ese chico ahora? Seguro que alguna locura, como siempre.
Harry: Listo –dijo ahora más tranquilo y continúo besándome-
Yo: Espera… –musité- ¿Qué fuiste a hacer?
Harry: Me puse una venda en los ojos –pronunció- Si voy a hacer algo inolvidable contigo me gustaría hacerlo en tus mismas condiciones.
Yo: Te amo –susurré-
No podía creer lo que él había hecho, cada día me sorprendía más. Eso probablemente fue lo más lindo que alguien había hecho por mí.
Esa noche Harry me hizo el amor.
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No doy más explicaciones xd, porque la mayoría os lo imaginareis xD
Espero que os guste y pidais siguiente :D
Lo agarré de uno de sus brazos y lo ayudé a subir. Era un loco, solo a él se le ocurrían esas cosas.
Cuando ya todo su cuerpo se encontró en mi balcón, no pude hacer otra cosa que quitarme la curiosidad.
Yo: Casi te matas, tonto; ¿por qué has venido?
Harry: Tengo una idea –fue lo único que dijo-
Yo: Si mi padre se llegara a enterar de que estás aquí, te matará –le aseguré mientras cerraba la puerta detrás de mi- ¿Qué tienes en mente?
Harry: Bueno… se me había ocurrido que quizá podríamos ir a un lugar… –contestó de manera nerviosa-
Yo: ¿De qué hablas? –pregunté sin entender-
Harry: Quiero escaparme contigo, mi amor.
Yo: ¿Qué? ¿Tomaste algo? –inquirí realmente estupefacta-
Harry: Vamos, solo será una noche –rogó- Quisiera que estemos un rato a solas.
Yo: Supongamos que hipotéticamente, yo aceptara ir contigo... ¿Qué es exactamente lo que piensas hacer? –fruncí el ceño-
Harry: Algo que aquella vez en el campo no pudimos terminar –susurró cerca de mi oído; ese chico quería matarme-
Aunque no iba a negar que a diferencia de esa noche, ahora sí estaba lista.
Harry: ¿Y bien? –indagó- ¿Vienes o no?
Yo: Mmm... –vacilé- Está bien. Pero promete que mañana en la tarde estaremos de nuevo aquí.
Harry: Lo prometo, amor –besó mis labios. Me gustaba tanto que me llamara así-
Rápidamente acomodé dos conjuntos de ropa en una mochila y bajé silenciosamente con el chico por la azotea. Aún llevaba mi pijama puesto, una bermuda algo rota, y una camiseta que apenas tapaba mi ombligo. Al parecer él ya tenía todo más que preparado porque un coche estaba en frente de la casa y me hizo subir a él.
Media hora más tarde bajamos en lo que era, según él, el campo de un viejo chico al cual conocía. No entramos a la casa. Por el contrario, Harry me llevó al establo de los caballos –me di cuenta por el olor–.
Esperé a que encendiera las velas, no había luz eléctrica; luego nos sentamos a conversar. Hablamos un largo rato sin ningún silencio, siempre había cosas de las que hablar con él.
Estaba sedienta. Apenas se lo mencioné, este me dijo que aguardara un momento que ya me traería algo para beber. Pero pasaban los minutos y él aún no volvía. Estaba empezando a preocuparme, además de que también tenía mucho miedo; la simple idea de quedarme sola, en un establo, en medio de la noche, con las feroces criaturas que me estaba imaginando, me aterraba.
Entonces, en ese preciso instante, sentí una respiración en mi oído y una mano en mi cintura; me llevé el susto de mi vida. Un escalofrío me recorrió.
Harry: Aquí tienes –susurró en mi oreja-
Yo: Gracias…
Tomé rápidamente el contenido del vaso y lo dejé a un lado. Harry todavía me tenía envuelta en sus brazos; la cosa no se había puesto tan intensa hasta que el muchacho me apretó contra su torso. Sentí cada parte de su cuerpo en mi espalda. El estaba jugando con fuego, y sabía que, tarde o temprano, nos íbamos a quemar.
Harry: ¿Te he dicho lo hermosa que estás? –musitó tiernamente-
Yo: Creo que no… -contesté nerviosa-
Harry: Pues déjame decirte que estás tan hermosa que se me acelera el corazón cada vez que te miro.
Yo: No exageres Styles –sonreí-
El chico me hizo girar sobre mis talones para quedar frente a él. Obviamente no pude ver sus ojos, pero sí sentirlo. Había algo, una extraña fuerza, que cuando estaba con él, me hacía creer que recuperaría la vista; a pesar, de que eso sería imposible.
Harry: No estoy exagerando; mira –tomó una de mis manos y la colocó sobre su pecho- ¿Escuchas lo veloz que late?
Yo: No logro percibir nada Hazza…
Harry: Acércate un poco más –obedecí- ¿Ahora?
La verdad era que no lograba escuchar nada.
Yo: Tampoco. Voy a acercarme más…
Harry: Elisa, no se si te conviene acercarte más, corres riesgo –su voz sonó algo extraña-
Yo: ¿Riesgo? ¿De qué estás…
Y en ese momento supe a que “peligro” se refería. Dejé que me besara y me sostuviera entre sus brazos. Sus labios me transportaban a otro universo que en realidad solo conocía con él. Harry empezó a caminar y yo solo me dejaba llevar por su cuerpo hacia donde él me dirigía. Caímos en una cómoda pila de paja que se hacía presente a gran cantidad en el establo.
Harry: Espera un segundo, amor –se alejó de mi boca con clara dificultad para hablar-
¿Qué querría hacer ese chico ahora? Seguro que alguna locura, como siempre.
Harry: Listo –dijo ahora más tranquilo y continúo besándome-
Yo: Espera… –musité- ¿Qué fuiste a hacer?
Harry: Me puse una venda en los ojos –pronunció- Si voy a hacer algo inolvidable contigo me gustaría hacerlo en tus mismas condiciones.
Yo: Te amo –susurré-
No podía creer lo que él había hecho, cada día me sorprendía más. Eso probablemente fue lo más lindo que alguien había hecho por mí.
Esa noche Harry me hizo el amor.
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No doy más explicaciones xd, porque la mayoría os lo imaginareis xD
Espero que os guste y pidais siguiente :D
Capítulo 64
Después de oír al muchacho pronunciar con suma sinceridad aquellas dos palabras, percibí como se aproximaba lentamente y a paso silencioso hacia mí.
No estaba equivocada, porque en no más de medio segundo, ya me tenía encerrada en sus amplios brazos, tomándome por la cintura. El ritmo de su respiración penetró dulcemente por mis oídos; dejándome completamente inmóvil.
En el preciso instante en que al fin reaccioné, me alejé de él. Pero mientras retrocedía, el se acercaba, más y más.
Yo: Harry… ¿Qué estás haciendo? –inquirí nerviosa-
Sentí como se detuvo. Permanecí callada.
Sin decir nada, lo hizo de nuevo. Y otra vez me encontré en la tan conocida situación: estaba a punto de chocar contra unos de los cuatro postes que sostenían aquel hermoso tejado.
Yo: Harry ya…basta –fue lo único que me salió decir-
Harry: Solo un beso –musitó finalmente-
Fue más vertiginoso que yo, mucho más veloz, y me envolvió con sus brazos, esta vez más fuerte.
Yo: Por favor Harry…
Harry: De verdad, lo necesito –pidió; con aquella voz que probablemente haya inventado para derretir el corazón de cualquier mujer-
Yo me limité a negar, moviendo mi rostro hacia la derecha e izquierda. Sorpresivamente, él de nuevo volvió a ganarme; y me apretó con astucia las nalgas.
Yo: ¡Harry! –lo reté-
Harry: Me besas o sino…
Yo: ¿Si no qué? –me atreví a hacer frente-
Harry: Sufrirás… –hizo una pausa- ¡De una guerra de cosquillas!
Yo: No te atreverías –fruncí el ceño-
Harry: A que sí.
Di media vuelta para salir corriendo. Fue imposible porque él ya me había atrapado e inundaba mi cuerpo de insoportables cosquillas. Luché y pataleé hasta escaparme; comencé a correr hacia los cortos y extensos pastos que se hacían presentes en aquel enorme lugar.
Harry: ¡Elisa detente! –gritó desde atrás-
Yo: ¡Ya quisieras Styles!
Harry: No puedes ver, te golpearás con algo –insistió con un tono de rezongo-
Yo: Eso no pasará, ya conozco este…
Y otra vez, para mi mala suerte, todo no salía precisamente como lo tenía planeado. Tropecé con una piedra muy grande.
Harry: ¡Elisa! –chilló el muchacho cuando llegó a su alcance-
Ella estaba tendida en el suelo, sin mover un solo pelo. Se acomodó sobre ella, hincándose a la altura de sus caderas, con cuidado de no ejercerle demasiado peso.
Harry: ¡Contesta por favor!
La sacudió bruscamente.
Harry: Dí algo. ¡Habla, necesito que estés bien! –maldecía el chico a medida que las lágrimas empezaban a deslizarse por sus ojos- Me muero si te pasa algo, eres el aire que respiro.
Fue entonces cuando Elisa se echó a reír como si le hubiesen contado el chiste más gracioso del mundo; mientras que él la observaba con el ceño fruncido sin entender.
Elisa: “Me muero si te pasa algo, eres el aire que respiro” –se burló en una carcajada-
Harry: ¡No es gracioso, Elisa! –soltó avergonzado, pero a la vez enfadado-
Elisa: Sí lo es…deberías haber escuchado tu voz –sentenció con la respiración agitada de tanto reírse-
Luego, cuando se calmó, se enderezó e intento ponerse de pie, pero el estaba encima de ella y se lo impedía.
Elisa: Harry… ¿puedes? –susurró en el intento de levantarse-
Harry: No.
Elisa: Harry déjame levantarme –le exigió algo perturbada-
Harry: Dije que no.
Elisa: ¿Qué quieres que haga? –preguntó-
Harry: Me parece que tienes algo que decirme –alargó-
Elisa: ¿Yo? No lo creo.
