viernes, 12 de abril de 2013

Capítulo 67

Esther: Bien, ¿y a ti? Me encanta que me llames suegrita –le guiñó un ojo-
Harry amaba tanto llevarse bien con la familia de Elisa, porque sabía, bien en lo más profundo de su ser, que esa sería su futura familia.
Harry: Me voy a tener que acostumbrar…
Esther: ¿Lo dices por algo en especial? –entrecerró uno de sus ojos-
Harry: No, por nada –mintió- ¿Está su hija?
Elisa: Sí, estamos cenando con nuestros familiares, ¿quieres pasar?
Harry: La verdad me fascinaría; ¿pero antes puede llamar a Eli, por favor?
Esther: Claro, ya la llamo –giró sobre sus pies y se dirigió hacia los adentros de la casa-

Me encaminé hacia la entrada, ¿quién sería a esta hora? Al llegar las dudas se desvanecieron; pude sentirlo cerca, su aroma siempre me avisaba si estaba a mi alrededor.
Yo: Que sorpresa Styles, entrando por la puerta y no por la terraza –bromeé-
Harry: No será la última vez. Vine a traerle unas flores a la flor más linda y unos bombones al bombón más rico –dijo con un tono de voz extremadamente sensual-
Yo: Harry… –me sonrojé al rojo vivo-
Harry: ¿Qué? Sabes que eres deliciosa –me besó tiernamente-
Yo: Muchas gracias, hermoso.
Harry: De nada, mi amor –susurró mientras me besaba muchas veces en los labios- Tu madre me invitó a pasar a cenar con vosotros, por mi no hay problema, a ti… ¿Qué te parece?
No era por ser mala, pero la idea no era mi favorita. Sabía como eran mis parientes, sabía que mi hermana se pondría loca si Harry Styles compartía una mesa con ella, que mi primo diría algo vergonzoso y muchas cosas más que preferí dejar de imaginar.
Yo: Eh… –contesté nerviosa-
Harry: ¿No quieres? –su voz sonó algo desilusionada-
Yo: No es que no quiera… –traté de arreglarlo-
Harry: ¿Entonces?
Me la estaba haciendo difícil.
Yo: No se…
Harry: No entiendo, ¿te doy vergüenza? –preguntó un poquito más exasperado-
No quería comenzar a discutir con el.
Yo: No digas cosas sin sentido, ¿cómo me vas a dar vergüenza?
Harry: ¿Eso es un sí? No seas mala, quiero conocer a tu familia –hizo un puchero-
Yo: De acuerdo, está bien –resoplé ya rendida- Sígueme.
Cerré la puerta atrás de mí y fuimos agarrados de las manos mientras le enseñaba la casa.
Yo: Os presento a Harry, mi novio –musité mirándolos uno por uno para observar sus reacciones-
Harry: Hola, buenas noches, perdón por interrumpir, pero si no les molesta mucho la verdad es que me encantaría cenar con ustedes –él estaba ejecutando el intento de hablar. Mi hermana se levantó corriendo y abrazó a Harry desde sus piernas, al tiempo en el que gritaba como una histérica. A veces se comportaba tan extrañamente. Parecía de siete años, y ya tenía unos quince.
Unos instantes más tarde todos comenzaron a reír mientras ella al fin lo soltó. Papá le arrimó una silla a Harry y mi madre le sirvió una porción de comida.
Ya estaba cenando con nosotros hacía más de dos horas; e inesperadamente, se llevaba a la perfección con todos –sobre todo con mi abuelo–. Parecía raro que nadie haya siquiera mencionado algo de nuestro noviazgo o del beso que él me había dado cuando estábamos en la puerta.
Entonces, en el preciso momento en el que me encontraba pensando eso; mi primo le dijo a Harry:
–Che, Hazza, que “chuponazo” que le diste a mi primita, parecía que te la ibas a comer viva y todo.
Yo estaba que hervía, nerviosa hasta el último pelo de la cabeza. Me costaba tanto hablar de mi vida amorosa delante de mi familia. Sentí la mirada de Harry sobre mí y luego, por suerte un montón de risas. Se estaban riendo seguramente de que estaba fuertemente ruborizada. Mi tía, algo agobiada por el comentario de su hijo, lo retó.
–¿Cómo has dicho? –preguntó avergonzada-
Harry: No se preocupe, no me molesta… si lo sabe todo el mundo, y además… no me arrepiento de ningún beso que le doy a ella, es más, me muero por volver a hacerlo –ahora sí que estaba por explotar, ¿desde cuando Harry no solo me coqueteaba, sino que lo hacía frente a mi familia? ¿Estaban todos contra mí o qué?
Yo: ¿Qué opinais del día? –dije lo primero que se me ocurrió para cambiar de tema mientras le ponía un pedazo enorme de pan a Harry en la boca para que no hablara más-
Todos reímos de la situación. Luego de un largo rato Styles y yo fuimos al jardín a conversar a solas, teníamos que hacerlo. Nos debíamos una charla.
Caminamos en círculos sin decir absolutamente nada durante un rato, pensativos.
Yo: ¿Qué haremos ahora, Harry? –pregunté finalmente-
Él sabía bien a lo que me refería. Los chicos tenían trabajo que hacer en Londres y debían volver, simplemente no quería separarme de él otra vez.
Harry: ¡Tengo la mejor idea que haya tenido en mi vida! –saltó de alegría-
Yo: ¿Cuál?
Harry: ¡Te vienes con toda tu familia a Inglaterra! Tus seres queridos están junto a ti, y lo mejor, estamos juntos… juntos para siempre –como él dijo, esa había sido la mejor idea que pudiese haber pensado-
Yo: Sería tan perfecto. Pero mi amor… mis parientes tienen trabajo aquí, no voy a obligarlos a que dejen de trabajar por mi culpa –objeté-
Harry: Hay muchos trabajos disponibles en Londres, por favor Elisa sé que podremos convencerlos –insistió-
No pude evitarlo, al menos lo intentaría. Aquella era una idea sumamente tentadora.
Yo: ¿Te he dicho que eres más de lo que siempre soñé? –le sonreí-
Harry: ¿Eso es un sí?
Yo: Es un “obviamente que sí” –lo abracé-
Estábamos totalmente seguros. Entramos a la casa tomados de las manos.
Harry: Tenemos que hablar con ustedes –pronunció. Todos pusieron su atención en nosotros-
Yo: Queremos deciros algo muy importante, es una decisión tomada y solamente necesitamos saber si nos apoyais o no –dije, a mi parecer soné demasiado dura-
Harry: Planeamos volver a Inglaterra; quizá parezca una locura, pero es lo que he deseado en mi vida –musitó- En verdad quisiéramos que se vengan con nosotros. Oigan… sé que ninguno de ustedes me conoce lo suficientemente bien, pero en verdad amo a Elisa, amo cada cosa en ella y no quiero perderla de nuevo –lloriqueó un poco-
Esther: Aceptó –pronunció, y las bocas de todos los que estaban allí por poco tocan el suelo-
Yo: ¡Sííí! –grité y corrí a su alcance- Eres la mejor madre del mundo. ¿Qué hay de vosotros? –me dirigí a los demás que aún no decían nada-
Abuelo: Estoy jubilado… así que creo que diré que sí por mi nieta –si las cosas seguían así todo iba a salir increíble-
–Acepto también –dijo mi tía-
Y al cabo de cinco minutos, todos habían aprobado la idea. ¡Por dios! Iba ser tan mágico. Sentía como me esperaban los mejores días de mi vida. Sentía como tenía el mundo en frente a mis ojos, listo para hacerlo mío.

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