Ya había amanecido hacía un buen rato; giré sobre mi cama una vez más. Alguien golpeó la puerta.
Escuché como esta se abría lentamente.
Harry: Mi amor, ¿puedo pasar? –inquirió algo dudoso-
Yo: Claro –sonreí y me senté en la cama-
Harry: Que manera de provocarme –susurró-
Yo: ¿Provocarte? ¿De qué estás hablando? –pregunté sin entender-
En eso sentí sus cálidos dedos recorrer mi pecho. Estaba en ropa interior.
Yo: Oh, lo siento –dije tapándome con la sabana-No fue mi intención tentarte –hice la mejor voz seductora que me salió-
Harry: Eres mala, muy mala –rió-
Me tomó por detrás de la nuca y comenzó a besarme. Nuestros cuerpos cayeron bruscamente sobre el colchón. Amaba besarlo así. Sus labios me transportaban a otro planeta. Y ni hablar de sus caricias. Él me conocía, lo hacía tan bien que supo que si en ese momento me quería a sus pies, debía decirme algunas de sus palabras. Y lo hizo.
Harry: Sabía que te amaba antes de besar tus labios, pero no sabía cuan grande son tus besos –se alejó de mi piel para mirarme a los ojos- Sabía que te amaba al ver tus ojos, pero no sabía cuanto me quemaba tu mirada –sonreí- Sabía que te amaba en mis pensamientos, pero no sabía que de tu amor estaba preso –ese chico siempre lograba hechizarme- Sabía que te amaba al sentir tus manos, pero no sabía que me estremecen tus caricias –junto la palma de su mano con la mía, sin dejar de mirarme fijamente- Sabía que te amaba al verte hermosa, pero no sabía que...
Yo: Te amo –dije interrumpiendo sus preciosas palabras. Me fue imposible no decírselo-
Harry: Sabía que te amaba al escuchar un “te amo”, pero no sabía que era tan dulce al escucharte. Ahora que sé cuanto te amo, no pienso dejarte ir –unió sus labios con los míos para darme un tierno beso-
Yo: ¡No es justo! –me quejé rompiendo el momento-
Harry: ¿El qué? –entrecerró los ojos algo preocupado-
Yo: No es justo que sepas que me puedes, lo sabes, y abusas –crucé los brazos haciendo un puchero-
Harry se hecho a reír.
Harry: No es que abuse; me sale naturalmente.
Yo: Deberías ser poeta –lo miré con suplicacia-
Harry: No, prefiero guardarme esa parte de mi solo para ti.
Nos quedamos hablando por unos instantes más, y cuando el clima romántico ya había cambiado un poco, la charla se transformó en otra.
Harry: Necesito preguntarte algo –musitó-
Yo: Te escucho.
Harry: Quiero que consideres y deduzcas bien cada palabra que va a salir de mi boca, Elisa, quiero que lo hagas por mi –solicitó-
Asentí silenciosamente con la cabeza.
Harry: ¿Recuerdas al doctor Hyllard?
De nuevo asentí con la cabeza.
Harry: Él está enterado de que estás ciega; hablamos un largo rato acerca de eso. Dijo que creía que sería complicado, pero hay una posible operación que puede lograr que recuperes la vista –remató-
Yo: ¿Y si sale mal? –exclamé nerviosa-
Harry: No hay que especular en negativo, todo va a ir bien. Sabes que yo estaré más allá de cualquier resultado. ¿Qué dices? –inquirió entre duda y expectativa-
Me tomé mi tiempo, como él había dicho, para meditarlo.
Yo: De acuerdo. ¿Cuándo podemos ir a verlo?
Harry: Si quieres podemos hacerlo ahora mismo.
Yo: Vamos; de todas maneras no tengo nada que hacer –me levanté de la cama-
Salimos entrelazando nuestras manos y caminamos hasta la camioneta que estaba en frente de la gran mansión.
Como debí suponer, mi familia y los chicos no nos dejarían solos en una situación como aquella. Por nada en el mundo se perderían un posible milagro. No quería ilusionarme, pero ¿por qué no pensar en positivo? El doctor había dicho que tenía posibilidades de volver a ver, y eso simplemente me hacia feliz. Moría por volver a ver la luz de la mañana, el cielo azul, el atardecer, el rostro de las personas que amaba, volver a ver a Harry…
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