Harry acortó aún más distancia, quedando completamente acostado sobre ella. Jamás había deseado a una mujer como en aquel momento la deseó a ella.Elisa: ¡Bueno sí! –aceptó- Yo…bueno…eh… –se recargó los pulmones de aire- Lo siento, de verdad. Siento haberme ido, siento no haber confiado en ti, sabes bien que me dolió tanto como a ti. Quisiera que nos demos otra oportunidad, quisiera empezar de cero y… –estaba hablando demasiado rápido; sus palabras se tocaban unas con otras. Pero Harry no pudo resistirse y la calló de un beso. Con eso se dijeron todo lo que por dos años no habían podido. Comenzó siendo lento, pero rápidamente se transformó en probablemente, el beso más apasionado que haya existido.
El estaba loco e irremediablemente enamorado de ella; siempre lo había estado. La había anhelado toda su vida, aunque sólo hacía un poco más de dos años que la conocía. Elisa era diferente a todas las mujeres con las que había estado. Furtivamente sintió el impulso de quitarle aquel provocador vestido, y entonces…, sobre el pasto… seguir besándola y…, hacerla mujer, de la manera más salvaje… Pero tuvo que aguantarse las ganas, y quitó esos pensamientos de su cabeza.
Una vez que pararon, cogidos de la mano, se dirigieron a bailar debajo de aquel solitario y mágico sitio. Estuvieron con sus cuerpos unidos, como si fueran uno, hasta que la fiesta terminó. Harry se despidió de ella y se fue rápidamente porque no quería que nadie lo reconociera.
Narra Elisa:
Llegué a casa más tarde de lo que había ideado. Mi madre me recibió con un “¿cómo te fue?”. No pude hacer otra cosa que contarle cada detalle; ya qué, después de todo, ella no se había equivocado cuando había dicho que sería la mejor noche de mi vida. Nos tomamos un café, ya eran las tres y media de la madrugada.
Subí a mi habitación y miré alrededor mientras me dejaba caer cansada sobre la cama, recordando con lujo y detalle lo que había disfrutado aquella noche. Harry Styles me hacía sentir completa. Era ciertamente el hombre con el que planeaba pasar el resto de mi vida. Mis pensamientos se entorpecieron cuando sentí un extraño ruido en la terraza de mi dormitorio. Caminé lentamente y corrí la cortina. Susurró mi nombre. Allí estaba, el demente más grande del planeta: Harry.
No estaba equivocada, porque en no más de medio segundo, ya me tenía encerrada en sus amplios brazos, tomándome por la cintura. El ritmo de su respiración penetró dulcemente por mis oídos; dejándome completamente inmóvil.
En el preciso instante en que al fin reaccioné, me alejé de él. Pero mientras retrocedía, el se acercaba, más y más.
Yo: Harry… ¿Qué estás haciendo? –inquirí nerviosa-
Sentí como se detuvo. Permanecí callada.
Sin decir nada, lo hizo de nuevo. Y otra vez me encontré en la tan conocida situación: estaba a punto de chocar contra unos de los cuatro postes que sostenían aquel hermoso tejado.
Yo: Harry ya…basta –fue lo único que me salió decir-
Harry: Solo un beso –musitó finalmente-
Fue más vertiginoso que yo, mucho más veloz, y me envolvió con sus brazos, esta vez más fuerte.
Yo: Por favor Harry…
Harry: De verdad, lo necesito –pidió; con aquella voz que probablemente haya inventado para derretir el corazón de cualquier mujer-
Yo me limité a negar, moviendo mi rostro hacia la derecha e izquierda. Sorpresivamente, él de nuevo volvió a ganarme; y me apretó con astucia las nalgas.
Yo: ¡Harry! –lo reté-
Harry: Me besas o sino…
Yo: ¿Si no qué? –me atreví a hacer frente-
Harry: Sufrirás… –hizo una pausa- ¡De una guerra de cosquillas!
Yo: No te atreverías –fruncí el ceño-
Harry: A que sí.
Di media vuelta para salir corriendo. Fue imposible porque él ya me había atrapado e inundaba mi cuerpo de insoportables cosquillas. Luché y pataleé hasta escaparme; comencé a correr hacia los cortos y extensos pastos que se hacían presentes en aquel enorme lugar.
Harry: ¡Elisa detente! –gritó desde atrás-
Yo: ¡Ya quisieras Styles!
Harry: No puedes ver, te golpearás con algo –insistió con un tono de rezongo-
Yo: Eso no pasará, ya conozco este…
Y otra vez, para mi mala suerte, todo no salía precisamente como lo tenía planeado. Tropecé con una piedra muy grande.
Harry: ¡Elisa! –chilló el muchacho cuando llegó a su alcance-
Ella estaba tendida en el suelo, sin mover un solo pelo. Se acomodó sobre ella, hincándose a la altura de sus caderas, con cuidado de no ejercerle demasiado peso.
Harry: ¡Contesta por favor!
La sacudió bruscamente.
Harry: Dí algo. ¡Habla, necesito que estés bien! –maldecía el chico a medida que las lágrimas empezaban a deslizarse por sus ojos- Me muero si te pasa algo, eres el aire que respiro.
Fue entonces cuando Elisa se echó a reír como si le hubiesen contado el chiste más gracioso del mundo; mientras que él la observaba con el ceño fruncido sin entender.
Elisa: “Me muero si te pasa algo, eres el aire que respiro” –se burló en una carcajada-
Harry: ¡No es gracioso, Elisa! –soltó avergonzado, pero a la vez enfadado-
Elisa: Sí lo es…deberías haber escuchado tu voz –sentenció con la respiración agitada de tanto reírse-
Luego, cuando se calmó, se enderezó e intento ponerse de pie, pero el estaba encima de ella y se lo impedía.
Elisa: Harry… ¿puedes? –susurró en el intento de levantarse-
Harry: No.
Elisa: Harry déjame levantarme –le exigió algo perturbada-
Harry: Dije que no.
Elisa: ¿Qué quieres que haga? –preguntó-
Harry: Me parece que tienes algo que decirme –alargó-
Elisa: ¿Yo? No lo creo.
Harry acortó aún más distancia, quedando completamente acostado sobre ella. Jamás había deseado a una mujer como en aquel momento la deseó a ella.Elisa: ¡Bueno sí! –aceptó- Yo…bueno…eh… –se recargó los pulmones de aire- Lo siento, de verdad. Siento haberme ido, siento no haber confiado en ti, sabes bien que me dolió tanto como a ti. Quisiera que nos demos otra oportunidad, quisiera empezar de cero y… –estaba hablando demasiado rápido; sus palabras se tocaban unas con otras. Pero Harry no pudo resistirse y la calló de un beso. Con eso se dijeron todo lo que por dos años no habían podido. Comenzó siendo lento, pero rápidamente se transformó en probablemente, el beso más apasionado que haya existido.
El estaba loco e irremediablemente enamorado de ella; siempre lo había estado. La había anhelado toda su vida, aunque sólo hacía un poco más de dos años que la conocía. Elisa era diferente a todas las mujeres con las que había estado. Furtivamente sintió el impulso de quitarle aquel provocador vestido, y entonces…, sobre el pasto… seguir besándola y…, hacerla mujer, de la manera más salvaje… Pero tuvo que aguantarse las ganas, y quitó esos pensamientos de su cabeza.
Una vez que pararon, cogidos de la mano, se dirigieron a bailar debajo de aquel solitario y mágico sitio. Estuvieron con sus cuerpos unidos, como si fueran uno, hasta que la fiesta terminó. Harry se despidió de ella y se fue rápidamente porque no quería que nadie lo reconociera.
Narra Elisa:
Llegué a casa más tarde de lo que había ideado. Mi madre me recibió con un “¿cómo te fue?”. No pude hacer otra cosa que contarle cada detalle; ya qué, después de todo, ella no se había equivocado cuando había dicho que sería la mejor noche de mi vida. Nos tomamos un café, ya eran las tres y media de la madrugada.
Subí a mi habitación y miré alrededor mientras me dejaba caer cansada sobre la cama, recordando con lujo y detalle lo que había disfrutado aquella noche. Harry Styles me hacía sentir completa. Era ciertamente el hombre con el que planeaba pasar el resto de mi vida. Mis pensamientos se entorpecieron cuando sentí un extraño ruido en la terraza de mi dormitorio. Caminé lentamente y corrí la cortina. Susurró mi nombre. Allí estaba, el demente más grande del planeta: Harry.
miércoles, 10 de abril de 2013
Capítulo 63
Harry: ¿Qué haces tú aquí? –su voz sonaba como una caricia para mis oídos-
Yo: Yo pregunté primero –inquirí mientras trataba de aguantar las ganas terribles de llorar, que provenían de una extraña sensación en mi pecho-
Él rió ante mi respuesta.
Harry: ¿Recuerdas cuando te dije que serías mía, cueste lo que cueste? –dijo el muchacho algo dudoso-
Yo: Harry, me estás contestando con otra pregunta…
Una lágrima se deslizó por mi rostro. Su mano derecha hizo contacto con mi piel –para limpiar mi mejilla– un escalofrío bajó desde mi espalda hacia todo el cuerpo.
Harry: Solo dime si lo recuerdas –repitió el-
Yo: Sí, lo hago.
Harry: Siempre cumplo lo que prometo…
Un incómodo silencio se apoderó del lugar. Había esperado aquel momento durante más de dos años, y era increíble tenerlo así de cerca, todavía no estaba segura de que no era un simple sueño, o una alucinación.
Yo: ¿Cómo me encontraste? –rompí el hielo-
Harry: Te busqué en todo el planeta.
Se me estaba haciendo difícil no perderme en la dulce armonía de cada una de sus palabras.
Yo: Tú de verdad tienes problemas –susurré algo irritada, no era normal que una persona se preocupase tanto por mi-
Harry: Tal vez. Pero valió la pena, y lo volvería a hacer por ti.
Permanecí inquieta, tratando de imaginarme la belleza que su rostro debía estar imponiendo en ese preciso momento; pero era una ventaja no poder ver su perfección, al menos así podía hablar sin perderme en sus ojos y mezclar las palabras.
Harry: ¿Por qué no llamaste? –me tomó desprevenida-
Yo: ¿Por qué rechazaste tu contrato? –pregunté, aunque ya sabía la respuesta-
Harry: Ahora yo pregunté primero –sentenció algo chistoso-
Yo: Harry, yo... no tuve tiempo.
