Inmediatamente salté del colchón, me acerqué a donde Harry se hallaba pero este se apartó.
Yo: Mi amor, escucha…, puedo explicarlo –intenté que se tranquilizara-
Harry: ¿Explicar qué? ¿Qué estabas a punto de tener sexo con mi amigo? –gritó alterado-
Yo: ¡Eso no es cierto! –reclamé-
Harry: No, claro que no –movió sus brazos irónicamente- ¡No soy idiota Elisa!
Yo: ¿Por qué no me escuchas? –inquirí-
Harry: Creí que eras diferente, al parecer todo este tiempo estuve equivocado.
Yo: ¡No lo hice a propósito! Pensé que tú eras él y solamente lo besé. Harry comprende que no puedo ver, simplemente fue una confusión –objeté-
Harry: ¿Te confundiste? –rió con sarcasmo-
Mientras discutíamos nos habíamos ido hasta el comedor. Era difícil, o mejor dicho, imposible que pudiéramos dejar de pelear. Es que la verdad era que así funcionábamos. Si uno de nosotros, cualquiera, estaba en desacuerdo con algo, lo decía sin pelos en la lengua.
Yo: Sí, me confundí. No entiendo por qué no me crees.
Harry: Vamos Elisa, los dos sabemos muy bien que siempre me reconoces aunque no tengas vista –continuó- No me digas que miento, ya que en tu baile de graduación solo fue necesario que mi mano tocara tu piel para que me reconocieras.
Yo: Lo sé; sí, me di cuenta de que él no eras tú, pero lo hice en el momento en que lo besaba –le expliqué-
Harry: ¡No puede ser que aún mantengas esa estúpida escusa! Madura de una vez –levantó el tono de su voz-
Yo: ¿Madurar? ¿Yo? –reí- Tienes razón, ¡quizás nunca debí haber regresado ! –esas palabras salieron de mi boca sin permiso; debí haber pensado antes de soltarlo-
Harry: Si eso es lo que quieres… ¡pues vete! –dijo en un sollozo, y su voz se quebró-
Yo: ¿Por qué no te vas tú?
No había manera. Esto acabaría mal. Y los dos sabíamos que nos arrepentiríamos. Eso era lo malo de formar parte de una relación donde las dos personas eran insoportablemente orgullosas.
Harry: Lo haré, me largo de aquí.
El muchacho tomó su chaqueta y desapareció acompañado de un fuerte portazo. Caí rendida al suelo y comencé a llorar. Enseguida sentí una mano sobre mi hombro.
–Descuida, ya se le pasará –musitó la voz consoladora de Niall.
No pude decir nada. Lo abracé y permanecí llorando sobre su pecho. ¿Qué acababa de hacer? Lo había arruinado; justo ahora que tenía la operación adelante.
Quería dejar todo, encerrarme en un oscuro lugar y si era necesario terminar con mi triste vida. ¿Pero qué lograría con eso? Absolutamente nada.
Pero luego recordé lo que alguna vez mi madre había dicho: Todo estará bien al final. Si no está bien, entonces no es el final.
Y aquel, definitivamente no era el final. Elisa Hernando nunca se rendía sin antes pelear.
No hay comentarios:
Publicar un comentario