Aquella fría y oscura noche, bajo las luces de un elegante restaurante en Londres, los chicos invitaron a tres amigos a cenar con nosotros.
Edwin, Frederick y Peter eran sus respectivos nombres. Por el rato que llevábamos juntos, pude darme cuenta de que eran personas encantadoras.
En un momento pensé que no quería seguir siendo eternamente la única chica entre varios hombres, debía buscarme alguna amiga. Aunque a decir verdad, sí tenía una amiga, Sarah.
Hacía un par de días que no la veía, pero pronto lo haría, porque Zayn y ella seguían en pareja. Al parecer la cosa iba muy enserio.
Volviendo a donde estábamos; apenas llegamos la camarera se acercó a nuestra mesa. Después de varias discusiones, todos terminamos pidiendo lo mismo: pizza.
Según Harry, aquel era el mejor sitio para deleitarse con una gran cena, y estaba en lo cierto. En mi vida había comido unas pizzas tan ricas como esas.
No tenían muchos condimentos ni pocos, simplemente eran perfectas.
Después de acabar con la comida, Niall nos invitó al casino.
Acepté su oferta sin decir nada, porque, acababa de cumplir dieciocho, por lo tanto era mayor de edad y moría por conocer uno de esos lugares; aunque sabía que como no podía ver, no jugaría.
De todos modos me divertí mucho escuchándolos quejarse y alegrarse cuando ganaban.
Louis ya estaba borracho, al igual que Zayn y Edwin; por lo que preferimos regresar a la mansión antes de que comenzaran a cometer cualquier locura.
Liam encendió las luces del salón y nos sentamos a hablar un largo rato.
Me era sumamente cómodo pasar tiempo con ellos, me hacían reír y hasta llorar con las ridiculeces que decían y la manera en que lo hacían.
Harry ya no tomaba alcohol. Lo había decidido cuando me pidió matrimonio a causa de que no quería embriagarse y hacer algo que pudiera arruinar nuestra relación. Confiaba infinitamente en él, siempre cumplía con sus promesas.
La lluvia se adueñó de la ciudad. Y cada vez era más fuerte. Por lo que Frederick, Peter y Edwin accedieron a quedarse la noche allí.
A altas horas de la madrugada nos fuimos a preparar para dormir. Ellos se quedarían en la habitación de huéspedes.
Luego de salir del baño, entré a la habitación de Harry y la mía. Lo escuché moverse sobre el colchón, ya se había acostado. Me acomodé a su lado y lo comencé a besar.
¡Maldición! Aquellos no eran los labios de mi prometido…, y debí haberlo sabido antes, porque cuando lo hice ya fue demasiado tarde. Harry abrió la puerta del cuarto y nos vio besándonos. ¡¿En qué lío me acababa de meter?!
Harry: ¡Elisa, Frederick! ¿Qué es esto? –exclamó exasperado, al borde de un ataque de ira-
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