Harry: No me digas que no tuviste tiempo, porque sí lo tuviste. Elisa habíamos dicho que no era el final, que solo sería por un tiempo y luego tú…te rendiste, te fuiste, dejándome solo –me reclamó tratando de no llevar la charla a una discusión…pero era inevitable-
Yo: ¡No estabas solo! –elevé la voz, exasperada-
Harry: ¡Sí lo estaba! ¿Cómo vivir sin lo único que te mantiene respirando? –musitó indignado-
Yo: ¡Já! Si yo fuera lo "único que te mantiene respirando" no hubieras firmado ese contrato –afirmé-
Harry: ¡Fuiste tú la que me dijiste qué hacer!
Yo: ¿Y tenías que escucharme? Por favor… ¡sabes que soy irrevocablemente orgullosa! –lo culpé-
Harry: Yo creo que estás más chiflada que nunca…
Yo: Y tú sigues siendo el mismo egocéntrico inmaduro del primer día –le saqué la lengua, como si fuera una niñita encaprichada-
Harry: ‘Oh perdón’, habló la presidenta de los EEUU –dijo en tono burlón-
Yo: ¿Para qué regresaste? ¡Me haces enfadar con tanta facilidad! ¿Por qué no solo te largas?
Harry: Porque eso no es lo que quieres –pronunció demasiado seguro-
Yo: ¿Y tú como sabes qué es lo que quiero? –lo desafié-
Harry: Porque el fuego enciende más fogatas que las que el odio puede extinguir; porque sencillamente no estoy dispuesto a cometer el mismo error de la última vez, claro que no. No voy a dejarte decidir como lo hiciste con el contrato. Por que al fin de cuentas no estamos haciendo nada distinto a lo que solíamos hacer; ahora nos peleamos, luego nos vamos a estar besando como desesperados, después hablaremos largas horas, te haré reír, me harás sentir el hombre más feliz del mundo; y luego pelearemos de nuevo, así sucesivamente.
Yo: ¿Qué, ya te olvidaste de que era una ‘chiflada’? –objeté-
Harry: No, no lo hice. ¿Y sabes qué? Me fascina, me fascina la forma graciosa en la que bailas, como todo lo que vistes te queda bien, la risa contagiosa e irritable que tienes, lo orgullosa y terca que eres, hasta la manera en la que me ganas en los videojuegos; pero lo que más me fascina, Elisa Hernando, es que cuando estoy contigo puedo ser yo.
Ni dios sabía lo mucho que extrañaba escuchar sus tiernas palabras, que siempre me dejaban sin aliento. Pero de cierta forma me encontraba en un aprieto, porque estaba segura, de que sería difícil, muy difícil, rehacer nuestra historias de amor.
Aunque ¿a quién quería engañar? Jamás me resistiría a esa perfección. Aún lo deseaba tanto como la primera vez.
Yo: Veo que aún sigues siendo enormemente cursi –solté una risita-
Harry: Toda la cursilería está justificada…
Yo: …cuando uno ama realmente. Lo sé –lo interrumpí, recordando lo que nuestra primer día como novios me había dicho-
Harry: Aún lo recuerdas –suspiró-
Yo: ¿Te crees capaz de vivir con una ciega? –indagué insegura-
Harry: ¿Tienes alguna duda de eso? –pude percibir como fruncía el ceño-
Yo: ¿Debería tenerla? –enarqué una ceja-
Harry: ¿La tienes?
Yo: Creo que no…
Harry: ¿Creo? –era divertido la manera en que jugábamos-
Yo: No, no la tengo –acepté de una vez por todas-
Harry: ¿Apostarías de nuevo por mí? –dijo entre sorpresa y expectativa-
Yo: Sin lugar a duda –contesté sonriendo-
Harry: Te amo –musitó, vocalizando las palabras con infinito placer-
Yo: Yo pregunté primero –inquirí mientras trataba de aguantar las ganas terribles de llorar, que provenían de una extraña sensación en mi pecho-
Él rió ante mi respuesta.
Harry: ¿Recuerdas cuando te dije que serías mía, cueste lo que cueste? –dijo el muchacho algo dudoso-
Yo: Harry, me estás contestando con otra pregunta…
Una lágrima se deslizó por mi rostro. Su mano derecha hizo contacto con mi piel –para limpiar mi mejilla– un escalofrío bajó desde mi espalda hacia todo el cuerpo.
Harry: Solo dime si lo recuerdas –repitió el-
Yo: Sí, lo hago.
Harry: Siempre cumplo lo que prometo…
Un incómodo silencio se apoderó del lugar. Había esperado aquel momento durante más de dos años, y era increíble tenerlo así de cerca, todavía no estaba segura de que no era un simple sueño, o una alucinación.
Yo: ¿Cómo me encontraste? –rompí el hielo-
Harry: Te busqué en todo el planeta.
Se me estaba haciendo difícil no perderme en la dulce armonía de cada una de sus palabras.
Yo: Tú de verdad tienes problemas –susurré algo irritada, no era normal que una persona se preocupase tanto por mi-
Harry: Tal vez. Pero valió la pena, y lo volvería a hacer por ti.
Permanecí inquieta, tratando de imaginarme la belleza que su rostro debía estar imponiendo en ese preciso momento; pero era una ventaja no poder ver su perfección, al menos así podía hablar sin perderme en sus ojos y mezclar las palabras.
Harry: ¿Por qué no llamaste? –me tomó desprevenida-
Yo: ¿Por qué rechazaste tu contrato? –pregunté, aunque ya sabía la respuesta-
Harry: Ahora yo pregunté primero –sentenció algo chistoso-
Yo: Harry, yo... no tuve tiempo.
Harry: No me digas que no tuviste tiempo, porque sí lo tuviste. Elisa habíamos dicho que no era el final, que solo sería por un tiempo y luego tú…te rendiste, te fuiste, dejándome solo –me reclamó tratando de no llevar la charla a una discusión…pero era inevitable-
Yo: ¡No estabas solo! –elevé la voz, exasperada-
Harry: ¡Sí lo estaba! ¿Cómo vivir sin lo único que te mantiene respirando? –musitó indignado-
Yo: ¡Já! Si yo fuera lo "único que te mantiene respirando" no hubieras firmado ese contrato –afirmé-
Harry: ¡Fuiste tú la que me dijiste qué hacer!
Yo: ¿Y tenías que escucharme? Por favor… ¡sabes que soy irrevocablemente orgullosa! –lo culpé-
Harry: Yo creo que estás más chiflada que nunca…
Yo: Y tú sigues siendo el mismo egocéntrico inmaduro del primer día –le saqué la lengua, como si fuera una niñita encaprichada-
Harry: ‘Oh perdón’, habló la presidenta de los EEUU –dijo en tono burlón-
Yo: ¿Para qué regresaste? ¡Me haces enfadar con tanta facilidad! ¿Por qué no solo te largas?
Harry: Porque eso no es lo que quieres –pronunció demasiado seguro-
Yo: ¿Y tú como sabes qué es lo que quiero? –lo desafié-
Harry: Porque el fuego enciende más fogatas que las que el odio puede extinguir; porque sencillamente no estoy dispuesto a cometer el mismo error de la última vez, claro que no. No voy a dejarte decidir como lo hiciste con el contrato. Por que al fin de cuentas no estamos haciendo nada distinto a lo que solíamos hacer; ahora nos peleamos, luego nos vamos a estar besando como desesperados, después hablaremos largas horas, te haré reír, me harás sentir el hombre más feliz del mundo; y luego pelearemos de nuevo, así sucesivamente.
Yo: ¿Qué, ya te olvidaste de que era una ‘chiflada’? –objeté-
Harry: No, no lo hice. ¿Y sabes qué? Me fascina, me fascina la forma graciosa en la que bailas, como todo lo que vistes te queda bien, la risa contagiosa e irritable que tienes, lo orgullosa y terca que eres, hasta la manera en la que me ganas en los videojuegos; pero lo que más me fascina, Elisa Hernando, es que cuando estoy contigo puedo ser yo.
Ni dios sabía lo mucho que extrañaba escuchar sus tiernas palabras, que siempre me dejaban sin aliento. Pero de cierta forma me encontraba en un aprieto, porque estaba segura, de que sería difícil, muy difícil, rehacer nuestra historias de amor.
Aunque ¿a quién quería engañar? Jamás me resistiría a esa perfección. Aún lo deseaba tanto como la primera vez.
Yo: Veo que aún sigues siendo enormemente cursi –solté una risita-
Harry: Toda la cursilería está justificada…
Yo: …cuando uno ama realmente. Lo sé –lo interrumpí, recordando lo que nuestra primer día como novios me había dicho-
Harry: Aún lo recuerdas –suspiró-
Yo: ¿Te crees capaz de vivir con una ciega? –indagué insegura-
Harry: ¿Tienes alguna duda de eso? –pude percibir como fruncía el ceño-
Yo: ¿Debería tenerla? –enarqué una ceja-
Harry: ¿La tienes?
Yo: Creo que no…
Harry: ¿Creo? –era divertido la manera en que jugábamos-
Yo: No, no la tengo –acepté de una vez por todas-
Harry: ¿Apostarías de nuevo por mí? –dijo entre sorpresa y expectativa-
Yo: Sin lugar a duda –contesté sonriendo-
Harry: Te amo –musitó, vocalizando las palabras con infinito placer-
martes, 9 de abril de 2013
Capítulo 62
Desperté enmarañada entre las sabanas. Abrí el ojo derecho; el sol entraba a través de los espacios entre las cortinas.
[¡Por dios, hoy me gradúo!] Pensé. Después de todo eso era lo que los adolescentes anhelaban desde su primer día de clase.
Mientras me ponía las zapatillas mi madre me tomó completamente desprevenida, entrando sin tocar.
Esther: ¡Buenos días cariño! –exclamó mientras me abrazaba-
Yo: ¡Mamá! Podrías haber llamado –le dije algo exasperada-
Esther: Lo siento hija, por favor no te enfades, hoy tienes que estar contenta. ¡Es el día tan esperado, será la mejor noche de tu vida! –contestó excesivamente entusiasmada-
Yo: Bueno, mami, tampoco exageres –me reí-
Ella frunció el ceño, presumiéndome algo que no logré entender.
