Instantáneamente mi expresión se transformó y me incliné sobre la camilla aún tomando su mano.
Harry: La verdad es más importante que los hechos –pronunció justo antes de besarme como nunca lo había hecho-
Él tenía razón; sabía que lo amaba y que jamás dejaría de hacerlo, y eso era lo único que en verdad importaba. Nos mantuvimos abrazandonos unos minutos pero entonces el doctor anunció que la operación debía comenzar. No había tiempo para dar más vueltas.
Mi prometido se acercó hacia mí y susurró:
–Elisa, quiero que sepas que nuestro amor es más grande que esto. No me interesa lo que pase hoy, porque a pesar de cualquier resultado nada cambiará; me seguirás volviendo loco de la misma manera en que lo haces cada vez que respiras. Seguiré siendo eternamente tuyo.
Yo: Te amo –curve mi labio formando una leve sonrisa-
Harry: Y yo a ti, bonita.
Todos abandonaron la habitación con excepción de Hyllard y sus enfermeras, quienes ya estaban preparados para empezar.
Mi corazón se echó a latir tan rápido que no lograba escuchar nada a mí alrededor. Entonces sentí dos fríos dedos sobre mi brazo y luego un doloroso pinchazo. Era la anestesia. De a poquito mis ojos comenzaron a cerrarse. Desde ese momento fue como si haya dejado de existir. No oía nada.
Luego por fin “desperté”. Tenía un impresionante ardor en las mejillas y un espeso dolor bajo los ojos. Intenté abrirlos para ver si había funcionado pero no lo pude lograr, mi rostro estaba completamente vendado.
Hyllard: Hola dormilona –dijo amablemente, parecía nervioso- ¿Cómo te sientes?
Yo: Me duele la cabeza –contesté sosteniéndola entre las manos-
Hyllard: Eso significa que todavía tienes que descansar.
Yo: ¡Pero no tengo sueño! –protesté haciendo un puchero-
Hyllard: Por favor _______(tn), necesito que sigas al pie de la letra mis indicaciones. Es imprescindible –insistió-
Asentí sin reclamar nada más, no tenía ganas de discutir. Regresé a la posición anterior y en menos de lo que imaginaba, me dormí. Tuve una horrible pesadilla. Estaba en un lugar completamente blanco donde me encontraba sobre aquella misma camilla, y cuando abría los ojos seguía ciega. Harry se iba para siempre. Desperté con la respiración agitada.
Harry: ¿Estás bien, amor? –se preocupó-
Yo: Sí…, solo fue una pesadilla –respondí tranquilizándome-
Hyllard: Luego se la cuentas –interrumpió impaciente- Ahora es el momento.
Yo: ¿Me quitaré estas vendas? –tragué saliva-
Hyllard: Así es. Tú solo tienes que decirnos si puedes ver –trató de animarme, pero a él también se lo notaba intranquilo-
Yo: ¿Y si sigo ciega? –inquirí nuevamente-
Hyllard: Es una de las posibilidades, pero pensemos en positivo.
(TM): ¿Estás lista, hija?
Yo: Sí, eso creo…
Hyllard: Muy bien –suspiró- Entonces hagámoslo. Tres…, dos…, uno y medio…, uno…, cero…
Paulatinamente fui desenvolviendo aquel vendaje que envolvía mi rostro, y cuando al fin lo obtuve comencé a abrir mis ojos detenidamente. ¿Volvería a ver? ¿Podría contemplar de nuevo a las personas que tanto amaba?
Hubiese sido perfecto poder decir que ya no estaba ciega, que después de largos años estaba viendo esa única y especial hermosura de Harry, sus rulos, sus ojos, su sonrisa…pero no. Distinguía exactamente lo mismo que siempre: oscuridad.
Mis ojos se llenaron de lágrimas y pegué un gritito de impotencia. Rápidamente me abrazaron. Y allí, durante todo el tiempo que duró el abrazo pude darme cuenta de algo: cuando lo único que queda es el amor, te darás cuenta por primera vez de que el amor es suficiente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario