De un momento a otro su mirada se inundó en lágrimas, pero aún ni siquiera se movía. Le echó otro vistazo a la carta; la tiró a la basura, tal vez pensando que así todo volvería a ser como antes, y ella regresaría a el. Pero nada de eso iba a ocurrir, y el lo sabía.
Resignado, la tomó de nuevo y pegó un grito ahogado. Fue tan fuerte que pareció que el techo de la casa se desmoronaría. Las ventanas temblaron, pero dejaron de hacerlo cuando el detuvo su alarido.
Harry se encaminó bruscamente hacia la sala. No dudo ni un segundo y rompió todos los cuadros que yacían sobre las paredes, también se deshizo del televisor y de algunos libros; mientras lloriqueaba violentamente. Sintió el crujir de su corazón partiéndose. Su universo se acababa justo en ese segundo, su todo.
Pero sobre todas las cosas sintió dolor y odio, odio contra si mismo. Jamás se había arrepentido así por algo.
¿Por qué se había ido de esa manera? Ni siquiera le había dado la oportunidad de explicarle las cosas. Bueno, sí lo había hecho; pero él necesitaba más tiempo para darse cuenta de su error.
Luego de un largo momento colmado de preguntas y ni una respuesta; Harry se hallaba sollozando más relajadamente, sentado sobre el piso, tomándose las rodillas con los brazos y reclinándose una y otra vez; parecía un enfermo –se sentía peor que un enfermo -
Entonces descolgó el teléfono de línea y marcó impacientemente el número de Elisa. Pero de nuevo nada.
Llamo a todos más de diez veces; y cuando ya casi estaba rendido, Louis atendió.
–¿Harry?
Preguntó y el notó que estaba llorando, automáticamente el mundo se le vino abajo, y se dio cuenta de que el sabía algo más de Elisa.–¡Dime donde está! –le exigió y su voz sonó débil.
–Hermano tranquilízate… –trato de calmarlo.
–Solo dime que está bien –sollozó.
Louis se limitó a quedarse en silencio desde el otro lado del teléfono.
–¿Justo ahora te tienes que callar? Has hablado sin parar desde que te conozco y ¿ahora te callas? –exclamó sobresaltado.
–Estamos en el hospital Harry.
Cerró los ojos e intentó controlarse.
–¿Cuál de todos? –musitó con hilo de voz.
–London Brigde Hospital, a dos kilómetros de casa.
–Muchas gracias –susurró– De verdad.
Al finalizar la dura llamada, cogió las llaves y salió desesperado para allá.
El viaje se hacia pesado, y ya se estaba convirtiendo en una eternidad para el chico, que se repetía una y otra vez cosas positivas. [Ella está bien, esta bien, por el amor de dios, tiene que estar bien].
Cuando por fin localizó el gran edificio del hospital, estaba a distancia media de él, y la cola de coches era demasiado larga, no estaba dispuesto a esperar. Entonces decidió bajar y dejar el coche allí, en medio de la calle. Cuando salió comenzó a correr y los demás vehículos le tocaron la bocina y gritaban barbaridades. Pero al muchacho poco le importó. Atravesó bruscamente las puertas de la clínica.
–¿Perdone, en qué piso está Elisa Hernando–le preguntó a una muchacha que se hallaba detrás de un escritorio-
Ella se quedó firme, sin mover un pelo.
–Señorita, ¿señorita se encuentra bien? –dijo algo frustrado y apresurado-
–¿Usted es el mismísimo Harry Styles? –tartamudeó-
Harry la miró sofocado y fue claro con ella.
–Discúlpeme señorita; pero para serle sincero estoy aquí porque hace diez minutos pensé que había perdido al amor de mi vida y por esas cosas de la vida resulta que se encuentra justo en este hospital; no se si me quiera ver, o si me vaya a perdonar por haberme equivocado tan enormemente como lo hice. Pero necesito saber si está bien. No podría vivir si ella precisara mi ayuda y no se la pudiera dar. Seguramente usted no haya amado a nadie como yo la amo a ella, pero trate de entender. Por favor, olvide el hecho de que soy Harry Styles y dígame ya en que piso está.
–Piso seis, pasillo cuatro, habitación ochocientos tres –al fin mostró señales de vida-
–Gracias –dijo estampándole un fuerte beso en la mejilla-
Al subir las escaleras y rebuscar bien por todo el piso, encontró el pasillo cuatro.
Se llevó una fuerte punzada al corazón cuando se dio cuenta de que él y los chicos no eran los únicos en el hospital.
Liam, Niall Zayn permanecían recostados sobre la pared, llorando. Mientras, en frente de ellos, sentados sobre unos asientos, radicaban la madre de Elisa –a la cual había visto por fotos– y Nayi abrazándose; junto a otra señora mayor a la cual reconoció como la abuela de ella. También estaban Rebeca, Lucía y Sarah.
Rápidamente creo un lago bajo sus pies, literalmente. No pudo emitir ni un sonido, no le salían las palabras. Simplemente no podría escuchar que ella estaba mal, y al parecer, muy mal.
Louis: ¡Harry!
Apenas lo vio, su mejor amigo se abalanzó sobre el, dándole un abrazo desesperado, y no paraba de llorar.
Louis: Harry…no tienes idea, Elisa está muy grave. Ambos sollozos se escuchaban hasta en el otro lado del hospital. Pero aún Harry no caía, no comprendía que demonios había pasado, ni cuando. Todo aparentaba haber ocurrido demasiado rápido.
Louis: ¡Harry di algo por favor! ¿Estás respirando? –preguntó golpeándole suavemente la cara, pero este ni siquiera le devolvió el golpe-
Harry: ¿C…cómo? –tartamudeó-
Louis: Cuando nos levantamos nos dimos cuenta de que se había ido, por eso rompimos algunas cosas a causa de la rabia. Hubo una tragedia en el avión, no se que fue exactamente lo que pasó, nadie lo sabe. Muchas personas murieron y ella no ha abierto los ojos. No queríamos decirtelo a ti porque sabríamos como te pondrías. Está en una sala, con el doctor –le explico-
Ahora todo coincidía, la carta que ella había dejado antes de irse, el avión, las cosas rotas por los chicos, todo encajaba.
Harry: ¿Puedo ir a…? -no pudo terminar al ver el rostro perplejo del médico que se aproximaba-
Este se detuvo a escasos metros de donde se encontraban.
Nayi: ¿Cómo esta? Doctor dígame que mi niña se encuentra bien –lo tomó por los hombros
Este frunció los labios y lentamente bajo la mirada en dirección al suelo.
Doctor: Temo que la señorita Elisa –se paró-
Harry: ¡¿La señorita Elisa qué?! –exclamó destruido-
Doctor: Está ciega.
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