Esther: Si yo te digo que será la mejor noche de tu vida, es porque lo será. No te imaginas todo lo que ocurrirá.
Y otra vez pasó; volví a encontrarle doble sentido a sus palabras. Estaba totalmente segura de que me estaba escondiendo algo.
Yo: ¡Ya dime que sabes que yo no sé! –dije cruzándome de brazos, haciendo un puchero-
Esther: No se de que estas hablando –dijo algo burlona-
Yo: Pero…
Esther: Pero nada, querida. Toma el desayuno que hoy es tu último día de clase, no querrás llegar tarde –besó mi frente-
Yo: Como digas, mamá.
Me senté sobre la cama y rápidamente acabé el rico desayuno que la señora que acababa de darme un beso en la frente, había preparado. Luego me vestí a velocidad de la luz, y salí con Edward en camino al instituto.
Extrañamente la tarde se fue volando. ¡Maldición! Todos los días de clase siempre me parecían largos y aburridos, y justo el último tuvo que ser precipitado.
Las chicas no se detuvieron ni un segundo, permanecieron toda la jornada hablando del baile. Qué ropa llevarían, con quién bailarían, hasta charlaron acerca de los posibles “reyes”.
El timbre final sonó. Todos corrimos a abrazarnos y cantamos un par de canciones juntos, fue hermoso, a pesar de que tomaríamos caminos separados, planeábamos seguir viéndonos; aunque fuera algunas veces.
Atravesé la puerta de casa y en un soplo mi madre se encontraba abrazándome. Sin decir ni una palabra, recogió una caja dorada grande, y me la entregó.
Suspiré con aire imprudente y comencé a abrirla. Pasé mis manos sobre el contenido, si no me equivocaba, era un vestido.
Esther: ¿Te acuerdas de aquel vestido que alguna vez te mostré, el que usé la primera vez que vi a tu padre? –susurró-
¿Cómo olvidarlo? Mi memoria lo guardaba a la perfección. Era sencillamente fascinante, cuando lo había visto me había quedado sin respiración. Rojo, delicado, fino y soñado.
Yo: ¡Gracias mamá! –me abalancé sobre ella y la ahogué en un abrazo-
Subí en menos de tres saltos las escaleras y vino mi tía a ayudarme con el arreglo y el maquillaje.
Cuando estuve lista bajé las escaleras con cuidado.
Mario: Estás hermosa –lo sentí suspirar y lagrimear-
Esther: Alguien se quedará sin respiración… –balbució casi inaudible, pero la oí-
Yo: ¿Quién?
Esther: Eh…nadie hija, nadie –respondió nerviosa- Vamos a sacarnos una foto.
Nos tomamos aproximadamente trescientas millones de fotos, o quizá bastantes menos; la cuestión fue que demoramos una eternidad.
El chófer me llevó hacia el lugar.
Había chicos videntes y no videntes. Hablé un montón con todos mis compañeros de curso y con algunos viejos amigos.
Bailé hasta que me dolieron los pies. Pero no tenía en mente parar hasta el segundo final.
Ser ciega no significaba que tenía que dejar de hacer todo lo que las demás personas podían, en mi ocasión, me sentía como una persona normal y sin dificultad para hacer nada. Bailaba, corría, cantaba y saltaba como si tuviera vista, obviamente que a veces me caía, pero nada más que eso.
En un momento una canción lenta invadió la pista. No sabía que hacer, no tenía con quién bailar, así que me quedé quieta como una piedra.
Entonces sentí como todo mi mundo, mi esfuerzo y mi aliento se venían abajo conmigo, él tomó mi cintura.
Mi corazón latió con una fuerza devastadora y luego paró de repente de forma teatral.
Después de tanto tiempo volví a sentir su piel, su aroma, su todo. A pesar de que no podía verlo, no había estado nunca tan segura de algo, estaba convencida, era él. No dijo nada, solamente nos quedamos conectados –como tantas veces– hasta que sentí que la cabeza comenzó a darme vueltas. Había creído que me había olvidado, que ya no le importaba. Pero estaba de vuelta, más listo que nunca para confundirme con su poder; porque solo él, Harry Edward Styles, lograba hacerme sentir de esa manera.
El seguía tomándome de la cintura y lentamente las lágrimas comenzaron a desbordarse por mi rostro.
Como solía hacerlo (huir de mis problemas) me di la vuelta y caminé derecha hasta llegar al hermoso jardín. Suspiré el aire fresco y escuché sus pasos.
¡Dios mío! Las piernas y todo mi organismo temblaban, mis manos sudaban, mi cabeza daba vueltas, pero mi cuerpo gritaba su nombre.
Me armé de coraje, teniendo en cuenta lo peligroso que sería para mis sentidos volver a escuchar su voz, y le hablé.
Yo: ¿Qué haces aquí?
[¡Por dios, hoy me gradúo!] Pensé. Después de todo eso era lo que los adolescentes anhelaban desde su primer día de clase.
Mientras me ponía las zapatillas mi madre me tomó completamente desprevenida, entrando sin tocar.
Esther: ¡Buenos días cariño! –exclamó mientras me abrazaba-
Yo: ¡Mamá! Podrías haber llamado –le dije algo exasperada-
Esther: Lo siento hija, por favor no te enfades, hoy tienes que estar contenta. ¡Es el día tan esperado, será la mejor noche de tu vida! –contestó excesivamente entusiasmada-
Yo: Bueno, mami, tampoco exageres –me reí-
Ella frunció el ceño, presumiéndome algo que no logré entender.
Esther: Si yo te digo que será la mejor noche de tu vida, es porque lo será. No te imaginas todo lo que ocurrirá.
Y otra vez pasó; volví a encontrarle doble sentido a sus palabras. Estaba totalmente segura de que me estaba escondiendo algo.
Yo: ¡Ya dime que sabes que yo no sé! –dije cruzándome de brazos, haciendo un puchero-
Esther: No se de que estas hablando –dijo algo burlona-
Yo: Pero…
Esther: Pero nada, querida. Toma el desayuno que hoy es tu último día de clase, no querrás llegar tarde –besó mi frente-
Yo: Como digas, mamá.
Me senté sobre la cama y rápidamente acabé el rico desayuno que la señora que acababa de darme un beso en la frente, había preparado. Luego me vestí a velocidad de la luz, y salí con Edward en camino al instituto.
Extrañamente la tarde se fue volando. ¡Maldición! Todos los días de clase siempre me parecían largos y aburridos, y justo el último tuvo que ser precipitado.
Las chicas no se detuvieron ni un segundo, permanecieron toda la jornada hablando del baile. Qué ropa llevarían, con quién bailarían, hasta charlaron acerca de los posibles “reyes”.
El timbre final sonó. Todos corrimos a abrazarnos y cantamos un par de canciones juntos, fue hermoso, a pesar de que tomaríamos caminos separados, planeábamos seguir viéndonos; aunque fuera algunas veces.
Atravesé la puerta de casa y en un soplo mi madre se encontraba abrazándome. Sin decir ni una palabra, recogió una caja dorada grande, y me la entregó.
Suspiré con aire imprudente y comencé a abrirla. Pasé mis manos sobre el contenido, si no me equivocaba, era un vestido.
Esther: ¿Te acuerdas de aquel vestido que alguna vez te mostré, el que usé la primera vez que vi a tu padre? –susurró-
¿Cómo olvidarlo? Mi memoria lo guardaba a la perfección. Era sencillamente fascinante, cuando lo había visto me había quedado sin respiración. Rojo, delicado, fino y soñado.
Yo: ¡Gracias mamá! –me abalancé sobre ella y la ahogué en un abrazo-
Subí en menos de tres saltos las escaleras y vino mi tía a ayudarme con el arreglo y el maquillaje.
Cuando estuve lista bajé las escaleras con cuidado.
Mario: Estás hermosa –lo sentí suspirar y lagrimear-
Esther: Alguien se quedará sin respiración… –balbució casi inaudible, pero la oí-
Yo: ¿Quién?
Esther: Eh…nadie hija, nadie –respondió nerviosa- Vamos a sacarnos una foto.
Nos tomamos aproximadamente trescientas millones de fotos, o quizá bastantes menos; la cuestión fue que demoramos una eternidad.
El chófer me llevó hacia el lugar.
Había chicos videntes y no videntes. Hablé un montón con todos mis compañeros de curso y con algunos viejos amigos.
Bailé hasta que me dolieron los pies. Pero no tenía en mente parar hasta el segundo final.
Ser ciega no significaba que tenía que dejar de hacer todo lo que las demás personas podían, en mi ocasión, me sentía como una persona normal y sin dificultad para hacer nada. Bailaba, corría, cantaba y saltaba como si tuviera vista, obviamente que a veces me caía, pero nada más que eso.
En un momento una canción lenta invadió la pista. No sabía que hacer, no tenía con quién bailar, así que me quedé quieta como una piedra.
Entonces sentí como todo mi mundo, mi esfuerzo y mi aliento se venían abajo conmigo, él tomó mi cintura.
Mi corazón latió con una fuerza devastadora y luego paró de repente de forma teatral.
Después de tanto tiempo volví a sentir su piel, su aroma, su todo. A pesar de que no podía verlo, no había estado nunca tan segura de algo, estaba convencida, era él. No dijo nada, solamente nos quedamos conectados –como tantas veces– hasta que sentí que la cabeza comenzó a darme vueltas. Había creído que me había olvidado, que ya no le importaba. Pero estaba de vuelta, más listo que nunca para confundirme con su poder; porque solo él, Harry Edward Styles, lograba hacerme sentir de esa manera.
El seguía tomándome de la cintura y lentamente las lágrimas comenzaron a desbordarse por mi rostro.
Como solía hacerlo (huir de mis problemas) me di la vuelta y caminé derecha hasta llegar al hermoso jardín. Suspiré el aire fresco y escuché sus pasos.
¡Dios mío! Las piernas y todo mi organismo temblaban, mis manos sudaban, mi cabeza daba vueltas, pero mi cuerpo gritaba su nombre.
