Harry se vistió casual para su cita con la chica desconocida. Zayn le había dado a entender que ella era muy linda, pero tenía sus dudas de si ir sería lo correcto.
Condujo lentamente hacia la casa de la chica. Mierda, había olvidado preguntarle a su amigo cuál era su nombre. ¿Ahora que le diría? Esos pensamientos se evaporaron cuando la vio salir de la casa, era realmente guapa. Sus ojos eran celestes acaramelados, su cabellera larga y dorada, su boca fina y rosada; y ni hablar de su cuerpo, lleno de curvas. El sueño de cualquier chico, menos el de él.
Se bajó del lujoso vehículo y le abrió la puerta del acompañante.
Ella: Te veo bien –le dijo pícara-
Harry: Gracias, tu igual. Eres…
Ella: Vanessa –sonrió sin sacarle la vista a Harry que estaba entrando por la puerta del conductor-
Harry: Bueno Vanessa, ¿te parece ir a cenar a un restaurante? –preguntó de manera sexy-
El no lo hacía con intención; siempre era así, extremadamente sensual por naturaleza.
No le paró de hablar durante todo el trayecto, para decir verdad, el chico no le prestó demasiada atención a lo que ella decía.
Vanessa: ¿Me estás escuchando? –inquirió enfadada-
Harry: Perdón… ¿Qué dijiste? –sacudió la cabeza y apartó la vista de la carretera para mirarla-
Vanessa: Te pregunté si me estabas escuchando… pero veo que no.
Harry: Lo siento, es que hace poco tengo mi licencia y aún no le cojo del todo el truco –mintió-
Vanessa: No te preocupes, entiendo –musitó con un repentino cambio de humor-
Harry: Gracias –sonrió avergonzado-
La rubia hizo un movimiento inteligente y le colocó la mano sobre la rodilla. La miró y creyó volverse loco cuando en vez de ver su rostro, vio a Elisa. Se frotó los ojos y volvió a mirarla. Esta vez el espejismo o lo que sea que eso haya sido, había desaparecido.
Harry: ¿Qué quieres pedir? –tenía la mirada dentro del menú-
Vanessa: Algo bajo en calorías –dijo como si fuera lo más normal-
El la miró con algo de asco, sin poder evitarlo.
Vanessa: ¿Qué tengo que me miras así? –susurró-
Harry: No es nada –volvió a mentir-
Camarero: Hola bienvenidos –pronunció amablemente- ¿Qué se les ofrece?
Harry: Yo quiero pasta –optó indeciso- En cuanto a ella…tráigale ‘lo más bajo en calorías’ –contuvo la risa y le dedicó una mirada cómplice al camarero-
Camarero: Veré con que la puedo sorprender –dejó ver una blanca sonrisa-
De nuevo a ;
Dylan: ¿Qué te parece ‘Hombres de negro’?–preguntó travieso-
Yo: Buena elección. Dicen que es muy graciosa –dije- Perfecta para nosotros dos –reímos-
Compramos las entradas, la película era en 3D, pero no cambiaba nada porque de todas maneras no la podíamos ver.
Dylan no se equivovó en la elección, porque era de verdad muy cómica. Cada cinco o diez minutos me dedicaba una caricia, el estaba logrando que después de mucho tiempo me volviera a divertir.
Pero de pronto todo cambio cuando estiró su brazo y me rodeó por detrás –la típica–. ¡El quería besarme!
Se inclinó hacia mí, yo hice lo mismo instintivamente. Detenidamente nos fuimos acercando.
Al mismo tiempo en Londres;
Ella lo había tratado de atrapar con sus ojos durante toda la noche, pero a el no lograban enredarlo tanto como los de Elisa. Aunque no iba a negar que la chica era un caramelo.
Entonces mientras comían el postre la muchacha se acercó por arriba de la mesa, proponiéndole un beso. El se limitó a aproximarse a ella, la tenía a escasos centímetros.
Esa joven no le causaba ni una décima parte de lo que le causaba Elisa; pero era un hombre y hacía un mes que no besaba ni se acercaba a una mujer. La distancia se hacia cada vez menor…
Pero algo muy extraño pasó. Probablemente algo sobrenatural; algo que solo el amor puede explicar.
En el segundo en que se iban a besar, a Elisa y a Harry les vino terrible dolor en el medio del corazón, como si les clavaran un cuchillo.
Los dos se sobresaltaron. De verdad nadie lo entendería, ni ellos mismos; porque estaban del otro lado del mundo.
Edward, entró ladrando desesperadamente por el pasillo del cine, hasta llegar a ella, como si le estuviera tratando de decir algo.
Entonces recordó ‘Es para que cuando no esté te acuerdes de mi’ eso le había dicho Harry. Sonrió sin saber porqué y se despidió de Dylan, que quedó sentado sin entender. Cogió un taxi y volvió a su casa junto a su perro.
Mientras tanto, Harry quedó paralizado unos segundos, entonces improvisó.
Harry: Vanessa…tienes algo en los dientes –inquirió-
Vanessa: ¡Por dios! –dijo avergonzada-
Regresó a su asiento sin decir nada más.
De pronto el muchacho salió corriendo del restaurante y ella observó como se alejaba.
Harry: Niall ¿crees en el amor a distancia? –le preguntó ilusionado apenas llegó-
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