Me armé de coraje, teniendo en cuenta lo peligroso que sería para mis sentidos volver a escuchar su voz, y le hablé.
Yo: ¿Qué haces aquí?
Capítulo 61
Mientras en la habitación de sus padres;
Esther: Amor, necesito preguntarte algo –pronunció moviendo sus dedos entre las manos-
Mario: Lo que quieras cielo –le sonrío-
Esther: Bueno, ¿recuerdas a Harry, el chico con el que Elisa salía en Londres?
Mario: Claro, ¿cómo olvidarlo?
Elisa: Me ha llamado hace un tiempo…pidiéndome que le deje ver a nuestra hija, que le diga dónde está –contó algo triste-
Mario: ¿Y tu qué le dijiste? –musitó algo contrariado, sorprendido-
Esther: Fue hace más de un año. Sin querer yo le confesé a Niall, su amigo, que estábamos en Madrid y vinieron a buscarla –miró avergonzada al suelo, tal como lo hacía su hija cuando había cometido una travesura-
Mario: ¡¿Qué hiciste que?! Querida, nuestra hija nos dijo que quería olvidarse de él. Harry no debería saber que ella está en esta ciudad –dijo desconcertado-
Esther: Lo sé, y puede ser que me haya equivocado…pero es tan solo que…
Se quedó inmóvil. Perdida en sus pensamientos.
Mario: Hermosa, ¿qué piensas? –trató de descifrar a su mujer-
Esther: Tendrías que haber visto como él la miraba. Jamás había notado tanta pasión. Y sé que Elisa aún no lo olvida, la conozco demasiado, a mi no me puede mentir. Mi amor, necesito que me des tu aprobación para darle a Harry la dirección de casa, para que la vuelva a ver…
Mario:¡¿Estás completamente loca?! Elisa te decapitaría si llegaras a hacer eso –la observó con los ojos bien abiertos, como si hubiese dicho la paranoia más grande-
Esther: Mira, quizás en un principio me odie, pero sé muy bien que luego me lo agradecerá para toda su vida... Amor, ella lo ama, está enamorada –sentenció convincente-
Mario: ¿Cómo dices eso? Es apenas una niña, no sabe de amor, no digas tonterías.
Esther: No es una niña, corazón. En dos semanas cumplirá dieciocho años. Estoy al tanto de que para ti puede haber sido muy difícil dejarla ir a Londres aquella vez, para mi también lo fue. Pero todos estos años nos hemos esforzado para que ella crezca de la mejor manera, y hubo un momento en el que pasó: se enamoró de ese muchacho. Segurísima estoy de eso, si solo hubiese sido un “flechazo de adolescentes” ya lo hubiera olvidado…pero hace más de dos años que no lo ve, y aún lo ama, al igual que él a ella. Está lista para ser feliz, y sin él no lo es.
El señor se dedicó a pensarlo unos minutos. Su mujer tenía razón.
Ella había sido su “bebé” desde siempre, y a pesar de lo complicado que podía ser, debía dejarla ir.
Mario: Tienes razón, si mi hijita es feliz, yo también lo soy…supongo que deberías decirle a Harry –se rindió-
Esther: ¡Yupi! Esto será como en las películas de amor –suspiró- Pero tengo una idea mejor…
Mario: ¿Cuál? –frunció el ceño-
Esther: Le diré a él que vaya al baile de graduación. ¡Será tan romántico! Recuerdo cuando me confesaste tu amor en el baile… -se le cayeron unas lágrimas-
El amor entre ellos dos había sido casi tan irreal y fascinante como el de Elisa y Harry. Y ella sabía el sufrimiento que era estar lejos de la persona que uno ama, porque lo había vivido en carne propia.
Así que decidió tener compasión por ellos, sobre todo por el pobre de Harry que la había buscado por agua y tierra, lo llamó.
Harry estaba sentado en esa cómoda cama del hotel. Navegando en un río de pensamientos, con la esperanza de que un milagro ocurriera.
Harry: Pero soy un idiota Styles, eres un idiota, esto no es una novela. No va llamar Dios y decirte dónde está Elisa –pensó en voz alta cuando sonó su teléfono-
Harry:¿Diga? –preguntó sin ánimos-
Esther:Harry soy Esther, voy a decirte dónde está Elisa–pronunció, y este casi se cae desmayado-
Harry:¿Se…seño…señora Esther? Debo estar soñando…
Esther:No, hijo, esto no es un sueño. ¿Quieres saberlo no? –insistió con aire maternal-
Harry:¡Claro!
Esther:Mañana por la noche, en el salón “Magic Night”, enfrente a una fuente enorme, allí la encontrarás. Ah, una cosa más, debes ir de traje.
Harry:¡Por dios! Muchas gracias, no puede imaginarse todo lo que se lo agradezco, me salvó la vida, de verdad –concluyó el chico al borde de las lágrimas-
Tanta espera no había sido en vano.
Esther:.Confío en ti Harry, sé que lo harás bien, todo saldrá perfecto.
Harry:Eso espero –suspiró-
*Fin de la llamada telefónica*
El muchacho por poco se muere de un infarto. La alegría que le vino al cuerpo fue de otro planeta, después de tantos meses sin verla, ahora sería de nuevo suya.
Narra Elisa:
Cuando llegué a casa fui a saludar a mis padres a su habitación, me extrañó que cuando entré se hubieran callado de esa manera. Mi madre parecía muy contenta.
Yo: ¿Sucede algo? –pregunté curiosa-
Esther: No, ¿cómo te fue en el salón? –cambió rápidamente de tema-
Yo: ¡Genial! –recordé entusiasmada- Me encontré con Olga y todo quedó fantástico, me hizo tan bien volver a ese lugar…
Mario: Me alegro mucho por ti hija. Esa noche será inolvidable –no supe por qué, pero le noté un doble sentido a sus últimas palabras-
Yo: ¿Inolvidable? ¿Por qué? –inquirí algo insegura-
Esther: Porque es la última noche en la que estarás con tus compañeros de curso, por eso
–aclaró perturbada-
Yo: Como digais –sonreí- Ahora me debo ir a dormir, porque si no mañana estaré muy cansada para la fiesta. Mamá, papá, os quiero, que durmais bien.
Salí trotando de su dormitorio. Algo, y no sabía qué, había sido extraño. Como si supieran algo que yo no, como si tuvieran una sorpresa, o algo escondido. “Cosas mías” me dije en mi interior mientras me acurrucaba entre las sabanas, y, en menos de diez minutos, me dormí.
Capítulo 60
Y Harry no mintió, porque en menos de cuarenta y ocho horas llegaron a donde suponían que estaba ella.
El tiempo transcurría. Madrid era un país distinto para los cinco chicos, pero tenían un objetivo muy claro, querían encontrarla.
Estaban trabajando más juntos que nunca, ni siquiera discutían o se peleaban; porque todo comparado con Elisa era insignificante.
Días y días recorrieron los pueblos y sus rincones; cada plaza, cada iglesia, hasta cada casa, sosteniendo una foto de la chica y preguntando si la conocían.
Fueron tantas veces las que estuvieron a punto de rendirse, pero Harry insistía, porque sabía, algo en lo más profundo de su alma le decía, que ella estaba en aquel lugar.
Marchaban de hotel en hotel, se hospedaban alrededor de dos semanas en cada uno, con el propósito de buscar y escudriñar en todo sitio. Aunque todas las veces acababan con las manos vacías, y tenían que volver a empezar de cero.
El verano, otoño, invierno y primavera se fueron con el viento, arrebatándoles las esperanzas una por una. Pero cuando estaban por caer, el tenaz recuerdo de Elisa los hacía levantar. Porque un tropezón, no era caída.
Muchas noches ella lloraba en silencio, con la incertidumbre de si él la estaría buscando; y rezar era lo único que le quedaba. Rezar por él.
Los momentos difíciles por los que estaba pasando le ayudaron a darse cuenta de lo infinitamente rica y hermosa que era la vida, y que hay cosas por las que uno se preocupa que no tienen ninguna importancia.
Unos meses atrás, se había dicho en su interior que debía olvidarse de ese perfecto joven, pero jamás había estado más equivocada en su vida. Cada vez era más fuerte el sentimiento, la necesidad de tenerlo cerca.
En incontables momentos la invadían ganas de entrar por la puerta de siempre, la enorme puerta de aquella hogareña mansión en Londres, de verlo allí, tan solo sentir su presencia.
Le parecía que había sido ayer cuando entró por primera vez a través de esa puerta. Porque allí se sentía tan protegida de todo y de todos, sus miedos se desvanecían cuando el simplemente la abrazaba en la cocina, en la sala, o en el dormitorio.
Pero aguantaría, no pensaba rendirse hasta olvidarlo.
Lo que no imaginaba era que Harry estaba tan cerca. Y ni muerta se le iría a pasar la idea de que él no se había relacionado con ninguna chica después de ella.
*Dos años más tarde*
Mis pensamientos se remontaban a otros lugares mientras deslizaba los dedos sobre la mesa, aquella madera era más interesante que el profesor al hablar, porque la verdad era: ¿a quién le importaba tener clases en plena tarde?
Creo yo que a nadie. Pero aún así tenía que permanecer toda la hora sentada en aquel incómodo pupitre, sin siquiera prestarle atención.
Tan distraída estaba que hasta que todos se fueron no me di cuenta de que se había acabado la materia, pero yo estaba demasiado embobada en mis ideas.
Apresuradamente me levanté del asiento y junto a mi perro me encaminé hacia la salida. Por suerte solo faltaban un par de días para que mis clases en el instituto terminaran. Al fin me graduaría.
Ansiaba tener todas las vacaciones para quedarme encerrada en mi habitación escuchando algo de música, así podía olvidar todos mis problemas. Igual nunca lograba olvidarme de todo.
Abrí la puerta de casa despreocupadamente. Sí, estar ciega no había resultado tan difícil con el tiempo, y se había hecho racionalmente llevadero.
No había nadie. Dejé mis cosas sobre la cama.
Después de quitarme toda la ropa me di una reparadora ducha fría. Me sentía demasiado bien debajo del agua.
Pero no pude permanecer allí mucho tiempo, ya que tenía una cosa muy importante que hacer. Como todos los años, la academia hacía un baile de graduación. Cuando era pequeña solía ayudar a preparar todo, aunque no asistía al instituto, pero consideraba a mucha de la gente de allí mi familia.
Y este año tenía planeado volver a hacerlo. Había elegido ser una de las organizadoras, otra vez, y eso me tenía muy entusiasmada.
Ya quería llegar a aquel hermoso y único lugar. Seguro sería tan perfecto como en el último momento en que lo había visitado.
Me vestí ágilmente y cerré la puerta con llave.
Tomé un taxi, y llegué bastante rápido. Cuando bajé, me encontré con dos fuertes brazos que me envolvieron de forma maternal. Y sí, tenía que ser ella.
Olga había sido como mi abuela desde los tres años; siempre estaba para mi cuando la necesitaba. Me gustaba visitarla y jugar a las muñecas junto a ella. Constantemente me contaba historias y compartí con ella la mayor parte de mi infancia. Olga fue la que me enseñó a cantar, la que me mostró lo mágica que podía llegar a ser la vida.
Y con ella, como en los viejos tiempos, prepararía todo para el baile.
Hablar fue poco, porque se nos fue la tarde y acompañándola, la noche. Le conté todo de lo que se había estado perdiendo. Mientras, a la misma vez en la que hablábamos, ordenábamos y decorábamos aquel precioso y gigantesco salón.
Cuando al fin terminamos –a altas horas de la madrugada– le pedí que me acompañase al jardín de aquel sitio.
Apenas salí, fue como volver a ser niña otra vez. Ese lugar me llenaba de paz y tranquilidad. Lo recordaba a la perfección, y aunque no podía verlo, podía sentirlo.
Yo: Dime que sigue siendo tan magnífico como siempre –le rogué mientras aspiraba el aire puro-
Olga: Claro que sí, pequeña. Está como la última vez que lo viste –me dijo-
Mi memoria nunca fallaba. El extraordinario jardín estaba lleno de flores amarillas, naranjas y blancas, adornado con cintas y lazos de seda, que colgaban sobre los numerosos tipos de arbustos. La extensa fuente se hallaba en el medio del jardín y estaba rodeada de farolas. Resplandecía con las luces sobre las plantas y la parte más hermosa, sin duda, era el preciso lugar en el que estábamos paradas. Era una especie de techo, pintado de amarillo, desde ahí se podía observar todo. Tenía largas barandillas. En las películas era el lugar en donde los enamorados siempre bailaban, así de bonito era.
Lo que no me imaginaba era que en menos de veinticuatro horas, estaría precisamente allí, pero acompañada.
El tiempo transcurría. Madrid era un país distinto para los cinco chicos, pero tenían un objetivo muy claro, querían encontrarla.
Estaban trabajando más juntos que nunca, ni siquiera discutían o se peleaban; porque todo comparado con Elisa era insignificante.
Días y días recorrieron los pueblos y sus rincones; cada plaza, cada iglesia, hasta cada casa, sosteniendo una foto de la chica y preguntando si la conocían.
Fueron tantas veces las que estuvieron a punto de rendirse, pero Harry insistía, porque sabía, algo en lo más profundo de su alma le decía, que ella estaba en aquel lugar.
Marchaban de hotel en hotel, se hospedaban alrededor de dos semanas en cada uno, con el propósito de buscar y escudriñar en todo sitio. Aunque todas las veces acababan con las manos vacías, y tenían que volver a empezar de cero.
El verano, otoño, invierno y primavera se fueron con el viento, arrebatándoles las esperanzas una por una. Pero cuando estaban por caer, el tenaz recuerdo de Elisa los hacía levantar. Porque un tropezón, no era caída.
Muchas noches ella lloraba en silencio, con la incertidumbre de si él la estaría buscando; y rezar era lo único que le quedaba. Rezar por él.
Los momentos difíciles por los que estaba pasando le ayudaron a darse cuenta de lo infinitamente rica y hermosa que era la vida, y que hay cosas por las que uno se preocupa que no tienen ninguna importancia.
Unos meses atrás, se había dicho en su interior que debía olvidarse de ese perfecto joven, pero jamás había estado más equivocada en su vida. Cada vez era más fuerte el sentimiento, la necesidad de tenerlo cerca.
En incontables momentos la invadían ganas de entrar por la puerta de siempre, la enorme puerta de aquella hogareña mansión en Londres, de verlo allí, tan solo sentir su presencia.
Le parecía que había sido ayer cuando entró por primera vez a través de esa puerta. Porque allí se sentía tan protegida de todo y de todos, sus miedos se desvanecían cuando el simplemente la abrazaba en la cocina, en la sala, o en el dormitorio.
Pero aguantaría, no pensaba rendirse hasta olvidarlo.
Lo que no imaginaba era que Harry estaba tan cerca. Y ni muerta se le iría a pasar la idea de que él no se había relacionado con ninguna chica después de ella.
*Dos años más tarde*
Mis pensamientos se remontaban a otros lugares mientras deslizaba los dedos sobre la mesa, aquella madera era más interesante que el profesor al hablar, porque la verdad era: ¿a quién le importaba tener clases en plena tarde?
Creo yo que a nadie. Pero aún así tenía que permanecer toda la hora sentada en aquel incómodo pupitre, sin siquiera prestarle atención.
Tan distraída estaba que hasta que todos se fueron no me di cuenta de que se había acabado la materia, pero yo estaba demasiado embobada en mis ideas.
Apresuradamente me levanté del asiento y junto a mi perro me encaminé hacia la salida. Por suerte solo faltaban un par de días para que mis clases en el instituto terminaran. Al fin me graduaría.
Ansiaba tener todas las vacaciones para quedarme encerrada en mi habitación escuchando algo de música, así podía olvidar todos mis problemas. Igual nunca lograba olvidarme de todo.
Abrí la puerta de casa despreocupadamente. Sí, estar ciega no había resultado tan difícil con el tiempo, y se había hecho racionalmente llevadero.
No había nadie. Dejé mis cosas sobre la cama.
Después de quitarme toda la ropa me di una reparadora ducha fría. Me sentía demasiado bien debajo del agua.
Pero no pude permanecer allí mucho tiempo, ya que tenía una cosa muy importante que hacer. Como todos los años, la academia hacía un baile de graduación. Cuando era pequeña solía ayudar a preparar todo, aunque no asistía al instituto, pero consideraba a mucha de la gente de allí mi familia.
Y este año tenía planeado volver a hacerlo. Había elegido ser una de las organizadoras, otra vez, y eso me tenía muy entusiasmada.
Ya quería llegar a aquel hermoso y único lugar. Seguro sería tan perfecto como en el último momento en que lo había visitado.
Me vestí ágilmente y cerré la puerta con llave.
Tomé un taxi, y llegué bastante rápido. Cuando bajé, me encontré con dos fuertes brazos que me envolvieron de forma maternal. Y sí, tenía que ser ella.
Olga había sido como mi abuela desde los tres años; siempre estaba para mi cuando la necesitaba. Me gustaba visitarla y jugar a las muñecas junto a ella. Constantemente me contaba historias y compartí con ella la mayor parte de mi infancia. Olga fue la que me enseñó a cantar, la que me mostró lo mágica que podía llegar a ser la vida.
Y con ella, como en los viejos tiempos, prepararía todo para el baile.
Hablar fue poco, porque se nos fue la tarde y acompañándola, la noche. Le conté todo de lo que se había estado perdiendo. Mientras, a la misma vez en la que hablábamos, ordenábamos y decorábamos aquel precioso y gigantesco salón.
Cuando al fin terminamos –a altas horas de la madrugada– le pedí que me acompañase al jardín de aquel sitio.
Apenas salí, fue como volver a ser niña otra vez. Ese lugar me llenaba de paz y tranquilidad. Lo recordaba a la perfección, y aunque no podía verlo, podía sentirlo.
Yo: Dime que sigue siendo tan magnífico como siempre –le rogué mientras aspiraba el aire puro-
Olga: Claro que sí, pequeña. Está como la última vez que lo viste –me dijo-
Mi memoria nunca fallaba. El extraordinario jardín estaba lleno de flores amarillas, naranjas y blancas, adornado con cintas y lazos de seda, que colgaban sobre los numerosos tipos de arbustos. La extensa fuente se hallaba en el medio del jardín y estaba rodeada de farolas. Resplandecía con las luces sobre las plantas y la parte más hermosa, sin duda, era el preciso lugar en el que estábamos paradas. Era una especie de techo, pintado de amarillo, desde ahí se podía observar todo. Tenía largas barandillas. En las películas era el lugar en donde los enamorados siempre bailaban, así de bonito era.
Lo que no me imaginaba era que en menos de veinticuatro horas, estaría precisamente allí, pero acompañada.
Capítulo 59
Nayi: ¡Por dios! A Harry le pasó lo mismo, Niall me lo contó –gritó emocionada- Esto parece una película, Elisa tu crees que…
Yo: Basta Nayi –le ordené- No quiero enredarme más con este tema, quizás solo fue una coincidencia y ya –me apresuré a decir-
Nayi: Las coincidencias no existen, cariño–aseguró ella-
Medité por unos segundos; en realidad yo nunca había creído en las coincidencias, pero no se me ocurría otra cosa para poder explicarlo.
Yo: Si sigues así me voy a dormir –inquirí entre dientes-
Nayi: Lo siento –respondió tierna- ¿Sabes? A veces me olvido de que estás ciega –suspiró-
Un silencio se apoderó de la conversación. Estaba algo enfadada, molesta. Eso era una locura, una total y completa locura.
El universo no estaba pendiente de lo que hacíamos Harry y yo. Sí, tenía que ser solo casualidad.
Hablamos un rato más de pavadas. Me contó cosas sobre ella y Nayi, que seguían juntos. Al parecer su relación estaba cada vez más fuerte. Aunque no se lo haya dicho, sentí un poco de envidia.
Tuvimos que despedirnos cuando el despertador sonó, anunciándome que debía ir al instituto. ¡Habíamos hablado toda la noche!
Actualmente en Londres;
Niall: Repítelo una vez más -pidió el rubio contemplando la pizarra llena de planes de su amigo.
Harry: Lo primero será convencer a los chicos de que nos ayuden –señaló- Luego le pediremos a Jake que nos de información acerca de ella, cualquier cosa que sirva –concretó- Después…
La charla se prolongó durante horas. No hicieron otra cosa que idear planes toda la semana.
Se mantenían atentos a cada pista, cada señal.
Parecía algo imposible localizar a una persona en todo el planeta, pero no perdían ni la más mínima esperanza.
Hasta habían convencido a su querido manager, Simon, quien tenía muchos contactos. Y a Jake, el ‘ex-novio’ de Elisa; quien de vez en cuando se sentía algo incómodo por las miradas salvajes que le echaba Hazza.
Harry era otro; parecía que había dado un giro de ciento ochenta grados. Estaba más animado y nunca se quedaba solo.
La tarde se aproximaba, ya habían pasado semanas desde que habían comenzado el plan, y no conseguían nada.
Niall: ¡Tengo una idea! -gritó el chico de cabellos dorados escandalizado, corriendo desde la cocina hasta el salón, donde se encontraban los demás chicos.
Louis: Escúpela ahora mismo.
Niall: Esperad que termine de comer mi bollito–dijo mirando el trozo de comida-
Jake: ¡¿Qué bollito ni que bollito?! –pronunció arrebatándoselo y tirándolo por la ventana-
Zayn: Dinos de una vez lo que pensaste –lo cogió por los hombros-
Niall: Tranquilos, tranquilos –los calmó- Se me ocurrió que ya que la madre de ella y yo nos llevamos muy bien, podría llamarla. Quizás así obtengamos alguna pista.
Harry: ¡Eres un pequeño genio Nialler! –lo abrazó- Ojalá funcione, ya la estoy empezando a necesitar demasiado –dijo más para sí mismo que para los demás-
El rubio tomó su teléfono y con las miradas de todos sobre él, marcó el número.
Sonó cuatro veces antes de que Esther atendiera.
Esther: ¿Diga? –preguntó extrañada-
Niall: ¡Señora Esther! –no pudo evitar gritar con entusiasmo y algo de alivio-
Los demás chicos se petrificaron y, a la velocidad de la luz, se acercaron a él; intentando escuchar a través del teléfono.
Esther: Niall, pequeño. ¿Cómo te encuentras? –inquirió-
Niall: Extrañando a su hija –mencionó triste-
Esther: Ella también os extraña, pequeño –le hizo saber-
Niall: Pero no llama ni atiende las llamadas –se quejó-
Esther: Tienes que entender que está enfrascada en olvidar a Harry.
Niall: ¿Y como lleva el tema de la ceguera? –preguntó atropelladamente-
Esther: Todavía se está adaptando, aunque ya lo tiene casi superado pero obviamente odia no poder ver –aseguró lo mujer- Está en su dormitorio, la puedo oír cantando…Dudo que quiera hablar contigo, lo siento hijo.
Niall: Entiendo –musitó, sin embargo fue duro para él escuchar eso- ¿Y qué hay de su vida? –cambió de tema-
Esther: Uf… me siento fatal. Estoy con un resfriado, lo tengo desde que volví –se frenó bruscamente al darse cuenta de lo que había dicho-
Niall: ¿Desde que volvió? –enarcó una ceja- ¡Eso podía significar una sola cosa!- Señora, ¿
¿está en Madrid?
Al ingerir esas últimas palabras el corazón de Harry empezó a latir de forma atropellada.
Esther: Niall, me tengo que ir –dijo aún nerviosa- Luego hablamos.
Niall: ¡Espere señora!
Pero ella colgó.
Harry: ¡¿Qué dijo?! –indagó y por poco se le tiró encima-
Niall: ¡Lo tengo! –gritó al fin- ¡Está en Madrid!
Liam: ¿Cómo lo sabes? –pegó un grito exasperado-
Niall: Su madre dijo que estaba resfriada desde que habían vuelto. Es obvio que se refiere a cuando regresaron a su país.
Harry: ¡Mi Niall, te amo! –dijo besando su frente- Recoged vuestras cosas, nos vamos de viaje.
Yo: Basta Nayi –le ordené- No quiero enredarme más con este tema, quizás solo fue una coincidencia y ya –me apresuré a decir-
Nayi: Las coincidencias no existen, cariño–aseguró ella-
Medité por unos segundos; en realidad yo nunca había creído en las coincidencias, pero no se me ocurría otra cosa para poder explicarlo.
Yo: Si sigues así me voy a dormir –inquirí entre dientes-
Nayi: Lo siento –respondió tierna- ¿Sabes? A veces me olvido de que estás ciega –suspiró-
Un silencio se apoderó de la conversación. Estaba algo enfadada, molesta. Eso era una locura, una total y completa locura.
El universo no estaba pendiente de lo que hacíamos Harry y yo. Sí, tenía que ser solo casualidad.
Hablamos un rato más de pavadas. Me contó cosas sobre ella y Nayi, que seguían juntos. Al parecer su relación estaba cada vez más fuerte. Aunque no se lo haya dicho, sentí un poco de envidia.
Tuvimos que despedirnos cuando el despertador sonó, anunciándome que debía ir al instituto. ¡Habíamos hablado toda la noche!
Actualmente en Londres;
Niall: Repítelo una vez más -pidió el rubio contemplando la pizarra llena de planes de su amigo.
Harry: Lo primero será convencer a los chicos de que nos ayuden –señaló- Luego le pediremos a Jake que nos de información acerca de ella, cualquier cosa que sirva –concretó- Después…
La charla se prolongó durante horas. No hicieron otra cosa que idear planes toda la semana.
Se mantenían atentos a cada pista, cada señal.
Parecía algo imposible localizar a una persona en todo el planeta, pero no perdían ni la más mínima esperanza.
Hasta habían convencido a su querido manager, Simon, quien tenía muchos contactos. Y a Jake, el ‘ex-novio’ de Elisa; quien de vez en cuando se sentía algo incómodo por las miradas salvajes que le echaba Hazza.
Harry era otro; parecía que había dado un giro de ciento ochenta grados. Estaba más animado y nunca se quedaba solo.
La tarde se aproximaba, ya habían pasado semanas desde que habían comenzado el plan, y no conseguían nada.
Niall: ¡Tengo una idea! -gritó el chico de cabellos dorados escandalizado, corriendo desde la cocina hasta el salón, donde se encontraban los demás chicos.
Louis: Escúpela ahora mismo.
Niall: Esperad que termine de comer mi bollito–dijo mirando el trozo de comida-
Jake: ¡¿Qué bollito ni que bollito?! –pronunció arrebatándoselo y tirándolo por la ventana-
Zayn: Dinos de una vez lo que pensaste –lo cogió por los hombros-
Niall: Tranquilos, tranquilos –los calmó- Se me ocurrió que ya que la madre de ella y yo nos llevamos muy bien, podría llamarla. Quizás así obtengamos alguna pista.
Harry: ¡Eres un pequeño genio Nialler! –lo abrazó- Ojalá funcione, ya la estoy empezando a necesitar demasiado –dijo más para sí mismo que para los demás-
El rubio tomó su teléfono y con las miradas de todos sobre él, marcó el número.
Sonó cuatro veces antes de que Esther atendiera.
Esther: ¿Diga? –preguntó extrañada-
Niall: ¡Señora Esther! –no pudo evitar gritar con entusiasmo y algo de alivio-
Los demás chicos se petrificaron y, a la velocidad de la luz, se acercaron a él; intentando escuchar a través del teléfono.
Esther: Niall, pequeño. ¿Cómo te encuentras? –inquirió-
Niall: Extrañando a su hija –mencionó triste-
Esther: Ella también os extraña, pequeño –le hizo saber-
Niall: Pero no llama ni atiende las llamadas –se quejó-
Esther: Tienes que entender que está enfrascada en olvidar a Harry.
Niall: ¿Y como lleva el tema de la ceguera? –preguntó atropelladamente-
Esther: Todavía se está adaptando, aunque ya lo tiene casi superado pero obviamente odia no poder ver –aseguró lo mujer- Está en su dormitorio, la puedo oír cantando…Dudo que quiera hablar contigo, lo siento hijo.
Niall: Entiendo –musitó, sin embargo fue duro para él escuchar eso- ¿Y qué hay de su vida? –cambió de tema-
Esther: Uf… me siento fatal. Estoy con un resfriado, lo tengo desde que volví –se frenó bruscamente al darse cuenta de lo que había dicho-
Niall: ¿Desde que volvió? –enarcó una ceja- ¡Eso podía significar una sola cosa!- Señora, ¿
¿está en Madrid?
Al ingerir esas últimas palabras el corazón de Harry empezó a latir de forma atropellada.
Esther: Niall, me tengo que ir –dijo aún nerviosa- Luego hablamos.
Niall: ¡Espere señora!
Pero ella colgó.
Harry: ¡¿Qué dijo?! –indagó y por poco se le tiró encima-
Niall: ¡Lo tengo! –gritó al fin- ¡Está en Madrid!
Liam: ¿Cómo lo sabes? –pegó un grito exasperado-
Niall: Su madre dijo que estaba resfriada desde que habían vuelto. Es obvio que se refiere a cuando regresaron a su país.
Harry: ¡Mi Niall, te amo! –dijo besando su frente- Recoged vuestras cosas, nos vamos de viaje.
lunes, 8 de abril de 2013
Capítulo 58
Niall: ¿Por qué lo preguntas?
Harry: Es que estaba a punto de besarme con Vanessa y…
Niall: ¿Quién es Vanessa? –lo interrumpió-
Harry: Una chica con la que Zayn me hizo una cita –dijo rápidamente- Estábamos a punto de besarnos y de repente me vino terrible dolor en el pecho, como que algo me estaba diciendo que no lo hiciera.
Al escucharse se dio cuenta de que lo que estaba diciendo no sonaba normal.
Niall: ¿Tu crees que la fuerza de amor que existe entre Elisa y tú, quiso que no la besaras?–trató de comprender mejor-
Harry: Exactamente…Puede que no suene muy razonable pero…
Niall: Las cosas que pasaban entre tú y ella nunca eran razonables –le recordó sin dejarlo terminar la frase-
Harry: Tienes razón –señaló algo pensativo- Eso quiere decir que tengo posibilidades; que ella aún no me ha olvidado por completo.
Niall: Puede ser –sonrió por la reacción de su amigo- En mi opinión debes seguirla buscando.
Harry: Y eso es lo que haré, con tu ayuda claro –puso los ojos en blanco-
Niall: ¿Eh? –transformó su cara semejándose a la de un pato- No Harry, en esto no me metas –cruzó los brazos-
Harry: Te lo ruego, no será muy complicado. Haré la mayor parte del trabajo, es solo porque necesito ayuda, por favor Nialler –dijo con cara tierna-
Niall: Tú ganas. Ahora vamos a dormir, mañana planearemos todo para que el sapo encuentre a su princesa –indicó tomándolo por el hombro y subiendo las escaleras-
Narra Elisa:
Esa noche no logré vencer a mi instinto que insistía en estudiar detenidamente lo que había sucedido en la cita.
Había sido posiblemente la cosa más extraña que me haya pasado.
Primero Edward se había puesto como loco cuando Dylan me propuso ir al cine, luego cuando estaba a punto de besarlo sentí un pinchazo en el pecho, y por último, mi perro apareció de manera inexplicable en la sala de la película.
No lo entendía, y no logré hacerlo en toda la noche. Me preguntaba que tonta explicación le inventaría a mi amigo por dejarlo plantado.
Aturdida a causa de la inevitable molestia, opté por inclinarme sobre el respaldo de la cama y coger el ordenador.
Lo primero que hice fue entrar a mi cuenta de Skype. En menos de un soplo ya tenía una solicitud de conversación.
La acepté percatándome de que corría el riesgo de que fuera cualquier persona. Pero mi miedo se desvaneció cuando escuché la familiar voz de mi mejor amiga, Nayi.
Debía estar conectada porque la hora de Londres y la de aquí eran muy distintas. Mientras allí sería el medio día, aquí eran altas horas de la madrugada.
Nayi: ¡Elisa! ¿Cómo te encuentras?, ¿Dónde estás?, ¿Vas a volver?, ¿Me extrañas? –la oí decir rápidamente-
Yo: Nayi…son muchas preguntas –contesté risueña-
Nayi: Necesito que las respondas –pidió riendo-
Yo: Bueno; estoy bien, de verdad. No puedo decirte donde estoy porque es un secreto y no quiero correr ningún riesgo de que Harry se entere –suspiré- Sinceramente no creo que vuelva. Y por supuesto que te extraño, eres una de las personas a las que más echo de menos.
Sin darme cuenta una lágrima brotó de lo más profundo de mi pupila.
Nayi: ¿Olvidaste a Harry? –se precipitó a preguntar-
Su pregunta me pilló por sorpresa.
Yo: Prefiero no hablar de ese tema ahora…
Nayi: ¿Entonces te enteraste? –sonó incrédula-
Yo: ¿Enterarme de qué? –fruncí el ceño-
Nayi: Nada, nada –dijo después de maldecir por lo bajo- Son cosas mías.
Yo: Te conozco amiga, cuéntame, por favor.
Nayi: Pero dijiste que preferías no hablar de él… –reclamó dulce-
Yo: Ignora lo que dije. La mayoría del tiempo hablo sin pensar y lo sabes –le recordé-
Nayi: De acuerdo… Ayer él –se detuvo en seco-
Yo: ¡Habla Nayara! –exclamé expectante-
Nayi: Salió con una chica –frenó para observar mi reacción, pero yo ni pestañee- Y por cierto era muy linda.
Me mantuve muda por varios segundos. Respiré hondo y pregunté:
Yo: ¿Es la primera vez que sale con ella?
Nayi: Sí, fue una cita a ciegas; Zayn la planeó, dice que si Harry no sale con nadie terminará por hacerse homosexual –rió al recordarlo-
Pero yo la ignoré. Esto no podía estar pasando.
Yo: No puede ser… –murmuré sorprendida-
Nayi: Claro que puede ser. Tú te fuste, él es un muchacho soltero y muy guapo. Puede salir con las chicas que quiera.
Yo: No es eso Ema…
Nayi: ¿Qué ocurre entonces?
Yo: ¿Me creerías si te digo que yo también salí anoche por primera vez desde que estamos lejos? –pregunté algo confusa-
Nayi: Debe ser broma –alargó entre emocionada y asombrada- ¡Esto es increíble! –elevó la voz- Es como si a pesar de la distancia aún estuvieran conectados.
Yo: ¿Increíble? ¡Es espantoso! Y no sabes lo que pasó después.
Ema: ¿No me digas que sentiste algo en tu pecho? –preguntó inescrutable-
Yo: Nayi, ¡¿cómo demonios lo sabes?! –dije en un hilo de voz-
Harry: Es que estaba a punto de besarme con Vanessa y…
Niall: ¿Quién es Vanessa? –lo interrumpió-
Harry: Una chica con la que Zayn me hizo una cita –dijo rápidamente- Estábamos a punto de besarnos y de repente me vino terrible dolor en el pecho, como que algo me estaba diciendo que no lo hiciera.
Al escucharse se dio cuenta de que lo que estaba diciendo no sonaba normal.
Niall: ¿Tu crees que la fuerza de amor que existe entre Elisa y tú, quiso que no la besaras?–trató de comprender mejor-
Harry: Exactamente…Puede que no suene muy razonable pero…
Niall: Las cosas que pasaban entre tú y ella nunca eran razonables –le recordó sin dejarlo terminar la frase-
Harry: Tienes razón –señaló algo pensativo- Eso quiere decir que tengo posibilidades; que ella aún no me ha olvidado por completo.
Niall: Puede ser –sonrió por la reacción de su amigo- En mi opinión debes seguirla buscando.
Harry: Y eso es lo que haré, con tu ayuda claro –puso los ojos en blanco-
Niall: ¿Eh? –transformó su cara semejándose a la de un pato- No Harry, en esto no me metas –cruzó los brazos-
Harry: Te lo ruego, no será muy complicado. Haré la mayor parte del trabajo, es solo porque necesito ayuda, por favor Nialler –dijo con cara tierna-
Niall: Tú ganas. Ahora vamos a dormir, mañana planearemos todo para que el sapo encuentre a su princesa –indicó tomándolo por el hombro y subiendo las escaleras-
Narra Elisa:
Esa noche no logré vencer a mi instinto que insistía en estudiar detenidamente lo que había sucedido en la cita.
Había sido posiblemente la cosa más extraña que me haya pasado.
Primero Edward se había puesto como loco cuando Dylan me propuso ir al cine, luego cuando estaba a punto de besarlo sentí un pinchazo en el pecho, y por último, mi perro apareció de manera inexplicable en la sala de la película.
No lo entendía, y no logré hacerlo en toda la noche. Me preguntaba que tonta explicación le inventaría a mi amigo por dejarlo plantado.
Aturdida a causa de la inevitable molestia, opté por inclinarme sobre el respaldo de la cama y coger el ordenador.
Lo primero que hice fue entrar a mi cuenta de Skype. En menos de un soplo ya tenía una solicitud de conversación.
La acepté percatándome de que corría el riesgo de que fuera cualquier persona. Pero mi miedo se desvaneció cuando escuché la familiar voz de mi mejor amiga, Nayi.
Debía estar conectada porque la hora de Londres y la de aquí eran muy distintas. Mientras allí sería el medio día, aquí eran altas horas de la madrugada.
Nayi: ¡Elisa! ¿Cómo te encuentras?, ¿Dónde estás?, ¿Vas a volver?, ¿Me extrañas? –la oí decir rápidamente-
Yo: Nayi…son muchas preguntas –contesté risueña-
Nayi: Necesito que las respondas –pidió riendo-
Yo: Bueno; estoy bien, de verdad. No puedo decirte donde estoy porque es un secreto y no quiero correr ningún riesgo de que Harry se entere –suspiré- Sinceramente no creo que vuelva. Y por supuesto que te extraño, eres una de las personas a las que más echo de menos.
Sin darme cuenta una lágrima brotó de lo más profundo de mi pupila.
Nayi: ¿Olvidaste a Harry? –se precipitó a preguntar-
Su pregunta me pilló por sorpresa.
Yo: Prefiero no hablar de ese tema ahora…
Nayi: ¿Entonces te enteraste? –sonó incrédula-
Yo: ¿Enterarme de qué? –fruncí el ceño-
Nayi: Nada, nada –dijo después de maldecir por lo bajo- Son cosas mías.
Yo: Te conozco amiga, cuéntame, por favor.
Nayi: Pero dijiste que preferías no hablar de él… –reclamó dulce-
Yo: Ignora lo que dije. La mayoría del tiempo hablo sin pensar y lo sabes –le recordé-
Nayi: De acuerdo… Ayer él –se detuvo en seco-
Yo: ¡Habla Nayara! –exclamé expectante-
Nayi: Salió con una chica –frenó para observar mi reacción, pero yo ni pestañee- Y por cierto era muy linda.
Me mantuve muda por varios segundos. Respiré hondo y pregunté:
Yo: ¿Es la primera vez que sale con ella?
Nayi: Sí, fue una cita a ciegas; Zayn la planeó, dice que si Harry no sale con nadie terminará por hacerse homosexual –rió al recordarlo-
Pero yo la ignoré. Esto no podía estar pasando.
Yo: No puede ser… –murmuré sorprendida-
Nayi: Claro que puede ser. Tú te fuste, él es un muchacho soltero y muy guapo. Puede salir con las chicas que quiera.
Yo: No es eso Ema…
Nayi: ¿Qué ocurre entonces?
Yo: ¿Me creerías si te digo que yo también salí anoche por primera vez desde que estamos lejos? –pregunté algo confusa-
Nayi: Debe ser broma –alargó entre emocionada y asombrada- ¡Esto es increíble! –elevó la voz- Es como si a pesar de la distancia aún estuvieran conectados.
Yo: ¿Increíble? ¡Es espantoso! Y no sabes lo que pasó después.
Ema: ¿No me digas que sentiste algo en tu pecho? –preguntó inescrutable-
Yo: Nayi, ¡¿cómo demonios lo sabes?! –dije en un hilo de voz-
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